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El poder de los ancianos

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Laguna es un centro de día pa­ra personas mayores. Es un sitio muy impactante donde aprendes muchas cosas sobre la vida. Una de las cosas que tuve la oportuni­dad de sacar fue esta idea: “el po­der de los ancianos es muy fuerte”. Explicaré por qué esta frase es completamente cierta.

Lo primero que te ense­ñan los ancianos es a tener paciencia, porque algunos ya están mal de la cabeza y ha­cen y dicen lo que quieren. Un ejemplo de esto que ob­servé en mi estancia allí fue que estaba hablando un an­ciano sobre seguros y sobre la bolsa (sus únicos temas de conversación) y otro se po­nía a cantar, y solo se callaba cuando el primero lo hacía.

Otra virtud que te ayudan a fomentar es la de saber es­cuchar. Esta virtud se puede fomentar sin irse tan lejos, con algún familiar: dile que te cuente y tú solo escucha. Es algo muy gratificante. Lo expe­rimenté con el mismo anciano de la bolsa y los seguros, y sin comer­lo de ni beberlo aprendí algo so­bre cómo estar al frente de una empresa.

Por último, fomenta la pérdida de la vergüenza. Cuando vas ahí tienes que cruzar una puerta cerra­da con código pues algunos ancia­nos se pueden escapar. Entras en una habitación donde hay perso­nas esperándote y se podría decir que “te sueltan a los leones”. Uno tiene que ser capaz de perder su vergüenza y ponerte a darles con­versación e incluso cantar, como yo tuve que hacer.

En conclusión, recomiendo fer­vientemente ir a esta actividad so­lidaria porque no solo ayudas a los demás sino a ti mismo. Da igual que seas alto, bajo, feo, guapo… Puede ir todo el que quiera ayudar y ayudarse, porque el poder de los ancianos es muy fuerte, no lo sub­estimes.

Luis Maldonado, 2º Bachillerato E

Cuando decidí ir a Laguna, gra­cias a la insistencia de un amigo, me propuse transmitir la mayor feli­cidad a las personas que me encon­trara en esa clínica. Pero al entrar, me quedé bastante asombrado por la expresión de felicidad que ha­bía en los ojos cristalinos de aque­llas personas. Parecía que era el día más feliz de sus vidas. A medida que avanzaba el día y me senta­ba con cada uno de ellos para que me contaran sus vidas, me daba cuenta de lo felices que se encon­traban con lo poco que les queda­ba. Al despedirnos me abrazaban y me decían adiós, y yo contesta­ba “¡Os veo el viernes que viene!”, aun sabiendo que lo más probable es que la próxima vez que fuera no me encontrara a los mismos.

Esta experiencia me ha ense­ñado cómo las personas valoran el cariño que vas a ofrecerles, y sobre todo que una pequeñísima parte de mi tiempo puede significar mu­chísimo para gente que sabe valo­rarlo. Por esto os animo a ir a esta actividad, no ya por todo lo que podéis aportar, sino por lo que os va a aportar a todos vosotros y por todo el bien que puedes llegar a hacer.

Borja Ocejo, 2º Bachillerato E

Cuando el PEC nos propuso ir a Laguna los viernes de 3 a 5, no du­dé en apuntarme. Pero, a medida que iba explicando qué es lo que haríamos allí, pensaba en qué po­día servirle yo de ayuda a un ancia­no en un centro de día.

Llegamos a Laguna, y nos di­vidieron en dos grupos a los siete alumnos y dos profesores que íba­mos. A cada grupo le correspon­dían unos 7 ancianos, a los que tenía que intentar hacer pasar un rato agradable. Tras presentarnos todos y hablar sobre temas diver­sos, uno de ellos nos dijo que can­taba muy bien y que nos quería cantar. Como es normal, le dijimos que queríamos oírle. Pero lejos de quedarnos a escuchar, decidimos unirnos y acabamos todos cantan­do míticas canciones como «Mi ca­rro me lo robaron» o «Que viva, España».Aunque esto fuese solo una anécdota, refleja perfectamen­te cómo, además de hacer pasar un rato agradable a estos ancianos, también disfrutamos nosotros.

La sensación al salir de la acti­vidad era de gran satisfacción. Re­comiendo vivamente a todos los alumnos de 2º de Bachillerato que se animen a ir.

Pablo Tavira, 2º Bachillerato A

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Visita al Hospital de cuidados paliativos Laguna

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El pasado viernes 4 de octubre fuimos cinco compañeros a ayu­dar a las enfermeras y, sobre todo, a que los enfermos ingresados en este hospital pasasen un rato agra­dable. Como fue nuestra primera vez, estuvimos con los que estaban en mejor estado.

Me acuerdo de estar hablan­do con una señora que padecía la “enfermedad de los huesos de cris­tal”. Era el cumpleaños de su sobri­no ese día al cual iba a asistir. Sin embargo, como temía caerse al suelo mientras bailaba, me contó que se iba a quedar toda la fiesta sentada. Esto a ella no le importa­ba, se aferraba al buen momento que iba a pasar y la alegría que le producía el poder ver cómo su so­brino cumplía años.

Esta señora me enseñó que hay que olvidarse de uno mismo, pase lo que te pase, y disfrutar de cada momento.

Gonzalo Maortua,  2º Bachillerato A

 El otro día tuvimos la maravi­llosa oportunidad de visitar a unos ancianos que son tratados en el centro Laguna. Este breve texto quiero que sea un testimonio de lo que vivimos aquella tarde un gru­po de amigos que nos apuntamos a la actividad solidaria.

A nuestra llegada don Luis Fra­gío y don Pedro Marcos nos avisa­ron: ‘No dejéis las puertas abiertas, se intentarán escapar’’. Nosotros nos lo tomamos a broma sin saber lo que nos esperaba. Más allá de la difícil situación que viven nues­tros queridos ancianos, optamos por sacar la parte más cómica de nosotros mismos.

Al principio, lo típico, cómo está usted, tiene usted hijos, etc. A par­tir de ese momento creímos conve­niente mostrar nuestras cualidades musicales tan poco apreciadas por el coro de Retamar. Para remontar­nos al estilo de música de su época, comenzamos a cantar canciones del difunto Manolo Escobar segui­do de canciones típicas de ciertas regiones españolas. Los hubo que llegaron a unirse a nuestros “celes­tiales” cantos. Y no hubo ninguno al que no sacáramos una sonrisa.

Todo ello hizo para nosotros una muy divertida tarde en la que pudimos compartir el tiempo con ancianos que lo único que necesi­tan es una sonrisa para hacer su vi­da más amena y llevadera.

Javier López Garayalde, 2º Bachillerato A

 Había sido una semana dura de trabajo; era viernes a las 15 h. Ca­si todos mis compañeros se iban a casa a comer y a dormir la siesta para estar “al máximo” esa noche, en la que seguramente todos sal­dríamos.

Sin embargo tomé la decisión de disfrutar la comida escolar de los viernes, y después, junto a unos pocos amigos, pasar la tarde con unos ancianos en la Residencia La­guna.

“Vaya, mientras yo hago com­pañía a unos viejos aburridos, ellos están descansando. Debería ha­berme ido”, pensé.

Al llegar a casa, después de haber estado con aquellas perso­nas, me di cuenta de lo equivoca­do que estaba. Recordé la alegría de las enfermeras y la de aquellos ancianos y sentí lástima por aque­llos amigos que no pudieron ex­perimentar la sensación de haber hecho felices a personas ajenas a nuestra vida cotidiana con tan so­lo una visita.

Jacobo Jiménez-Poyato, 2º Bachillerato D

 Me han pedido que escriba unas líneas sobre mi experiencia en el centro Laguna, una actividad de solidaridad organizada por el Colegio. La verdad es que me han puesto en un aprieto, pues no se me da muy bien escribir. Así que contaré mi propia experiencia.

Fui a Laguna por un impulso que tuve cuando lo propusieron. Dije que iba, así, de repente, y claro, cuando me di cuenta al día siguiente, ya tenía que ir sí o sí. Total, lle­gué al centro y fui recibido co­mo un héroe más que como un alumno. Pu­de ver la ale­gría de aquellas personas al ver­nos. Bueno, en aquel momento no me di cuen­ta, yo iba a lo que iba, dar conversación a alguna persona de por allí.

Me tocó ha­blar con Anto­nio, un jubilado que había traba­jado en “General Electric” toda su vida. Me estuvo contando anécdo­tas de aquella época, y estuvimos comparando la vida del siglo pasa­do con la de hoy en día, lo cual fue muy constructivo. Cuando se tuvo que ir, nos despedimos y me dio las gracias. Yo no le di mucha importancia a eso, y cuando fui a hablar con el siguiente, me dijeron que ya era la hora y que nos íba­mos. Se me hizo raro pensar que había estado hablando más de una hora y media con una perso­na desconocida que me cuadrupli­caba la edad.

Ahora me doy cuenta del va­lor de esas “gracias” que me dio Antonio, o de ese recibimiento in­merecido que nos dieron cuando llegamos. Aquello, que para mí era una cosa simple, para ellos era un mundo.

Un pequeño cambio que hagas en tu rutina tendrá un gran signi­ficado para otros. Por eso os ani­mo a aprovechar esta oportunidad pues no se le alegra el día a al­guien tan fácilmente como a estas personas.

Jaime Machado, 2º Bachillerato D

Voluntariado Social en los Ciclos de Grado Medio

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VOLUNTARIADO EN LAGUNA y D. ORIONE

Desde el inicio de curso se planteó a los alumnos de Grado Medio de Gestión Em­presarial la realización de volun­tariado social en dos Instituciones muy importantes en su área de actuación. Se trata del Hogar don Orione, dedicado al cuidado de discapacitados psíquicos en grado muy severo y el Hospital Centro de Cuidados Laguna.

La tarea en don Orione consis­tía en sacar a pasear a los pacien­tes del Hogar que podían hacerlo por los alrededores o por la Casa de Campo. También había alum­nos que colaboraban en la Equi­noterapia, una actividad en la cual se trataba de acompañar a varios pacientes para controlar la interacción entre los animales y los usuarios.

Los residentes esperaban con ilusión a que llegara el jueves, pues era el día en el que los alum­nos del Colegio acudían a visitarles al hogar.

En el hospital Centro de Cuida­dos Laguna, se han realizado diver­sas actividades. Hemos puesto en marcha un taller de cine con pe­lículas españolas clásicas. Se han realizado actividades de acompa­ñamiento para enfermos que así lo necesitaran, o sa­lían a la terraza dónde se organizaban tertulias de ca­rácter informal. Por supues­to, la labor con los enfermos no suponía una sustitución del trabajo de los profesio­nales, que son los que nos indicaban las tareas a reali­zar. También hemos orga­nizado una biblioteca para pacientes y familiares que ya cuenta con 800 volúmenes. En Navidad se organizó un rastrillo be­néfico para recaudar fondos para el mantenimiento y bienestar de los pacientes. Es un trabajo duro, dado que te plantea el tema de la muer­te y la posibilidad del otro lado.