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La campaña de Navidad

Un año más la Campaña de Navidad ha sido un éxito. Este curso se cumplen 30 años desde que comenzó esta iniciativa en Retamar. Hay que remontarse al año 1975.

Carmen de Echánove empezó a dar catequesis en los barrios marginales de Pitis, próximos a la naciente urbanización Mirasierra. Ya entonces vio la necesidad de ayudarles no sólo en lo espiritual sino también en lo material. Por ello empezó a conseguir alimentos, mantas y dinero para ayudar a muchas familias a través de la parroquia de san Víctor. Solicitó ayuda a más colegios y en 1985 contactó con Retamar, que contribuyó generosamente. Viendo que la colaboración fue tan eficaz, Retamar se convirtió a partir de entonces en un maravilloso benefactor para esas familias desfavorecidas.

Empezamos con el maletero de un coche lleno de alimentos; luego una furgoneta… y actualmente llevamos 7 furgonetas cargadas de alimentos. Los destinos son diversos: la parroquia Santa Edith Stein, la Asociación Valdeperales, las Hermanitas de los pobres de Los Molinos y la parroquia del beato Manuel González de San Sebastián de los Reyes.

En 1990 empecé a encargarme del reparto de los alimentos de la campaña y he contemplado un crecimiento constante en la generosidad de las familias de Retamar.

Hacemos competiciones en los diferentes cursos para estimular que los alumnos traigan muchas cosas y son días de gran movimiento e ilusión. El día de la campaña un grupo de unos 20 alumnos se encargan de recoger los alimentos en todas las secciones del colegio. Después del reparto en los diferentes lugares disfrutamos de una estupenda comida en la casa de Dña. Carmen. Cantamos villancicos, con castañuelas incluidas, tocamos el piano, jugamos al fútbol… y vivimos un día fantástico que nos ayuda a prepararnos para la Navidad ayudando a gente necesitada. Una gozada que se repite año tras año.

Gabriel Echánove

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La gran recogida del Banco de Alimentos

De piedra. Boquiabierto. Así me he quedado esta semana al ser testigo de un pequeño milagro: adolescentes comportándose con una madurez que raya la heroicidad.

Soy profesor de Bachillerato y estos días los estudiantes de mi centro tenían los exámenes trimestrales. Durante estos mismos días los alumnos también han estado organizándose para cubrir 500 turnos de voluntariado para la recogida de productos no perecederos, organizada por el Banco de Alimentos este pasado fin de semana. Cada turno duraba 6 horas de media. Y casi 100 estudiantes tuvieron que hacer turno doble. Más de 120 toneladas recogidas el viernes y sábado en una docena de centros comerciales. Cuatro alumnos de 2° de Bachillerato organizando los turnos desde el miércoles y quedándose hasta altas horas de la noche trabajando, coordinando toda la operación para que no falte gente en ningún sitio a lo largo del fin de semana.

Uno se siente orgulloso al pensar que es posible que el horizonte de unos jóvenes, de 16 y 17 años, al acabar su semana de exámenes, haya sido conseguir comida para 8.000 personas durante un año. Para que luego los adultos y educadores pensemos que a esta edad no se pueden asumir compromisos y responsabilidades de gran calado.

Javier García Herrería

 

Lo que pudo ser un fin de semana normal y corriente para unos, fue un fin de semana diferente para los voluntarios que estuvimos ayudando en la recogida de comida del Banco de Alimentos. Pasar una tarde en un supermercado para unos , o incluso el fin de semana entero para otros, puede parecer aburrido. Esto cobra sentido cuando lo miras desde dentro y ves que eres una pequeña, pero importante, parte del conjunto que ha superado el objetivo de recaudar los 18 millones de kilos previstos.

La generosidad de la gente del supermercado en el que estuve y la amabilidad con que cada uno de ellos nos trataba nos hicieron ayudar con más alegría y entusiasmo. Las bolsas con alimentos no paraban de llegar y hubo algún que otro despistado que confundió la bolsa de su compra (con maquinillas de afeitar, desodorante, jabones y cepillos de dientes) con la bolsa de comida para el Banco de Alimentos. La señora a la que le ocurrió esto volvió airosa y preocupada a recuperar su bolsa y vio que habíamos distribuido el material en varios carritos para ser devueltos. Entre todos conseguimos reunir toda su compra y de-
volvérsela sin problemas. Más nos sorprendió la llegada de varias personas con carros enteros solo con alimentos no perecederos para ayudar a las personas a las que va destinada esta comida.

Estuve ayudando la tarde del sábado y cuando me fui por la noche ya llevábamos recogidas 6 toneladas a lo largo del día. Esa tarde me di cuenta de que gracias a pequeñas aportaciones, mucha gente podrá pasar un momento agradable y tendrá algo más que llevarse a la boca estas Navidades. Gracias a esos “anónimos”, que generosamente rascaron sus bolsillos, se hace feliz a miles de personas.

Jaime Ortega

 

Sinceramente, cuando me dijeron que me podía apuntar como voluntario para la operación kilo, tan solo pensé que si me apuntase no tendría que estar en mí casa estudiando y además pasaría un buen rato con mis amigos. Es cierto, lo he de reconocer, pensé antes en mí mismo que en que ese fin de semana el Banco de alimentos recaudaría la mayor parte de alimentos que luego se distribuirían entre 1,5 millones de personas durante todo el año.

En fin, que me apunté como voluntario para estar en un centro comercial de Pozuelo, imaginándome que me encargaría del Hipercor de Pozuelo. Me equivocaba, fui asignado el Supercor de avenida de Europa. Qué mala suerte fue mi primer pensamiento, porque el Supercor es un centro muy pequeño en el que entraría poca gente, y encima tendría que estar ahí 8 horas seguidas…

Llegué a las dos en punto, y en vez de ponerme el peto y empezar a trabajar, me cogí una silla, me senté, y me quedé mirando a lo que supongo que sería el infinito. Después de una hora llegó un amigo mío y me dijo: “Mira, tienes todo el año para sentarte, así que levántate y ayuda, que te viene bien”. Así de claro me lo dijo. Así que me levanté, me puse el peto, y me situé en la entrada recitando la misma frase siempre que venia una persona: “Buenos días, somos voluntarios del Banco de alimentos, organización que da de comer a 1,5 millones de personas todos los días, ¿querría participar y darnos algún alimento no perecedero?”.

Bueno, durante este día me ocurrió un suceso de esos que uno se queda flipando sin poder decir nada: En la entrada de este centro estaba sentada una señora de unos 40 años que era de Nigeria. Esta señora vino a las cuatro de la tarde, y desde entonces, para atraer a la gente, no paraba de llamarle ̈guapo ̈a todo el mundo. Y una cosa que nos sorprendió a todos los voluntarios que estábamos ahí es que siempre que la mirábamos, tenía una sonrisa en su cara.

Algunas de las personas que entraban en este centro, aparte de darnos alimentos a nosotros, le daban a esta señora o algunas monedas o algún alimento, como caldos, arroz… Como es de suponer, esta señora estaba encantada.

Ya eran las 9 de la noche, y me dice esta señora: “Bueno guapo, me voy a mi casa, pero antes de irme querría darte esto, es lo poco que he podido reunir hoy”. Me dio una bolsa entera de alimentos. Yo la dije que se la quedase, que esos alimentos le vendrían muybien, pero se me quedó mirando y me respondió muy seriamente diciendo que había personas que lo estaban pasando peor que ella, que ella ya se las arreglaría. Claro, cuando una persona que es pobre va y te dice esto, lo primero que piensas es que qué esta pasando aquí, que el que tiene que ser generoso soy yo y no la señora.

En fin, que este suceso, nos marcó a los voluntarios, puesto que aprendimos una lección muy importante, que es la generosidad. Independientemente de la cantidad, esa señora dio casi todo lo que tenía. Medido en dinero no fue la mayor cantidad, pero sí desde el punto de vista solidario.

Ignacio Chiva

 

Cuando nos dijeron a mis amigos y mí que si queríamos ir a colaborar con el banco de alimentos rápidamente respondimos que sí, pero no por el hecho de ayudar a la gente que está pasando por serios apuros hoy el día, sino porque queríamos hacer algo distinto y pasar un buen rato.

Tras pasar por varias horas en el Hipercor, nos dimos cuenta de que nos lo pasábamos bien, no por estar entre amigos, sino porque nos sentíamos orgullosos de estar recolectando comida para aquellos que lo necesitan. Nos quedábamos maravillados de la generosidad de la gente al traernos la comida, familias numerosas entregándonos carros a rebosar, niños pequeños que nos ofrecían sus chuches…

En esto consiste la felicidad: pensar en los demás antes que en ti

Javier Fragua

 

Este año, al igual que el anterior he participado junto con más alumnos de Bachillerato del Colegio en la recogida de comida para el Banco de alimentos de Madrid, en muchos supermercados de la ciudad y sus afueras.

Los alimentos que recogimos son legumbres, conservas, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar y otros como dulces navideños o galletas para el desayuno. Estos servirán para dar de comer a cientos de familias necesitadas durante estas Navidades.

Sorprende ver a gente muy entregada dando grandes cantidades y a otra gente más entregada aún que no puede dar mucho pero aporta su granito de arena con una sonrisa que nos motivaba y nos animaba a seguir nosotros con la misma alegría.

Unos donan alimentos, otros donan su tiempo y otros donamos ambas cosas, pero lo importante es que todos hemos dado una parte de lo nuestro para alegrar las fiestas a muchas personas; y como siempre en estas cosas, los que hemos sentido salido ganando somos nosotros. La alegría y satisfacción con la que sales del Banco de Alimentos es enorme , y os aconsejo ayudar el año que viene.

Pablo Sastre Ortega

Campaña de Navidad

El jueves 18 de diciembre, algunos alumnos de 1º de ESO recogimos de las cuatro secciones que forman el Colegio, todo lo que se había conseguido para la campaña de Navidad: comida no perecedera, mantas, papel higiénico,…artículos que han ido trayendo los alumnos, regalados por la generosidad de sus familias. Parece fácil, pero era mucho trabajo, pues tuvimos que llenar cinco furgonetas completas.

Una vez cargado todo, las cinco furgonetas se dirigieron a sus destinos: Parroquia Sta. Edith Stein, Asociación Valdeperales, Redmadre y Residencia de las hermanitas de los pobres de Los Molinos. Al terminar nuestro trabajo fuimos, como ya es tradicional, a comer y cantar villancicos hasta las tres de la tarde, hora en la que nos incorporamos al Colegio.

Por Rodrigo Villalón (1ºESO)

Gracias, familias, porque con vuestra ayuda y colaboración hemos conseguido compartir nuestros alimentos con un gran número de familias, haciendo posible que todos celebremos una felices y santas Navidades.

Personalmente me ha ayudado mucho ver la generosidad de las familias de Retamar y cómo han acudido a ayudar a personas necesitadas. Tuve la suerte de colaborar muy de cerca en el transporte y fue emocionante llenar cinco furgonetas completas de alimentos no perecederos y otros productos necesarios para la higiene. Luego distribuimos por diversas instituciones todo lo recogido.

Me siento afortunado por haber podido colaborar con el Colegio en este importante proyecto y haber contribuido de alguna manera a la felicidad de muchas personas.

Por Javier P. (1ºESO)