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Aprovisionamiento de agua en Roc (Costa de Marfil)

El poblado de Roc tiene 2 000  habitantes y tres pozos de agua  potable en los que se ha instalado  hace muchos años unas bombas para sacar el agua. Son bombas muy precarias que funcionan con el pie porque en estos poblados no hay electricidad.

Desgraciadamente, estas bombas están estropeadas desde hace mucho tiempo y los habitantes de Roc deben obtener agua de pozos artesanales, muy superficiales, en los que el agua no es potable y es incluso fuente de enfermedades.

Además, durante la estación seca en la que no llueve casi, estos pozos artesanales poco profundos se agotan enseguida. Cada día, las  mujeres y las niñas de Roc pierden  mucho tiempo y muchas energías para ir a buscar agua para beber, bañarse, limpiar, cocinar, etc. Esto tiene como consecuencia que muchas niñas no tienen tiempo para ir a clase o para hacer los deberes y abandonan los colegios muy jóvenes, con 8 o 9 años. Esto hace que nunca podrán aprender  lo que se necesita para trabajar en sitios importantes y ganarse bien  la vida, con lo que salir de la situación de pobreza es muy difícil.

Sus mamás también tienen que ir a buscar agua y eso les impide  hacer bien el trabajo de la casa, o tener un pequeño comercio para obtener un poquito más de dinero para la familia. El hecho de que el agua no sea potable y esté contaminada con larvas de parásitos hace que los habitantes de Roc estén enfermos a menudo. Está claro que la falta de agua y la mala calidad  de la que usan dificulta que los habitantes de Roc puedan salir de la situación de pobreza en la que se  encuentran. Nos gustaría solucionar esta situación; a largo plazo no parece fácil que podamos obtener el dinero suficiente para instalar un sistema de agua potable conveniente,  así que lo que proponemos por ahora es arreglar las tres bombas  que están estropeadas y así mejorar mucho la situación de los habitantes de Roc.

Lo que nos hace falta para esta  operación es:  • Piezas de recambio para las 3  bombas: 1.300 € x 3 = 3.900 €  • Mano de obra, Transporte y manutención del técnico encargado de la obra: 1.500 €  • TOTAL: 5 400 €

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Peregrinación al santuario de Lourdes

Por Patricio (Paddy) Satrústegui y Jacobo De la Calle  (2º ESO F)

 

El pasado jueves 17 de octubre, al finalizar las clases, mi padre y el padre de mi amigo Paddy, pasaron a recogernos para iniciar la  peregrinación al santuario de Lourdes —donde se dice que la Virgen  de Lourdes sana a los enfermos—,  acompañando a los enfermos de la Hospitalidad Vizcaina.

Nuestra primera parada fue en un pequeño pueblo a las afueras de Bilbao, donde cenamos, para dirigirnos rápida mente a la casa de Paddy a dormir, porque el día siguiente iba a ser  muy largo y tendríamos que levantarnos muy temprano.  A las cuatro y media de la mañana nos levantamos y después de  desayunar, nos dirigimos a casa de uno de los enfermos a los que íbamos a acompañar. Tras recoger a Kepa, un amigo de Paddy y su familia, que sufre parálisis cerebral,  pusimos rumbo a un colegio donde habíamos quedado con el resto  de camilleros y peregrinos. Cuando ya todos estaban en el punto de  encuentro, nos subimos a los autobuses e iniciamos nuestro viaje. Estábamos un poco nerviosos,  porque no sabíamos realmente lo que nos íbamos a encontrar.

Cuando llegamos al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, fuimos directos al hospital donde íbamos a alojar a los enfermos durante los siguientes días. Inmediatamente fuimos asignados a la  zona de niños y jóvenes. Paddy y yo, éramos los camilleros más jóvenes de la peregrinación, pero teníamos muchas ganas de ayudar.

Los hospitalarios más veteranos se  portaron muy bien con nosotros, y  continuamente nos enseñaban lo que teníamos que hacer y cómo podíamos ayudar a los enfermos. Es cierto que nosotros hacíamos tareas menores con respecto a las  que hacían nuestros padres, pero aun así trabajábamos mucho y muy duro. Y ver la sonrisa de to dos aquellos discapacitados y enfermos era más que emotivo. A la vez podía resultar un poco triste ya  que muchos de ellos eran pobres y también las enfermedades que padecían les impedían realizar actividades que nosotros hacemos a diario.

Durante tres días, ayudamos a chicos con parálisis cerebral, síndrome de Down y otras enfermedades; les hemos llevado a las celebraciones de la Misa y a las procesiones que se organizan durante la peregrinación. También hemos salido con ellos al pueblo,  y hemos colaborado en las Misas con los sacerdotes, poniéndonos a disposición de la organización del Santuario.

Cada día nos solíamos  levantar muy pronto. De vez en cuando teníamos que llevar a los  enfermos de un lugar a otro y para hacer eso se les llevaba en carros, unos carricoches con capota y  mantas por si hacía frío, de las que había que ir tirando. A veces resultaba un gran esfuerzo tener que tirar del carro ya que pesaban mucho. Este párrafo lo escribe directa mente Paddy: “En la peregrinación me pasó algo muy emotivo: estábamos saliendo de una Misa y,  mientras sacaban a los enfermos,  vi a una enfermera que tenía problemas para tirar de un carro y la ayudé. Nos fuimos a hacer un Via  Crucis y, antes de volver al hospital,  la mujer enferma en el carrito quiso pasar por la gruta. Como llevábamos el carro pudimos saltarnos toda la cola que había y entramos directamente en la gruta. Mientras  pasábamos la enferma lloraba —  yo no sabía por qué—. Seguimos el caminito mientras la mujer enferma tocaba la pared de la gruta. Al salir le pregunté por qué había estado llorando desconsoladamente. Me dijo que había estado llorando porque anteriormente había padecido una grave enfermedad y  haber llegado hasta Lourdes la había emocionado”.

El sábado hubo una fiesta para los enfermos. Para muchos de  ellos aquella peregrinación eran sus vacaciones y queríamos que se lo pasasen bien. La fiesta salió muy bien y todos nos divertimos mucho. El obispo de la Diócesis de  Bilbao, que también acudió a la  fiesta, contó unos chistes buenísimos y a Paddy le escribió una dedicatoria. En definitiva, esos días trabajamos mucho, echando una mano en todo lo que pudimos, siempre con ayuda de la Virgen, a la que nos encomendamos al inicio de cada día; pero, sobre todo, hemos  aprendido a valorar lo que tenemos y a ver a Dios en los demás. Hay muchas personas que viven una vida muy complicada, así que no hay que quejarse de las pequeñeces de nuestra vida ya que mucha gente vive una vida durísima, pero lo más increíble es que lo viven con alegría.  Tenemos muchas ganas de vol ver el año que viene con nuestros  amigos.

Los que no dejan resquicio a un corazón templado

Por Felipe Heredero y Pablo Ruiz-Tagle (3ºESO)

El día que me dijeron en clase que me tocaba ir a la residencia para personas dependientes “San Carlos”, residencia donde viven personas invidentes y con un poco de retraso mental, me produjo un leve temor, a la vez que cierta curiosidad por la oportunidad que se nos brindaba de ser caritativos con estas personas.

Antes de llegar, en la furgoneta, mi única preocupación era salir de allí cuanto antes, pero nada más llegar y bajarme, pensé: ¿y si hubiese sido uno de mis hermanos al que le hubiese pasado esto? Así que entré con decisión y me dispuse a tratar a estas personas como si fueran muy cercanas a mí. A algunos compañeros, el primer contacto, les supuso incluso más impresión si cabe. He oído que hay quien llega incluso a bloquearse.

Tengo que reconocer, que al principio, las canciones y las actividades, no nos salieron con naturalidad, pero esta gente no deja resquicio a un corazón templado y comprobé que eran muy agradecidos por el más mínimo detalle que les ofreciésemos. Entonces es cuando esa duda inicial se pierde y da paso a un sentimiento de humanidad que te permite vislumbrar lo dura que puede llegar a ser la vida de cada una de estas personas.

Según fue transcurriendo la mañana me sentía más a gusto en aquel lugar, además el rostro de estas personas siempre dibujaba una sonrisa agradecida que nos reconfortaba. Nunca pensé que jugar al dominó, tocar el xilófono y cantar canciones como la de don Pepito fuera tan divertido. Todo tomaba un nuevo sentido, dejé de pensar en las clases que iba a perder, para vivir el momento con ellos.

Entonces, me sentí afortunado, pero sobre todo, lo que más me gustó fue pensar en el bien que había hecho con un simple gesto que por insignificante que fuese me llenaba de alegría y de ganas por ser mejor persona. No me hubiese importado quedarme todo el día con aquellas gentes tan maravillosas y especiales, pero por desgracia después había clase de Lengua y había que regresar…

El día que empezó siendo un viernes cualquiera, acabó como uno de los más especiales de mi vida, un día que nunca olvidaré…

Es increíble como esta experiencia te cambia por dentro y por fuera. Todas esas pequeñeces que tan injustas te parecían, todas tus penas y sufrimientos, por muy gran-
des que sean, se desvanecen al pensar en estas personas, que sufren el triple en su día a día. Ahora mismo, reflexionando sobre esta asombrosa experiencia, me doy cuenta de cómo nos cambian estas personas a las que deberíamos tener como ejemplo.

Consolas Solidarias

Gamecube_CONSOLELa aportación de 1º Bachillera­to “B” a la campaña de Navi­dad de este año ha consistido en difundir por todo el Colegio una iniciativa creada por la organiza­ción “Juegoterapia”, con el fin de recaudar consolas electrónicas, con sus complementos y sus jue­gos, destinadas a los niños enfer­mos de cáncer en los hospitales de la Comunidad de Madrid. Esta ini­ciativa tan sencilla ha tenido una gran acogida en todo el Colegio, y, gracias a todos vosotros, hemos embalado unas 50 consolas, con casi 300 juegos. Como veis, con un mínimo esfuerzo por nuestra parte podemos alegrar la vida de numerosos niños que necesitan una pe­queña distracción en su día a día. Una vez más, muchas gracias.

José María Beneyto, 1º Bachillerato

Un Campaña de Navidad de video juego

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¡No sabía que eras uno de los pajes de los Reyes Ma­gos! Ésta era uno de los comentarios que nos hacían nues­tros compañeros de Retamar al ver que cargábamos bolsas llenas de videoconsolas y de juegos. El día 22 de diciembre nos encargamos de recolectar todas las bolsas que han traído nuestros compañeros durante estas semanas; como casi todo el Colegio se encontraba por los pasillos por algún que otro mo­tivo, no cesaban los comentarios de sorpresa ante tal espectáculo.

Todo se remonta a un mail que recibió un profesor del Colegio de parte de su tía; en él le pedía que ayudase a una asociación que se dedica a recoger videoconsolas pa­ra repartirlas en hospitales en los que hay ingresados niños que pa­decen cáncer: una buena manera de que se olviden de su enferme­dad pasando un buen rato, jugan­do con otros niños con la misma enfermedad y sin tener que ha­cer esfuerzo físico. La dirección del Colegio pronto tomó como propia la iniciativa y juzgó oportuno ha­cer la campaña de recogida de vi­deoconsolas junto a la de Navidad, para facilitar a las familias del cole­gio la colaboración con esta ONG.

Durante la última semana de Navidad no hemos parado de reci­bir “mercancía”. Los despachos de D. Enrique de Alba, D. Alfonso Her­vás y D. Antonio Orol parecían más bien tiendas de juguetes que serios despachos de profesores…

El día después de darnos las va­caciones, Ricardo Ramírez, Javier Vázquez y Juan Castaños-Mollor, alumnos de 2º de Bachillerato, se encargaron de empaquetar todas las existencias; dedicaron más de cinco horas a ordenar todo el ma­terial, hacer el inventario y prepa­rar el envío para Juegaterapia, que así se llama la organización. Llenamos veinte cajas con:

✵9 Play-Station 1 con 80 juegos

✵22 Play-Station 2 con 450 jue­gos

✵23 Game Boy Advance – S con 53 juegos.

✵8 Game Boy Color con 68 jue­gos

✵17 Nintendo DS con 58 juegos

✵2 X-Box con 2 juegos

✵5 PSP con 39 juegos

✵3 Nintendo 64 con 18 juegos

✵2 Wii con 70 juegos

✵10 juegos de PS3

✵46 juegos de PC

Esperamos que le hayamos he­cho un buen favor a esta organiza­ción para que consigan aliviar, un poco al menos, a los niños enfer­mos estos días tan entrañables.

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Una salida diferente

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La verdad, nunca lo había hecho: un jueves cualquiera de clase, con un poco de frío y pocas ganas de hacer cosas… Me tocaba el turno de visita de solidaridad, y allí fui con la chaqueta y otros tres compañeros. Iba un poco “a lo que tocara”. Con tal de no estar en clase… Y lo que vi al llegar me sorprendió. Fuimos al Centro de Día San Carlos, una especie de residencia para personas disminuidas físicas y enfermas. Yo pensaba que tocaría un poco lo de siempre: estar un rato allí, intentar hablar con ellos sentados en los típicos sillones de la sala de estar y poco más. Pero… ¡qué va! Nada más llegar, uno de los encargados nos entregó unos delantales y nos dijo que fuéramos a ayudar… ¡a la cocina! Y menos mal que no se trataba de preparar la comida, que si no… Nuestra tarea al principio fue ayudar a servir la comida en las bandejas e irla distribuyendo por las mesas, que nos llevó un buen rato. Y cuando ya pensábamos que habíamos terminado, llegó de nuevo uno de los encargados y nos dijo que ahora tocaba ayudar a los enfermos a comer. La verdad es que fue muy impactante: muchos no se podían valer por sí mismos, y había que meterles con cuidado la cuchara en la boca, cortarles la carne en trozos pequeños para que no se atragantaran, irles dando agua a sorbitos… Íbamos con el mayor cuidado posible, pero no pudimos evitar manchar un poco. Eso sí: las caras de agradecimiento lo decían todo, y nos animaban a seguir dándoles de comer con todo el cariño del mundo. Y otra cosa muy impresionante, ver a los encargados del centro de día: personas que hacían de servir a los demás su trabajo profesional, gente que día a día no tiene otra ocupación que estar pendiente de otros. Y lo mejor de todo es que eran tipos estupendos, bastante graciosos y con muy buen humor. ¡¡Da para pensar!! En fin, que lo que empezó siendo una visita más dentro de los planes de solidaridad del Colegio, terminó convirtiéndose en algo que me ha hecho pensar y valorar mucho más las cosas.

Ignacio Guitard Maldonado (4º ESO)