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Parroquia de San Juan Bautista (Pushkin, San Petersburgo)

Desde hace siete años, tres sacerdotes españoles atienden la Parroquia de San Juan Bautista en Pushkin, uno de los municipios de la Federación de San Petersburgo, que tiene en total 6 millones de habitantes.

Hay en la zona 150.000 católicos (cifra estimada), pero a muchos de ellos no se les conoce todavía. Para llegar a más gente, los sacerdotes de la Parroquia de San Juan Bautista están llevando a cabo ambiciosos proyectos de ayuda social y asistencial en toda la zona, como modo de aliviar en parte las necesidades de una población muy desigual y también para darse a conocer.

Entre estas actividades se pueden señalar las siguientes: creación de una unidad de Cáritas Parroquial para atender a los más de 200.000 pobres y sin hogar; atención de dos comedores de caridad; creación de una asociación parroquial para la atención de enfermos; programas de atención a drogadictos y alcohólicos.

Para llevar a cabo todas estas actividades,la parroquia ha tenido que ampliar sus instalaciones materiales, restaurando parte de los locales parroquiales y comprando pequeños locales en otras zonas de la ciudad, que también necesitan muchas reparaciones.

Todos estos trabajos se están llevando a cabo por voluntarios, especialmente en los campos de trabajo que en verano organiza Retamar para alumnos de Bachillerato. En el de 2016 se llevará a cabo la tarea de desescombro y acondicionamiento de todos los sótanos de la parroquia, que fueron un búnker –primero alemán y posteriormente soviético– de comunicaciones. Para todos estos trabajos, el presupuesto aproximado es de 12.000 euros para el alojamiento y la manutención de los voluntarios y de 4.000 euros para materiales de construcción y herramientas. De esa cantidad, 16.000 € los aportarán los propios voluntarios –y donativos gestionados por ellos– y el resto, unos 5.000 euros, debieran conseguirse en la próxima campaña de Retamar.

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Proyecto de Komati Foundation en Barkly East

Barkly East es un pueblo pequeño en una zona cercana a las montañas que separan Sudáfrica de Lesotho en la zona suroeste de la frontera. Está a unos 700km de Johannesburgo. El nivel de desempleo es cercano al 50% (en algunos suburbios, cerca del 80%). Un porcentaje alto de la población padece HIV.

Komati Foundation (www.komati.org) ha establecido contactos con los responsables de desarrollo de gobierno local (Municipality of Joe Gqabi district).

En 2015 se hizo el tercer campo de trabajo organizado a través de Brookside Study Center, residencia universitaria gestionada por Komati Foundation: se ha colaborado con la ONG local Khaya Lokukhanya (House of Light. http://www.thusananga.org/ouractivities.htm) Foster Home, que gestiona un orfanato con 20 niños y cuyas instalaciones requieren cada año reparaciones y pintura. Además de esto, los voluntarios celebraron el fin del año con los huérfanos con una fiesta en la que se repartieron pequeños regalos y material escolar. Se pintó también el exterior de la Iglesia de la ciudad.

Se prevé hacer otro campo de trabajo en diciembre de 2016. Unas 40 personas se pueden ver directamente beneficiadas en cada campo de trabajo. Habrá un máximo de 20 voluntarios en cada campo de trabajo entre universitarios y alumnos de últimos años de High School. En 2015 hubo 9 voluntarios.

Presupuesto para 2016. Total: 5.400 euros

 

Y Rusia nos convirtió a nosotros

Es difícil encontrar palabra que defina lo que vivimos en el campo de trabajo de Moscú. Solo puedo decir que en la interminable lista de adjetivos con que calificarlo no pueden faltar: ¡portentoso, inigualable, edificante e increíble!

Este verano estuvimos allí un total de 20 alumnos del Colegio. Nuestro objetivo en Moscú era construir una iglesia o, más bien, transformar un edificio en iglesia (años atrás este edificio llegó a ser desde un centro de cultura hasta… ¡una discoteca!).

El trabajo fue duro: recoger escombros, pintar, construir ventanas, tirar paredes, levantar muros, mover y colocar vigas, rascar pintura…. A parte de eso, desarrollábamos diversos encargos que nos convirtieron en auténticos profesionales de distintas áreas: cocineros, limpiadores, administradores, compradores, organizadores de los turnos de vela… Cada uno, con el cumplimento fiel de su encargo, se sabía engranaje fundamental para el buen funcionamiento de la maquinaria de ese gran equipo humano.

El campo de trabajo nos ayudó mucho a todos a arrimarnos unos a otros. Me atrevería a decir que nuestros lazos de amistad se hicieron, en unos cuantos días, mucho más fuer-
tes que en los anteriores once años de convivencia diaria en el Colegio.

Estas semanas, además, no solo nos acercaron enormemente a los demás, sino que también nos ayudaron a aproximarnos mucho a Dios.

Todos fuimos —tras leer el mensaje de Fátima— a convertir Rusia, pero, sin esperarlo, Rusia nos convirtió a nosotros. ¿Alguna palabra para definir la experiencia y gritársela a Retamar (a los padres, profesores y alumnos que han hecho posible esta experiencia)? ¡Gracias!

Pablo Sastre Ortega

 

Hemos quitado toda la pintura de nuestra querida Matilde, y hemos pintado a cambio una habitación entera (además de algunas camisetas que han decorado con mucho acierto Kike Iber y su equipo de pintores).

Nos hemos convertido en unas excelentes mulas de carga: hemos subido más de trescientos tablones (cada uno acompañado del grito característico de Juan Luis Palanco: “Una, dooos y treeeeeeeeeeiaieiaueiiees!!”) y unas cuantas vigas; hemos llevado planchas de yeso y rejas de metal de un lado para otro, hemos cargado con ventanas y, sobre todo,muchos, muchos, muchos sacos de escombros.

También hemos descubierto que tareas tan sumamente aburridas como lijar vallas se convierten en entretenidas en cuanto se hacen a diez metros de altura; aparte de que trabajar en el tejado supone poderse echar unas buenas siestas al sol (cuando sale) sin peligro de que nos pille alguien, y pasar buenos ratos cantando a Estopa y a Melendi, aunque alguna vecina llame extrañada a los curas preguntando si los trabajadores tienen algún problema mental, porque les ha oído hacer ruidos raros… Mucho éxito no tiene la música española en los alrededores de la parroquia.

Hemos aprendido que si no se lava uno rápidamente el hormigón de los brazos puede acabar con ellos completamente rajados; y que si se mete el pie, como Rodrigo Bolívar, se corre el peligro de acabar con unos preciosos zapatos de piedra. Y, por último, hemos cogido una gran técnica en lo que a barrer y fregar (vajilla, cacharros suelos y baños) se refiere. Vuelvo a recomendaros, mamás, que aprovechéis.

Ahora, como ya hemos dicho unas cuantas veces, no sólo hemos trabajado: nos hemos pateado Moscú, yendo de iglesia (ortodoxa) en iglesia (también ortodoxa), de las que hay casi en cada esquina. Hemos presentado nuestros respetos a los grandes dirigentes delPCUS, y a grandes escritores como Chejov y Gogol. Nos hemos pateado estaciones de metro a punta pala, cada una con su motivo comunista distintivo. Nos hemos tomado algo con los obreros y hasta con los sacerdotes de la parroquia, con los que también hemos compartido innumerables tardes de fútbol.

También hemos aguantado el extravagante gusto de nuestros parroquianos rusos, que nos invitaron varias veces a una cena que nos acompañó en el comedor durante varios días; así como hemos disfrutado las habilidades culinarias del equipo de cocina, liderado por Jo-
sé Luis Peña y al que se unía gente cada día, cada uno con una excusa distinta, para perderse el trabajo “de verdad” en la iglesia. Algunos también nos hemos reído con las caras de espanto que ponía nuestro administrador, Enrique Álvarez de Toledo, cada vez que tenía que aflojar el bolsillo para hacer alguna compra.

Hemos jugado partidas míticas de mus y de póker en el cuarto de Alfonso Iglesias y compañía. ¡Y qué decir de los lobos! ¡Menudas noches hemos pasado jugando a los lobos!Nada comparable a las argumentadísimas acusaciones de Gonzalo Corcho o a las muertes prematuras de Ignacio Chiva o Pablo Méndez. Sin duda, uno de los mejores planes de la convivencia.

También hemos tenido peleas importantes para hacernos con el wifi (todo para poder teneros al día, mamás), y hemos disfrutado de los trucos de magia de Gonzalo Pérez o con la historia de terror de Pablo Alzola. Alguno que otro ha dormido; otros hemos visto amanecer en Moscú a las 4 de la mañana. Como podéis comprobar, un campo de trabajo bastante aburrido…

Pero lo más importante de todo no ha sido lo bien que nos lo hemos pasado (que ha sido sin duda importante) ni lo mucho que hemos hecho (que también). Lo más importante que hemos ido a hacer en Rusia ha sido ir a ayudar a los católicos de allí, que lo necesitan, y mucho. Ir a convertir Rusia, como dice siempre don Alberto. Y esperemos que haya servido de algo. Por lo menos la gente nos ha agradecido nuestra ayuda, cada uno a su manera: unos con sus palabras (los sacerdotes), otros invitándonos a ensaladilla rusa (los parroquianos) y otras personas como las Misioneras de la Caridad a las que hemos ido a ayudar también estos días, que han quedado muy agradecidas. Ojalá suponga un paso más en el proceso de llevar el catolicismo a Rusia. Seguimos rezando.

Carlos Herrero-Tejedor

Estarán de acuerdo conmigo en que cuando 45 adolescentes (casi hombres) de 1o de Bachillerato viajan a un país extranjero para trabajar durante tres semanas, la convivencia no es, ni por asomo, sencilla. Y no les voy a mentir, los primeros días cuesta, y mucho.

Tanto es así, que don Alberto Barrera se empeñó, concienzudamente, en hacer calar en nuestro interior que lo importante, en ese momento, y por encima de todo, era la unidad de grupo. Teníamos que ser una piña.

A pasos pequeños lo fuimos consiguiendo. Todos, en conjunto. Porque lo importante no era estar el primero en la fila del bocata, lo importante era que el último en llegar comiese el primero. Lo principal no era llegar a casa después del trabajo y ducharse, lo principal era llegar, ir a la cocina y preguntar si alguien necesitaba una mano, o dos, las que hiciesen falta.

Aún hoy, sigue sin ser fácil. Pero esos pequeños detalles se notan en el día a día. No ha sidoen vano. Esta promoción funciona como un auténtico equipo. Cada uno tiene una función que solamente puede ser entendida de manera global. Y este año, el 50 aniversario del colegio, esperamos pasar el testigo a un curso que, en Rusia, al igual que hicimos nosotros, convierta en posible lo imposible.

Juan Tamames

 

El que quiera peces…

Hacía mucho tiempo que tenía la necesidad de hacer algo por los demás. No solo recibir, sino dar. Cuando me informé sobre el viaje a Israel no dudé, no solo porque iba a satisfacer esa necesidad, sino también por la tierra de la que estábamos hablando, Tierra Santa, la tierra del Señor.

He de reconocer que el primer contacto con Nazareth no fue el que esperaba. Me costó mucho entrar en la dinámica del campo de trabajo y tuve algún bajón. Me duró poco. Muy poco. Sin duda lo que despejó mis dudas fue la toma de contacto con las monjas del hospital. Era tan impresionante el sacrificio que hacen por los de-
más, y con la felicidad con la que lo hacían. Te parabas a pensar y esa felicidad que mostraban era, en buena parte, gracias a nuestra presencia. Eso fue lo que hizo realmente sentirme orgulloso de mí mismo y saber que lo que estaba haciendo era trabajar duro porgente que se lo merece más que nadie. Siempre que me preguntan acerca de las monjas del hospital en el que estuvimos respondo de la misma manera: “Era como es-
tar con la Virgen María 24 horas al día’’. La felicidad que tenían, la amabilidad con la que trataban a todos, su fe ciega en nuestro proyecto, etc. hizo darme cuenta de que de verdad existen personas tan buenas.

Otra de las cosas que más me gustó de esta experiencia fue algo que no me había ocurrido nunca, quizás porque nunca había estado en un campo de trabajo y por tanto no tenía ningún tipo de experiencia similar. Saber que mientras tú estás llevando escombros de 14kg en la espalda 7 veces por hora, no estás solo, es decir, tus amigos están haciendo lo mismo, y los que fueron tus profesores, que jamás pensarías que currarían así, también. Mientras tú lo estás pasando mal, hay otros 30 que están igual o peor que tú. Todos somos uno y si uno se caía, le levantábamos entre todos. Ese sentimiento de darlo todo y motivarnos para conseguir nuestro objetivo, fue algo que te marca y te hace crecer como persona y hace crecer a los demás.

Finalizando, este viaje aparte de lo que me ha cambiado, me ha hecho recuperar la esperanza en este mundo. Y es que ahora sí puedo asegurar con toda seguridad de que hay personas que no tienen maldad y que, gracias a la fe que tienen, jamás la tendrán.

Que dan su vida a cambio de nada y son más felices que tú, aunque tú tengas mucho más que ellos. Y es que al final, “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.

Por Agustín Marín Gil de Biedma

Creo que lo más impactante del Campo de Trabajo era levantarse a escasos 500 metros del Santo Sepulcro o el decir que quedabas en la Puerta de Damasco, todo nombres o sitios que has oído durante años en la clase de religión.

Quizá lo más emocionante puede que fuese que nuestro trabajo diario era una gran metáfora que nos hicieron comprender desde el primer día. Trabajábamos en Polis, una escuela de idiomas, y lo hacíamos porque era un sitio que luchaba, mediante la enseñanza de idiomas distintos, por un mismo valor, la paz. Si miembros de distintas religiones aprendían en la misma clase aprenderían que no es necesaria una situación de tensión constante o que el racismo de religiones es algo medieval. También nos dijeron que de toda la población de Israel un 70% es partidaria de la paz, pero no se atreve a dar un paso, o simplemente su religión se lo impide.

En cierto modo somos unos privilegiados por haber vivido en una posición privilegiada dentro de la ciudad de Jerusalén, pero también considero que hemos sido unos privilegiados por haber podido trabajar para mejorar un proyecto como el de Polis, que sin muchas ayudas intenta luchar por un futuro mejor y por una situación de paz entre todas las religiones.

Antonio González-Pacheco Ghisleri

Cuando en 3º de ESO me dijeron que tendría la opción de realizar un campo de trabajo en Israel, no pensé en ello, ni en lo que en un futuro sería uno de los mejores viajes que he realizado en mi vida.

Fue un viaje único. Era la primera vez que visitaba el continente asiático y estaba bastante nervioso. El campo de trabajo que yo realicé fue ayudar en un hospital en Na-
zaret, un pueblo que jamás me lo habría imaginado de esa manera.

Fue un viaje plagado de emociones, que sin ninguna duda volvería a repetir.

Mi trabajo consistió en podar y despojar de las malas hierbas todos los jardines del hospital. Más adelante nos contarían que nadie anteriormente había hecho ese trabajo, por lo que estaban profundamente agradecidos.

Lo que sobre todo me emocionó fue la disposición de las monjas con respecto a nuestro trabajo. Cada vez que nos veían cansados, sedientos o hambrientos nos ofrecían al-
go que llevarnos a la boca y, sobre todo, su constante agradecimiento ante el esfuerzo que estábamos haciendo ese mes de junio, en vez de disfrutar haciendo viajes y saliendo.

Fue un viaje que probablemente jamás pueda repetir. Esto es debido a que nunca volveréa coincidir en el mismo contexto, con la misma gente, y el mismo trabajo. Siempre recordaré este viaje con cariño y alegría.

José Luis Pérez de Ayala Bonelli

Cuando mis padres me animaron a ir al campo de trabajo de Israel me ilusioné, pero llegó el día de partir y estaba un tanto desencantado: todos mis amigos se iban de viajes de placer y diversión y yo pensaba que me dirigía a todo lo contrario.

Nada más llegar a Nazaret y escuchar lo que la gente sufría, y lo que vivía cada día, me di cuenta de que tenía que “cambiar el chip”. Poco a poco caló en mí la idea del proyecto de ayuda que hacíamos, hasta el punto de no sentir pena ni enfado por estar ahí, más bien todo lo contrario. Fue una experiencia inolvidable que me ha hecho ser mejor como persona y que me ha unido en amistad con gente muy valiosa.

Luis Velo de Antelo

Proyecto Barkly East (Sudáfrica)

En el verano de 2014 un grupo del colegio Retamar participó en un campo de trabajo en Barkly East en la región del Eastern Cape en Sudáfrica. Desde entonces la Fundación Komati ha mantenido una estrecha colaboración con la comunidad y se ha comprometido en llevar a cabo algunos proyectos para mejorar las condiciones de vida.

PROYECTO 2015

Dos campos de trabajo: en junio y diciembre, para:

• Pintar habitaciones del hospital del lugar y parte del mobiliario.

• Mantenimiento de instalaciones del orfanato del pueblo.

• Mejora material de algunas chabolas en suburbios particularmente pobres: limpieza, pintura y reparaciones varias.

Como en ocasiones anteriores se tendrán sesiones de concienciación para fomentar el voluntariado local, dando continuidad a la labor que Komati realiza.

PRESUPUESTO DE CADA CAMPO DE TRABAJO (1 SEMANA)

Gasolina 2 vehículos (1.500km). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 400 €

Alojamiento (15 pesonas). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 700 €

Comida (15 personas). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 900 €

Pintura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  . . 500 €

Otros materiales y equipamiento. . . . . . . . . . . . . . . . ….. . . . 300 €

TOTAL. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.800 €

Tenemos previsto acudir dos veces al año: en junio y en diciembre. Por lo que se estima un total de gastos de 5.600 €.