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Parroquia de San Juan Bautista (Pushkin, San Petersburgo)

Desde hace siete años, tres sacerdotes españoles atienden la Parroquia de San Juan Bautista en Pushkin, uno de los municipios de la Federación de San Petersburgo, que tiene en total 6 millones de habitantes.

Hay en la zona 150.000 católicos (cifra estimada), pero a muchos de ellos no se les conoce todavía. Para llegar a más gente, los sacerdotes de la Parroquia de San Juan Bautista están llevando a cabo ambiciosos proyectos de ayuda social y asistencial en toda la zona, como modo de aliviar en parte las necesidades de una población muy desigual y también para darse a conocer.

Entre estas actividades se pueden señalar las siguientes: creación de una unidad de Cáritas Parroquial para atender a los más de 200.000 pobres y sin hogar; atención de dos comedores de caridad; creación de una asociación parroquial para la atención de enfermos; programas de atención a drogadictos y alcohólicos.

Para llevar a cabo todas estas actividades,la parroquia ha tenido que ampliar sus instalaciones materiales, restaurando parte de los locales parroquiales y comprando pequeños locales en otras zonas de la ciudad, que también necesitan muchas reparaciones.

Todos estos trabajos se están llevando a cabo por voluntarios, especialmente en los campos de trabajo que en verano organiza Retamar para alumnos de Bachillerato. En el de 2016 se llevará a cabo la tarea de desescombro y acondicionamiento de todos los sótanos de la parroquia, que fueron un búnker –primero alemán y posteriormente soviético– de comunicaciones. Para todos estos trabajos, el presupuesto aproximado es de 12.000 euros para el alojamiento y la manutención de los voluntarios y de 4.000 euros para materiales de construcción y herramientas. De esa cantidad, 16.000 € los aportarán los propios voluntarios –y donativos gestionados por ellos– y el resto, unos 5.000 euros, debieran conseguirse en la próxima campaña de Retamar.

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Catequesis en Vallecas

No pensé, ya entrado 2º de Bachillerato, que pudiera sacar tiempo para dar catequesis.

Llegó cierta plática en la que don Juan Jolín, el capellán de nuestro curso, nos “lanzó el guante”. Nos dijo que había un cura (don Pedro Pablo, antiguo alumno de Retamar, de la promoción del 98), en una parroquia muy, muy pequeña, de Vallecas, que estaba entregando su vida para los demás, y necesitaba nuestra ayuda, al menos para dar catequesis. Casi sin pensarlo me convencí de que iría, y sacaría el tiempo de donde fuese.

Tras una larga semana estuve buscando a don Juan, pero no le encontraba. Al fin conseguimos vernos y entre semana y semana fuimos concretando. Al principio me costó convencer a gente para que se viniera (ellos lo pensaron más que yo, y al decirme sus razones hasta me hicieron dudar, pero ya estaba comprometido), y aún me cuesta: de hecho sólo somos dos catequistas “en plantilla” y uno posible…

Cuando nos ofrecimos Ricardo Castaños-Mollor y yo, don Juan, preocupándose por nosotros, nos dijo que sería mejor ir a ayudar eventualmente, pero que de todas maneras iríamos a ver la parroquia con don Pablo Méndez, que se ofreció a llevarnos y traernos de vuelta cada día de catequesis, lo que sin duda es indispensable, ya que en transporte público se tarda bastante más.

Y entonces fuimos los cuatro a la parroquia. Esta parroquia es en tamaño la más pequeña de Madrid. La iglesia es el bajo de un edificio, y apenas con veinte personas se llena hasta los topes. Cuando llegamos, hacía poco que se había reformado. Estuvimos hablando con don Pedro Pablo, quien nos explicó el funcionamiento de la parroquia.

A la vuelta nos decidimos ya a ir los miércoles que pudiéramos, por suerte la mayoría.

Dije al principio que no pensé que daría catequesis en este curso. Esto es porque la carga de trabajo en Bachillerato apenas nos da un respiro. Pero gracias a que don Pablo nos lleva, podemos estudiar o hacer los deberes en la biblioteca desde que terminamos de comer hasta que salimos, a las cinco. Si nos sobra tiempo preparamos la catequesis en la biblioteca, si no, en el coche, de camino.

Los niños a los que damos catequesis de Confirmación suelen ser 7 (digo suelen, porque a veces viene solo uno y lo unimos al otro grupo, que da don Pedro Pablo, y a veces todos) y rondan los 9 ó 10 años. Lo que más me impresiona de ellos es su gran entusiasmo porla catequesis.

Sinceramente, me alegra mucho que podamos ir a enseñarles, y que pueda compaginarlo con mis estudios. Con toda seguridad, esto no hubiera sido posible sin la ayuda de don Juan y don Pablo.

Jorge Menéndez-Pidal de la Barreda

La gran recogida del Banco de Alimentos

De piedra. Boquiabierto. Así me he quedado esta semana al ser testigo de un pequeño milagro: adolescentes comportándose con una madurez que raya la heroicidad.

Soy profesor de Bachillerato y estos días los estudiantes de mi centro tenían los exámenes trimestrales. Durante estos mismos días los alumnos también han estado organizándose para cubrir 500 turnos de voluntariado para la recogida de productos no perecederos, organizada por el Banco de Alimentos este pasado fin de semana. Cada turno duraba 6 horas de media. Y casi 100 estudiantes tuvieron que hacer turno doble. Más de 120 toneladas recogidas el viernes y sábado en una docena de centros comerciales. Cuatro alumnos de 2° de Bachillerato organizando los turnos desde el miércoles y quedándose hasta altas horas de la noche trabajando, coordinando toda la operación para que no falte gente en ningún sitio a lo largo del fin de semana.

Uno se siente orgulloso al pensar que es posible que el horizonte de unos jóvenes, de 16 y 17 años, al acabar su semana de exámenes, haya sido conseguir comida para 8.000 personas durante un año. Para que luego los adultos y educadores pensemos que a esta edad no se pueden asumir compromisos y responsabilidades de gran calado.

Javier García Herrería

 

Lo que pudo ser un fin de semana normal y corriente para unos, fue un fin de semana diferente para los voluntarios que estuvimos ayudando en la recogida de comida del Banco de Alimentos. Pasar una tarde en un supermercado para unos , o incluso el fin de semana entero para otros, puede parecer aburrido. Esto cobra sentido cuando lo miras desde dentro y ves que eres una pequeña, pero importante, parte del conjunto que ha superado el objetivo de recaudar los 18 millones de kilos previstos.

La generosidad de la gente del supermercado en el que estuve y la amabilidad con que cada uno de ellos nos trataba nos hicieron ayudar con más alegría y entusiasmo. Las bolsas con alimentos no paraban de llegar y hubo algún que otro despistado que confundió la bolsa de su compra (con maquinillas de afeitar, desodorante, jabones y cepillos de dientes) con la bolsa de comida para el Banco de Alimentos. La señora a la que le ocurrió esto volvió airosa y preocupada a recuperar su bolsa y vio que habíamos distribuido el material en varios carritos para ser devueltos. Entre todos conseguimos reunir toda su compra y de-
volvérsela sin problemas. Más nos sorprendió la llegada de varias personas con carros enteros solo con alimentos no perecederos para ayudar a las personas a las que va destinada esta comida.

Estuve ayudando la tarde del sábado y cuando me fui por la noche ya llevábamos recogidas 6 toneladas a lo largo del día. Esa tarde me di cuenta de que gracias a pequeñas aportaciones, mucha gente podrá pasar un momento agradable y tendrá algo más que llevarse a la boca estas Navidades. Gracias a esos “anónimos”, que generosamente rascaron sus bolsillos, se hace feliz a miles de personas.

Jaime Ortega

 

Sinceramente, cuando me dijeron que me podía apuntar como voluntario para la operación kilo, tan solo pensé que si me apuntase no tendría que estar en mí casa estudiando y además pasaría un buen rato con mis amigos. Es cierto, lo he de reconocer, pensé antes en mí mismo que en que ese fin de semana el Banco de alimentos recaudaría la mayor parte de alimentos que luego se distribuirían entre 1,5 millones de personas durante todo el año.

En fin, que me apunté como voluntario para estar en un centro comercial de Pozuelo, imaginándome que me encargaría del Hipercor de Pozuelo. Me equivocaba, fui asignado el Supercor de avenida de Europa. Qué mala suerte fue mi primer pensamiento, porque el Supercor es un centro muy pequeño en el que entraría poca gente, y encima tendría que estar ahí 8 horas seguidas…

Llegué a las dos en punto, y en vez de ponerme el peto y empezar a trabajar, me cogí una silla, me senté, y me quedé mirando a lo que supongo que sería el infinito. Después de una hora llegó un amigo mío y me dijo: “Mira, tienes todo el año para sentarte, así que levántate y ayuda, que te viene bien”. Así de claro me lo dijo. Así que me levanté, me puse el peto, y me situé en la entrada recitando la misma frase siempre que venia una persona: “Buenos días, somos voluntarios del Banco de alimentos, organización que da de comer a 1,5 millones de personas todos los días, ¿querría participar y darnos algún alimento no perecedero?”.

Bueno, durante este día me ocurrió un suceso de esos que uno se queda flipando sin poder decir nada: En la entrada de este centro estaba sentada una señora de unos 40 años que era de Nigeria. Esta señora vino a las cuatro de la tarde, y desde entonces, para atraer a la gente, no paraba de llamarle ̈guapo ̈a todo el mundo. Y una cosa que nos sorprendió a todos los voluntarios que estábamos ahí es que siempre que la mirábamos, tenía una sonrisa en su cara.

Algunas de las personas que entraban en este centro, aparte de darnos alimentos a nosotros, le daban a esta señora o algunas monedas o algún alimento, como caldos, arroz… Como es de suponer, esta señora estaba encantada.

Ya eran las 9 de la noche, y me dice esta señora: “Bueno guapo, me voy a mi casa, pero antes de irme querría darte esto, es lo poco que he podido reunir hoy”. Me dio una bolsa entera de alimentos. Yo la dije que se la quedase, que esos alimentos le vendrían muybien, pero se me quedó mirando y me respondió muy seriamente diciendo que había personas que lo estaban pasando peor que ella, que ella ya se las arreglaría. Claro, cuando una persona que es pobre va y te dice esto, lo primero que piensas es que qué esta pasando aquí, que el que tiene que ser generoso soy yo y no la señora.

En fin, que este suceso, nos marcó a los voluntarios, puesto que aprendimos una lección muy importante, que es la generosidad. Independientemente de la cantidad, esa señora dio casi todo lo que tenía. Medido en dinero no fue la mayor cantidad, pero sí desde el punto de vista solidario.

Ignacio Chiva

 

Cuando nos dijeron a mis amigos y mí que si queríamos ir a colaborar con el banco de alimentos rápidamente respondimos que sí, pero no por el hecho de ayudar a la gente que está pasando por serios apuros hoy el día, sino porque queríamos hacer algo distinto y pasar un buen rato.

Tras pasar por varias horas en el Hipercor, nos dimos cuenta de que nos lo pasábamos bien, no por estar entre amigos, sino porque nos sentíamos orgullosos de estar recolectando comida para aquellos que lo necesitan. Nos quedábamos maravillados de la generosidad de la gente al traernos la comida, familias numerosas entregándonos carros a rebosar, niños pequeños que nos ofrecían sus chuches…

En esto consiste la felicidad: pensar en los demás antes que en ti

Javier Fragua

 

Este año, al igual que el anterior he participado junto con más alumnos de Bachillerato del Colegio en la recogida de comida para el Banco de alimentos de Madrid, en muchos supermercados de la ciudad y sus afueras.

Los alimentos que recogimos son legumbres, conservas, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar y otros como dulces navideños o galletas para el desayuno. Estos servirán para dar de comer a cientos de familias necesitadas durante estas Navidades.

Sorprende ver a gente muy entregada dando grandes cantidades y a otra gente más entregada aún que no puede dar mucho pero aporta su granito de arena con una sonrisa que nos motivaba y nos animaba a seguir nosotros con la misma alegría.

Unos donan alimentos, otros donan su tiempo y otros donamos ambas cosas, pero lo importante es que todos hemos dado una parte de lo nuestro para alegrar las fiestas a muchas personas; y como siempre en estas cosas, los que hemos sentido salido ganando somos nosotros. La alegría y satisfacción con la que sales del Banco de Alimentos es enorme , y os aconsejo ayudar el año que viene.

Pablo Sastre Ortega

Y Rusia nos convirtió a nosotros

Es difícil encontrar palabra que defina lo que vivimos en el campo de trabajo de Moscú. Solo puedo decir que en la interminable lista de adjetivos con que calificarlo no pueden faltar: ¡portentoso, inigualable, edificante e increíble!

Este verano estuvimos allí un total de 20 alumnos del Colegio. Nuestro objetivo en Moscú era construir una iglesia o, más bien, transformar un edificio en iglesia (años atrás este edificio llegó a ser desde un centro de cultura hasta… ¡una discoteca!).

El trabajo fue duro: recoger escombros, pintar, construir ventanas, tirar paredes, levantar muros, mover y colocar vigas, rascar pintura…. A parte de eso, desarrollábamos diversos encargos que nos convirtieron en auténticos profesionales de distintas áreas: cocineros, limpiadores, administradores, compradores, organizadores de los turnos de vela… Cada uno, con el cumplimento fiel de su encargo, se sabía engranaje fundamental para el buen funcionamiento de la maquinaria de ese gran equipo humano.

El campo de trabajo nos ayudó mucho a todos a arrimarnos unos a otros. Me atrevería a decir que nuestros lazos de amistad se hicieron, en unos cuantos días, mucho más fuer-
tes que en los anteriores once años de convivencia diaria en el Colegio.

Estas semanas, además, no solo nos acercaron enormemente a los demás, sino que también nos ayudaron a aproximarnos mucho a Dios.

Todos fuimos —tras leer el mensaje de Fátima— a convertir Rusia, pero, sin esperarlo, Rusia nos convirtió a nosotros. ¿Alguna palabra para definir la experiencia y gritársela a Retamar (a los padres, profesores y alumnos que han hecho posible esta experiencia)? ¡Gracias!

Pablo Sastre Ortega

 

Hemos quitado toda la pintura de nuestra querida Matilde, y hemos pintado a cambio una habitación entera (además de algunas camisetas que han decorado con mucho acierto Kike Iber y su equipo de pintores).

Nos hemos convertido en unas excelentes mulas de carga: hemos subido más de trescientos tablones (cada uno acompañado del grito característico de Juan Luis Palanco: “Una, dooos y treeeeeeeeeeiaieiaueiiees!!”) y unas cuantas vigas; hemos llevado planchas de yeso y rejas de metal de un lado para otro, hemos cargado con ventanas y, sobre todo,muchos, muchos, muchos sacos de escombros.

También hemos descubierto que tareas tan sumamente aburridas como lijar vallas se convierten en entretenidas en cuanto se hacen a diez metros de altura; aparte de que trabajar en el tejado supone poderse echar unas buenas siestas al sol (cuando sale) sin peligro de que nos pille alguien, y pasar buenos ratos cantando a Estopa y a Melendi, aunque alguna vecina llame extrañada a los curas preguntando si los trabajadores tienen algún problema mental, porque les ha oído hacer ruidos raros… Mucho éxito no tiene la música española en los alrededores de la parroquia.

Hemos aprendido que si no se lava uno rápidamente el hormigón de los brazos puede acabar con ellos completamente rajados; y que si se mete el pie, como Rodrigo Bolívar, se corre el peligro de acabar con unos preciosos zapatos de piedra. Y, por último, hemos cogido una gran técnica en lo que a barrer y fregar (vajilla, cacharros suelos y baños) se refiere. Vuelvo a recomendaros, mamás, que aprovechéis.

Ahora, como ya hemos dicho unas cuantas veces, no sólo hemos trabajado: nos hemos pateado Moscú, yendo de iglesia (ortodoxa) en iglesia (también ortodoxa), de las que hay casi en cada esquina. Hemos presentado nuestros respetos a los grandes dirigentes delPCUS, y a grandes escritores como Chejov y Gogol. Nos hemos pateado estaciones de metro a punta pala, cada una con su motivo comunista distintivo. Nos hemos tomado algo con los obreros y hasta con los sacerdotes de la parroquia, con los que también hemos compartido innumerables tardes de fútbol.

También hemos aguantado el extravagante gusto de nuestros parroquianos rusos, que nos invitaron varias veces a una cena que nos acompañó en el comedor durante varios días; así como hemos disfrutado las habilidades culinarias del equipo de cocina, liderado por Jo-
sé Luis Peña y al que se unía gente cada día, cada uno con una excusa distinta, para perderse el trabajo “de verdad” en la iglesia. Algunos también nos hemos reído con las caras de espanto que ponía nuestro administrador, Enrique Álvarez de Toledo, cada vez que tenía que aflojar el bolsillo para hacer alguna compra.

Hemos jugado partidas míticas de mus y de póker en el cuarto de Alfonso Iglesias y compañía. ¡Y qué decir de los lobos! ¡Menudas noches hemos pasado jugando a los lobos!Nada comparable a las argumentadísimas acusaciones de Gonzalo Corcho o a las muertes prematuras de Ignacio Chiva o Pablo Méndez. Sin duda, uno de los mejores planes de la convivencia.

También hemos tenido peleas importantes para hacernos con el wifi (todo para poder teneros al día, mamás), y hemos disfrutado de los trucos de magia de Gonzalo Pérez o con la historia de terror de Pablo Alzola. Alguno que otro ha dormido; otros hemos visto amanecer en Moscú a las 4 de la mañana. Como podéis comprobar, un campo de trabajo bastante aburrido…

Pero lo más importante de todo no ha sido lo bien que nos lo hemos pasado (que ha sido sin duda importante) ni lo mucho que hemos hecho (que también). Lo más importante que hemos ido a hacer en Rusia ha sido ir a ayudar a los católicos de allí, que lo necesitan, y mucho. Ir a convertir Rusia, como dice siempre don Alberto. Y esperemos que haya servido de algo. Por lo menos la gente nos ha agradecido nuestra ayuda, cada uno a su manera: unos con sus palabras (los sacerdotes), otros invitándonos a ensaladilla rusa (los parroquianos) y otras personas como las Misioneras de la Caridad a las que hemos ido a ayudar también estos días, que han quedado muy agradecidas. Ojalá suponga un paso más en el proceso de llevar el catolicismo a Rusia. Seguimos rezando.

Carlos Herrero-Tejedor

Estarán de acuerdo conmigo en que cuando 45 adolescentes (casi hombres) de 1o de Bachillerato viajan a un país extranjero para trabajar durante tres semanas, la convivencia no es, ni por asomo, sencilla. Y no les voy a mentir, los primeros días cuesta, y mucho.

Tanto es así, que don Alberto Barrera se empeñó, concienzudamente, en hacer calar en nuestro interior que lo importante, en ese momento, y por encima de todo, era la unidad de grupo. Teníamos que ser una piña.

A pasos pequeños lo fuimos consiguiendo. Todos, en conjunto. Porque lo importante no era estar el primero en la fila del bocata, lo importante era que el último en llegar comiese el primero. Lo principal no era llegar a casa después del trabajo y ducharse, lo principal era llegar, ir a la cocina y preguntar si alguien necesitaba una mano, o dos, las que hiciesen falta.

Aún hoy, sigue sin ser fácil. Pero esos pequeños detalles se notan en el día a día. No ha sidoen vano. Esta promoción funciona como un auténtico equipo. Cada uno tiene una función que solamente puede ser entendida de manera global. Y este año, el 50 aniversario del colegio, esperamos pasar el testigo a un curso que, en Rusia, al igual que hicimos nosotros, convierta en posible lo imposible.

Juan Tamames

 

Noticias del Campo de trabajo en Rusia 2014

CRÓNICA UNO: Hemos llegado a Pushkin

7 de julio, San Fermín. En Pamplona empieza la gran semana de fiestas en honor de su patrón. Nosotros hemos llegado bien a Pushkin y empezamos a aclimatarnos.

Esta mañana, tras despertarnos a eso de las 3, o simplemente no despertarnos, sino ponernos en marcha, nos hemos dirigido al aeropuerto, para tomar un vuelo con destino a Amsterdam. Esperábamos la recompensa de un buen desayuno en vuelo, pero hemos tenido que conformarnos con un sandwich y un café, que algunos han tomado a duras penas, víctimas de su sueño.
Durante la escala en la capital holandesa hemos asistido a la Santa Misa en una llamada “meditation room”. Finalmente hemos embarcado rumbo a San Petersburgo.
Al llegar,la primera sorpresa ha sido el buen tiempo. Esperábamos frío, pero nos ha recibido un calor casi sofocante, con mucha humedad. Bueno, en realidad quienes nos han recibido han sido don Alberto y los cuatro que llevan unos días en Rusia preparando todo, además de Jacob, estudiante ruso que nos ayuda estos días.
Una rápida visita a la iglesia en la que vamos a trabajar y una motivadora charla de don Pablo, antes de dirigirnos a nuestros alojamientos, en la Universidad.
El grupo de avanzadilla nos tenía preparada una magnífica cena, que me estoy perdiendo por escribir esta crónica. Así que os dejo hasta mañana, en que seguiré informando a las preocupadas madres de nuestras andanzas en Rusia.

CRÓNICA DOS: No hay cansancio

Primera toma de contacto con el trabajo de reconstrucción de la iglesia. Primer día, no hay cansancio. Hemos empezado muy motivados y llenos de ilusión por la tremenda labor que en esta ciudad rusa vamos a llevar a cabo.

La charla que nos ha dado Don Alberto nos ha ayudado a no olvidar nuestra verdadera misión: convertir Rusia. Aunque algunos en nuestra primera jornada nos hayamos dedicado simplemente a reorganizar y anclar los bancos, tenemos claro que nuestro trabajo tendrá su recompensa. Cierto es que no todos los trabajos han sido tan nimios, ya que unos cuantos de nosotros hemos pasado la jornada borrando el polvo que se estaba apoderando de la buhardilla. No obstante, es verdaderamente gratificante darse cuenta de toda la ayuda que estamos prestando a gente que, teniendo nuestras mismas convicciones no tienen la misma suerte que tenemos en lo que respecta al plano material.

Después de acabar la jornada de trabajo ha empezado la primera vuelta por el pueblo en busca del wifi para comunicarnos con España. Mientras tanto con los primeros rublos que hemos cambiado, nos adentramos en el primer supermercado, en cual el encontramos provisiones varias mediante gestos y jeroglíficos.
A continuación, arrastrando nuestros cansados cuerpos, hemos partido en busca de una merecida ducha, que nos ha revivido y dado fuerzas suficientes para llegar al rancho que nos sirven los pinches del chef Nicolás.

CRÓNICA TRES: Avances a ritmo de herramientas

Llevamos ya cuatro muescas en nuestro calendario y unas veinte horas de trabajo en la reforma de la iglesia, que por cierto, podéis ver las fotos que vamos haciendo, en la galería de imágenes.

Bajo la supervisión de los jefecillos de grupo, las termitas en la cripta avanzan imparable al son de los martillazos efectuados con especial fuerza por figuras como Román Merino, Pablo Guerrero o Gabriel Miquel.

Por otro lado, y en la parte de arriba, Don Pablo Méndez ha intentado darle un poco de color al ambiente que empieza a coger tintes de cansancio, bajo sus órdenes se han descubierto verdaderos pintores en ciernes, como Luis Robledano, José Luis Pérez de Ayala o Luis Negueruela, todos ellos con gran talento.

Pero los que realmente tienen mucha madera, nunca mejor dicho, son los que se encargan de arreglar los bancos de la Iglesia.

Lo más destacado del día de hoy ha sido sin duda, la iniciativa de un coro improvisado que han sorprendido a D. Enrique Parada al entonar “tú has venido a la orilla” sin que nadie lo esperara, en la misa de hoy. Ante las distintas opiniones al respecto, han decido que mañana repetirán el intento, prometiendo sorprendernos. Estos cánticos nada tienen que ver con las canciones que causan sensación entre los rusos, y que entonamos antes de la cena, cena en la que incluso podemos ¡repetir de plato!

CRÓNICA CUATRO: Gran celebración en la fiesta del Icono de la Virgen de Fátima.

Con ganas de fin de semana, así nos despertamos el viernes teniendo por delante un día de trabajo antes de los esperados días de descanso.

Esa mañana fue la omnipresente música del animador Miguel Vassallo la que nos saco del ensimismamiento e incluso impulsó a algunos como Nacho Pérez y Javier Martinez a quedarse hasta tarde para acabar el trabajo que se habían propuesto.

Tras unas últimas y deliciosas fajitas de cenar, nos metimos en la cama con muchísimas ganas de poder visitar y perdernos el sábado por las hermosas calles de la capital del norte de Rusia. Desde luego no decepcionó, y bajo la inestimable ayuda y guía de los nativos pudimos disfrutar de preciosas iglesias como la de Santa Catalina o la Sangre Derramada, así como conocer la plaza del Hermitage o contemplar el río Neva. Tras mucho andar nos dimos cuenta que el largo viaje en autobús y metro había válido sin duda la pena. Con las cámaras llenas de fotos y los pies cansados de caminar nos acostamos para a la mañana siguiente asistir a una gran festividad en la iglesia católica rusa, la cual conmemora el 13 de julio la revelación del secreto sobre la conversión de Rusia por parte de la virgen de Fátima.

La celebración de este día no se nos olvidará jamás. La parroquia se llenó de feligreses de toda la zona y todos disfrutamos sacando sonrisas a los que se acercaban al grupo. Rematamos el día conociendo el Palacio de Catalina, la residencia de verano de los Zares de Rusia. Todo ello, podéis verlo en imágenes.

CRÓNICA CINCO: Aquí todos los días son diferentes

Después de la gran fiesta del icono y de recargar las pilas con el descanso del fin de semana, empezamos ya nuestra segunda semana de campo de trabajo.

Poco a poco nos vamos acostumbrando a esta rutina: donde el antes temido olor de la escalera y el siempre molesto resonar del despertador va conformando poco a poco nuestro hogar (con el permiso de nuestras madres), hogar al que acudimos después de cada agotadora jornada en busca del merecido descanso.

Aunque también es verdad que en la iglesia no hay ningún día de curro que se asemeje a su anterior. Por ejemplo los encargados de reparar la escalera que conduce a las “minas” cuando creían que su quehacer se acercaba al fin se dieron cuenta de que en vez de pintura habían embadurnado la pared con cola blanca! Así que de un día para otro pasaron de construir a destruir lo anteriormente levantado con tanto esfuerzo. Y aquí siguen Javier Acevedo y Nicolás Manola bajo las órdenes del jefe de escalera Javier de la Cruz recomenzando la tarea con la sensación de ya conocerse esta canción.

A su vez el incansable D. Pablo Méndez y su igualmente incansable discípulo Luis Negueruela (que por cierto ha hecho que Luis Olazábal le corté el pelo de una manera bastante mejorable) siguen consiguiendo llegar cada vez más arriba con los rodillos a base de atarlos a cada vez más palos, a la espera que una grúa sustituya su ingenio. Mientras tanto el premio al trabajador en la sombra se lo lleva nuestro querido administrador que a pesar de venir a la iglesia en Náuticos no para de patearse Pushkin recolectando los distintos materiales que necesitamos, a la vez que no deja de administrar ni cuando los demás descansamos.

Ya sólo falta mencionar de cómo por el empuje de brazos de Ignacio Martín de la Morena, la obra de las termitas va un día por delante de lo previsto, a la vez que por una pasajera enfermedad nuestro chef ha sido sustituido por un trío conformado por Jaime Stein, Miguel Vassallo y Juan Claudio Jarillo que intentan igualar la maestría del enfermo. Corriendo a continuar la labor de hacer los nuevos reclinatorios se acaba esta crónica que hay que coger la lija.

CRÓNICA SEIS. Entre brochas y martillos

Llegando ya al ecuador del campo de trabajo nuestra labor se intensifica y se va mezclando con el cansancio que va calando en nuestro ánimo poco a poco.

Aún así conseguimos sacar fuerzas de las flaquezas ya que sabemos porqué estamos aquí y compartimos el objetivo: sacar adelante la conversión de un pueblo que ansía que le hablen de Dios. Esto fue lo que el vicario del Opus Dei en Rusia, Don Jose Antonio Senovilla, nos expuso en un entretenido coloquio en el que en respuesta a preguntas de algunos de nosotros como Álvaro Goenaga, nos pintó un revelador cuadro sobre la expansión de la Obra y el recibimiento de la misma en Rusia. Todo esto a base de pinceladas compuestas por anécdotas vividas y escuchadas que hicieron no sólo que consiguiésemos vencer el sueño sino que sacrificáramos nuestro descanso de la comida.

Con renovadas fuerzas, las termitas descendieron a su tarea en las minas donde prosiguieron con la monótona tarea de picar los ladrillos con el fin de dejarlos inmaculados, libres de las capas que tienen de cemento. Así llevan casi desde el comienzo y para luchar contra el aburrimiento que empezaba a imperar, el ingenioso Nacho Llorente se las ha arreglado para instalar unos altavoces que con la música preparada por Álvaro Hernández consiguen animar a personajes como Jacobo Llorente, Pablo del Nido y Jaime Fernández de Mesa en su labor.

La novedad en bancos es por ahora el nuevo comulgatorio que sorprenderá a los feligreses en la próxima misa de Domingo, comulgatorio que está acabando el carpintero en jefe Rodrigo Diez que lleva el timón de las herramientas. Mientras tanto los pintores están imparables desde que les han traído la grúa con la que esperan pintar las alturas, de hecho ayer faltaron a la cena en casa ya que Ramón Rodríguez, Luis Robledano y compañía se quedaron en la iglesia hasta la 1:00.
Una cena que a pesar de su calidad, echó en falta la mano experimentada del chef que espera regresar a su cocina el próximo lunes después de haber visitado a la doctora. El punto fuerte de esa noche fue el juego del Lobo, empezado con ganas por Miguel Vasallo y José Luis Escobar, que descubrieron una manera de disfrutar la última hora antes de dormir. Las carcajadas y chistes también ayudaron al buen ambiente que reina entre nosotros en este campo de trabajo.

CRÓNICA SIETE. Como descanso, una magnífica visita al Hermitage.

Para poder aprovechar mejor la grúa y contando con que ya sólo nos queda una semana de trabajo, y faltan muchos objetivos por cumplir, decidimos sacrificar nuestro descanso del sábado.

De hecho varios de nosotros nos quedamos trabajando hasta la hora de cenar para poder así acabar el nuevo comulgatorio con la gran ayuda de Álvaro Pampillon. Cabe destacar también el trabajo del grupo en las tareas de limpieza que buscaban acondicionar la iglesia para la Misa del domingo, trabajo con el que se consiguió mover a los feligreses que asistían a la misa de la tarde a participar en esa tarea que acabó retrasando la misa ya que no pararon hasta dejar el templo en perfectas condiciones.

Así llegamos algunos sin siquiera haber podido ducharnos, y otros perfectamente vestidos de gala, ya que esa noche teníamos preparado un “picnic” en los jardines del Zar Alejandro. Picnic amenizado por las voces y las guitarras de nuestros artistas Pablo Guerrero, Fernando Gegundez y Gabriel Miquel. Al día siguiente amanecimos pronto para tener misa en la primera y única basílica de Rusia, santa Catalina .

A continuación tuvimos la oportunidad de visitar el Hermitage , uno de los museos más famosos del mundo y que alberga la colección de obras de arte más grande. Aquí Don Eduardo Díaz pudo deleitar a unos cuantos privilegiados de nosotros con sus conocimientos artísticos acerca de la escuela flamenca y si técnica. A partir de este momento lo que era un sólo grupo se deshizo en varios más pequeños encabezados por una serie de “expertos” que nos fueron guiando por los sitios más emblemáticos de San Petersburgo encontrados entre otros lugares en apps como la que se descargó Jorge Hunter para evitar desperdiciar un momento.

CRÓNICA OCHO Últimos remates en la Iglesia de Pushkin.

Ya estamos a Miércoles y hoy hemos amanecido con dos sentimientos enfrentados:

por un lado estaba la alegría que genera una buena noche de descanso seguida de la noticia de una pequeña tregua en medio del trabajo de la semana, mientras que por otro lado la tristeza también nos ha embargado cuando nos hemos dado cuenta que son sólo cinco los días que nos quedan de campo de trabajo. No fue así como afrontamos la vuelta al trabajo el lunes, habiendo recargado las pilas durante el fin de semana.

Con renovada ilusión hemos empezado la que es ya nuestra última semana de trabajo, una semana donde las labores se multiplican a la par que el esfuerzo por terminarlas. Las últimas pinceladas en la Iglesia a diez metros sobre el suelo las dieron a eso de las doce de la noche de ayer un equipo liderado por D.Pablo Méndez, en su cuarta noche consecutiva trabajando “overtime”, y que contaba con el apoyo entre otros de Luis Olazábal.

Con el pincel en las manos también pero los pies en el suelo el equipo de la puerta, compuesto por los más grandes de nosotros: Pablo del Nido y Javier Marín se encargaba de que la puerta principal apareciera reluciente sobre una capa de pintura vieja arrancada y otra nueva aplicada. Como último equipo de pintura aunque el primero en verse desde la calle reparando la fachada estaba el antiguo equipo de escaleras que llevaba a cabo la tan necesaria tarea de repintar la parte frontal de la Iglesia. Y para que su labor reluciese de acuerdo con su empeño, Santiago Rodríguez se encargó de que se cayese una rama del árbol que impedía la entera visión de la parte delantera de la iglesia de estilo neoclásico ruso. Por encima de ellos encontramos a Carlos Lobejón y su equipo que se ha encargado de hacer visible la cristalera de la cúpula cuyo interior estaba escondido a nuestra vista hasta este tan necesario trabajo.

Retomando el hilo de nuestro amanecer, y sabiendo como hemos llegado, la ida hacia la excusa de nuestro descanso (el palacio de Peterhof) ha sido de los traslados más silenciosos sólo roto por algún ocasional ronquido. De esta manera el paseo no se ha convertido en un pesado arrastrar de pies sino que hemos podido disfrutar de unas increíbles fuentes así como de un rápido baño en el refrescante mar Báltico sólo para gente valiente como Jaime López Seoane. Aliviados por esta ruptura de la rutina hemos ido a comer una cena typical russian tras lo cual estamos jugando al ya tradicional Lobo cuyos participantes se involucran tanto que sus gritos impiden la correcta escritura de esta crónica.

CRÓNICA NUEVE. Muchas gracias Pushkin.


Emocionante. Después de las casi tres semanas de campo de trabajo y en nuestra última misa con los rusos estos nos han sorprendido con un impresionante gesto de agradecimiento que nunca antes había tenido lugar: se nos ha hecho entrega de la Medalla del Águila Blanca, la más alta distinción del antiguo Imperio Ruso. Distinción que como nos ha leído el párroco se nos ha concedido a “los jóvenes valerosos y esforzados, junto con sus profesores en señal de profundo agradecimiento por su ayuda generosa en el renacer de nuestra iglesia”. A recoger la distinción ha subido el sorprendido D. Alberto que tras recibirla, abrumado por el acontecimiento, ha conseguido articular unas palabras en reconocimiento a la deuda impagable que tenemos con esta comunidad de católicos en Rusia. La parroquia puesta en pie ha apoyado calurosamente esta entrega con una cerrada ovación que superando las diferencias del idioma nos ha transmitido su profunda gratitud. Escalofriante.

CRÓNICA FINAL. ¿Para qué ha servido todo esto?

Como última crónica sobre el Campo de Trabajo, queremos agradecer a todos nuestros alumnos y familias la ilusión que han tenido en este proyecto que continúa. Especialmente a Álvaro Fragua y Jaime Stein, dos alumnos que han sabido comunicar el día a día a través de la Web de Retamar.

Los últimos días de trabajo han sido un continuo ir y venir en busca de estropicios que hubiésemos causado para poder repararlos y dejar lo más limpia posible nuestra Iglesia, un frenesí por dar los últimos retoques y empezar pequeños proyectos para rematar otro mayores, un torbellino de afanados limpiadores y enceradores que se encargaban de que reluciese el trabajo hecho durante las tres semanas.

También ha sido la tarde de descanso del sábado con nuestra última visita a la ciudad de las noches blancas, a la Venecia del norte, donde hemos aprovechado para visitar las últimas callejuelas, comprar los últimos souvenirs y cenar todos juntos en una unión que viene ya desde el principio de este campo de trabajo, y que pasó esa noche por una serie de manteos a varios de nosotros, una unión que seguirá más allá de lo que hemos pasado y del propio Colegio.

No solo ha habido trabajo y descanso en estos 21 días, sino que, por encima de todo esto, hemos tenido la oportunidad de conocer a los habitantes de este país que tan amablemente nos han acogido. Ellos han conseguido que nuestra labor de reconstrucción fuese más que eso, que fuese una tarea de conversión al ver a la propia gente a la que estábamos ayudando a sacar Rusia adelante.

Junto con todo esto han venido las correspondientes despedidas para dar el último brochazo al campo de trabajo. Rusia ha sido también esa cancelación del vuelo, ese quedarse un par de horas esperando a la recolocación, el choque con el lujo del hotel después de venir de nuestra humilde morada en Pushkin, el despertar a las 3:15 de la mañana, el volar a las 7:00…

Sí, se puede decir que ha sido todo eso: trabajo, descanso, amigos, imprevistos, pero… no. No sólo ha sido eso. Lo que hemos vivido, lo que ayer nos produjo alegría al saber el retraso del vuelo, lo que nos ha dejado un sentimiento de nostalgia nada más coger el avión, ha sido algo más que un simple trabajo. Quedarse hasta la 1:30 de la madrugada para acabar de pintar, llegar agotado de trabajar y sin haber dedicado ni un minuto a uno mismo, ir corriendo a la cocina a ver si se podía ayudar, ese sacrificar 30 minutos de tu sueño para preparar el desayuno a los demás… Todo eso no eran obligaciones, eran las ayudas desinteresadas de unos por otros, que nos hacían en los posible sentirnos en casa.

¿Qué era lo que impulsaba esos generosos corazones, lo que daba fuerzas en el agotamiento y sonrisas en el abatimiento? Eso que nos ha impulsado a todos en cada picar, golpear, pintar, lijar, decorar, construir… eso era Rusia, el deseo de su conversión.

Aquí puedes ver panorámicas en 360º de los trabajos hechos.

Y también ver todas las fotos.

Noticias del Campo de trabajo en Sudáfrica 2014

Aquí puedes ver un álbum de fotos del Campo de trabajo en Sudáfrica.

Crónica 8 y última desde Barkly: ojalá no se nos olvide lo que hemos vivido aquí

No os podéis hacer idea de la cantidad de objetos que caben en una maleta. Algunos hemos descubierto hoy el espacio casi infinito que hay dentro. Tras el último día de trabajo toca recoger, pero, ¿cabrá ahí el resultado de quince días de experiencia africana? Tras el largo viaje de regreso, todos tendremos el recuerdo de haber vuelto con un equipaje mayor del que llevaron al partir. Podéis imaginar muchas de las cosas que llevarán. Pero las mejores permanecerán invisibles a los ojos de aquellos que no han vivido la aventura. He aquí algunas muestras.

Josep vive en el township. Tiene casi 60 años, aunque aparenta muchos más. Negro, calvo, escuálido. Viste con unos vaqueros gigantes y una camiseta gris medio rota. Va sucio y desprende un profundo hedor. No recibe ayudas estatales y su hijo le ha abandonado. Es alcohólico. Vive solo. Ayer un grupo fue a pintar su casa. Nos llamó la atención la profunda tristeza que mostraba su rostro. Cuando llevábamos ya un rato ahí, Rodrigo García decidió hablarle. Le preguntó por su nombre y con Juan González le cantaron canciones. En definitiva, le dieron calidez humana, algo que Josep no experimentaba desde hacía tiempo. Aunque fue solo un rato, a Rodrigo se le ha quedado grabada de por vida la sonrisa de felicidad de Josep y su afectuoso saludo de despedida.

En la maleta también caben historias de gratitud, como la que vivieron d. Juan y Juan Luis hace tan solo dos días. Un hombre negro de 50 años, con forro polar y entrado en carnes, se les acercó. No sabemos su nombre. Calvo y con un rostro afable, quiso agradecerles como ciudadano la excepcional labor y el bien que estábamos haciendo. A esa persona, como a tantas otras, le ha sorprendido que un grupo de blancos venga a ayudar a unos negros. Eso, remarcó, no lo había visto en toda su vida. Les preguntó nuestra religión. Católicos, respondió Juan Luis. El hombre les aseguró que rezaría a Dios por nosotros. Tras andar diez metros se paró, dudó y volvió sobre sus pasos. Les preguntó si conocían la figura de Mandela. Decía que la gente solo suele compartir sus mejores vivencias con aquellos que juzgan merecedores de tal privilegio. Fue solo una persona, pero su voz era la voz de un pueblo agradecido.

Otra historia de gratitud la ha vivido Quique Plaza en el hospital. Ahí nuestra labor se ha centrado en limpiar todas las dependencias. Más que el acabado final, el objetivo ha consistido en concienciar a los residentes y a los que trabajan ahí de la importancia de la limpieza. El nivel, tanto en el trato personal como en los servicios ofrecidos, puede mejorar si se cuida la higiene. Tras desinfectar una sala de enfermos, un miembro del personal sanitario le pidió a Quique que por favor no se marcharan. Y si lo hacían, que volvieran. Eso le conmovió. Quique vio en sus ojos el reconocimiento de la labor que durante varios días hemos realizado.

Pepe del Río ha tenido que añadir una preciada carta a su equipaje. El pasado viernes estaba algo resfriado y se quedó en el colegio donde nos hospedamos. A media mañana, salió, guitarra en mano, al patio del edificio para componer una canción. Pasados unos minutos estaba rodeado por varios estudiantes. De ese encuentro nació una amistad. Snethemba tiene 16 años y es el número uno de su promoción. Tras hablar un rato con él, Pepe descubrió que estaba desmoralizado. Snethemba no tiene padre. Ve poco a su madre y, como duerme en el colegio, no tiene mucho trato con ella. Tan solo tiene un amigo. Duda de que todo el esfuerzo que está invirtiendo en formarse merezca la pena. En Sudáfrica los trabajos dependen del gobierno. Eso implica que la iniciativa individual para formar un negocio es nula. Los ciudadanos están desanimados: sin la ayuda del Estado no saben qué hacer. Pepe le dio varios consejos para salir adelante: ir a la universidad, realizar un Erasmus, no centrarse solo en lo que el gobierno le podía dar, etc. Snethemba quedó emocionado. A los dos días Pepe se encontró una carta suya en la habitación. Se había ido a casa tras acabar el curso y le agradecía lo mucho que le habían ayudado sus palabras. Acababa diciéndole que ahí tenía un amigo.

Hay historias que se guardan para uno mismo por su valor emocional. Otras que se pueden contar. Otras, que se deben contar. Una de éstas es la de d. Pedro Marcos y Gonzalo Maortua. En su trabajo en el hospital conocieron a Ryan, blanco de 55 años. Estaba ahí porque tenía un cáncer en la rodilla: en dos semanas se la amputarán. Es católico, aunque no está muy unido con su familia. Para que os hagáis una idea, ha tenido que pedirle al hospital que le den unas horas para poder, en su estado, ir a cuidar a sus gallinas. No se lo puede pedir a su hija. Vive atormentado por su pasado, y quiso contárselo de un modo peculiar. Cogió una hoja y la dobló formando un avión. En la punta iba Jesús; él, en la parte trasera. Explicaba que el centro de su vida había sido Cristo, pero que él había cometido muchos errores. En ese momento arrancó una de las alas de papel. Siguió narrando sus tropiezos de antaño, y rompió el ala que quedaba. Gonzalo, le preguntó: ¿y qué espera de la vida? Ryan respondió: probablemente acabaré en un lugar que nunca conoceréis, y mientras decía eso formó la palabra hell (infierno) con el papel de las alas caídas. Sin embargo, a pesar de todas las adversidades, afirmó Ryan, nunca iba a perder la esperanza en lo que le quedaba de vida porque su guía estaba ahí. Y señalando el pico del avión, lo desdobló quedando la imagen de la Cruz. Esa historia se la habían explicado hacía tiempo con el deseo de que formara una cadena y la fuera transmitiendo. Eso es lo que han hecho d. Pedro Marcos y Gonzalo con su testimonio.

Esta es una parte del valioso equipaje que llevamos de vuelta. La otra, la iremos descubriendo cuando lleguemos y abramos nuestras maletas. Desde luego, a todos no ha impactado este campo de trabajo. De un modo u otro, nos ha transformado. Hay ganas de volver a Madrid, sin duda. Pero nos vamos sabiendo algo fundamental: siempre nos quedará Barkly East.

Crónica 7. Descubriendo lo que tenemos: ¡Gracias, padres, por habernos enviado a Retamar!

Hoy era el dia. A primera hora de la mañana se hacían públicas nuestras notas de Selectividad. La tensión se palpaba en el ambiente: el miedo a no aprobar, a no llegar a la media necesaria, a perder una beca…

Los ánimos de todos estaban dominados por esa incertidumbre. Hasta que llegaron las noticias. Y, para alegría de todos, nuestra promoción deja el Colegio por la puerta grande, con el 100% de aprobados en las PAU y con algunas calificaciones notoriamente altas. Gracias, profesores, por la buena preparación. Ha sido todo un placer.

Pero la lección del día ha venido después. Cuando hemos visitado la escuela pública del township —donde un grupo hemos pasado el día entero— todo ha conseguido conmovernos. El contraste entre los 12 años pasados en Retamar, nuestro Colegio, con lo que allí hemos visto y vivido nos permite darnos cuenta de que todo agradecimiento a nuestros padres por haber hecho el esfuerzo de llevarnos a Retamar es poco.

Durante estas horas hemos compartido culturas, hemos entonado himnos sudafricanos, hemos intercambiado palabras en africano y en español… Hasta nos hemos dejado ganar por los niños en un partido de fútbol en el patio. Otra gran experiencia que nos llevamos a casa.

Una vez más, gracias.

Y “gooi naand”, es decir, buenas noches.

Crónica 6. Cubrimos aguas en el edificio y nos volcamos con el “township

Llegamos a los últimos cinco días de trabajo y se empiezan a notar las bajas por cansancio y lesiones. Ayer celebramos el cumpleaños de d. Juan Navalpotro, nuestro gran jefe, y hubo un festival de lo más cómico: magia, canciones, y una genial representación de una junta de evaluación. Hasta d. Pablo Méndez se animó a hacer de Risto Mejide.

Tras haber levantado el esqueleto de la casa, hoy tocaba ponerle las paredes de madera, lijarlas y pintarlas. Gonzalo Maortua ha liderado el equipo que al final del día ha acabado poniendo el tejado. D. Luis ha insistido en que a eso se le llama “cubrir aguas”, y se termina poniendo una bandera. Así que la nuestra, como no podía ser de otro modo, está visible en lo alto.

A primera hora, d. Juan, d. Pedro Marcos, Felipe Vispo y Nacho Martín-Borregón han ido a la radio. Respondiendo a preguntas de los periodistas, han explicado qué hacemos aquí y cuál es el espíritu de nuestro voluntariado.

El grupo de zanja, encabezado por Raimundo Alonso, ha avanzado velozmente. Hoy han empezado con la ampliación de la cocina y ya están puestos los primeros ladrillos. Por supuesto la supervisión de todo corre a cargo de nuestro arquitecto, d. Luis Fragío.

Los “termitas” han apartado los escombros a un lado para facilitar las labores. Y otros han proseguido con la labor fuera del terreno: en la escuela y en el township.

El township es un conjunto de chabolas situado en la zona marginal del Barkly East. Es un conglomerado de chapa y adobe que ofrece unas condiciones de vida pésimas. No tienen alcantarillado ni agua corriente, así que podéis imaginaros cómo son las condiciones higiénicas: en los interiores sucios se encuentran ratones, arañas y cucarachas. Sus habitantes, todos de raza negra, luchan diariamente contra el hambre y el sida.

Antes del campo de trabajo creíamos que tras el apartheid, blancos y negros convivían felizmente, pero la realidad que vemos es otra. No hay odio ni exclusión social, pero todavía queda resentimiento y apenas se relacionan entre ellos. Por esto, nuestra labor en el township es importante. Como aquí los blancos no ayudan a los negros, ver a varios jóvenes limpiar y pintar las casas de aquellos que han sido olvidados por la sociedad, de aquellos que no tienen esperanza alguna en lo que les queda de vida, de aquellos cuya miseria les ha consumido, es un golpe de efecto significativo.

Igual no romperemos el muro social que todavía existe, pero sí nos sentimos orgullosos de estar dejando una importante grieta. Y puede ser el primer paso.

Crónica 5. Completamos la estructura del nuevo edificio

Llevamos ya una semana en Barkly y todo va sobre ruedas. Las obras han avanzado muy rápido y la estructura de la casa se alza sobre el jardín. Durante la semana que viene terminaremos por completo la obra, tal y como habíamos prometido.

En los columpios de los niños del orfanato ondea majestuosa la bandera de España: así jamás olvidarán la labor que unos españoles hicimos durante su invierno de 2014.

José María Alesanco, con la ayuda de su equipo, trajo leña suficiente para abastecer a todo el orfanato por mucho tiempo.

Hoy hemos patrullado el poblado entero recogiendo la basura de las calles. Varios nativos se nos han unido, y los que no, observaban asombrados el hecho de que 60 jóvenes recogieran su basura. Sí, poco a poco van asumiendo que el voluntariado existe.

Ayer algunos de nosotros tuvimos el placer de asistir a un Congreso en el Ayuntamiento, en el que se reunieron diferentes grupos de jóvenes. Lo montaron con la idea de que los alumnos de Retamar les aportáramos las pautas del éxito, pero fueron ellos los que nos aportaron la esperanza. Vimos que son una nación en la que el analfabetismo, el embarazo juvenil, el crimen, la droga y el sida ha devastado los pilares de lo que es una auténtica civilización, pero a la vez pudimos comprobar que son una nación en la que los jóvenes no han perdido la esperanza en salir adelante. Nos alentó mucho ver su optimismo de cara al futuro y la confianza que mostraban en sí mismos para sacar adelante Sudáfrica. Todo un ejemplo.

Los alumnos de Retamar seguimos exportando fútbol español. El pasado día vencimos al Barkly F.C. con una defensa férrea, y hoy hemos jugado un partido entre españoles en uno de los campos más impresionantes que hemos conocido, presidido por las majestuosas montañas sudafricanas y las impactantes favelas de la zona humilde del pueblo.

Por otra parte, hemos de resaltar las celebraciones de cumpleaños que están teniendo lugar. Mariano Olaso, Íñigo Bunzl e Íñigo Aranguren han disfrutado de los festejos que hemos montado: buena música, de la mano de Pepe del Río y otros, una inmejorable compañía y un toque mágico aportado por el inigualable Alejandro de Torres, todo ello regado con uas cervecitas.

Además Pablo Tavira ha organizado un torneo de mus en el que la competitividad está a flor de piel. Como era de esperar, d. Jesús Baiget e Ignacio Ramos han caído en la primera ronda.

Nos despedimos de vosotros, con los suaves ronquidos de fondo de Jaime Mesquida, que va a conseguir que sus compañeros de habitación le despierten a almohadazos. Buenas noches.

Crónica 4. La recepción oficial en el Ayuntamiento de Barkly y la derrota en Maracaná

¡Hola! O, como dicen aquí, “Molueini”. Es la primera palabra que hemos aprendido en el campo de trabajo. El día de hoy ha sido diferente. Hemos tenido el privilegio de ser recibidos de forma oficial por el Alcalde en el Ayuntamiento.

Allí asistimos a la representación de un grupo de lugareños que realizaron un baile típico de la zona. Hasta el propio Alcalde se unió al ritual. Después de numerosos discursos muy emotivos, incluyendo el pronunciado en perfecto inglés por don Juan Navalpotro, se procedió al intercambio de regalos.

En cuanto al trabajo, los alumnos más fornidos, encabezados por Fernando Martínez de Aspe y Miguel Fuentes, cavaron la zanja que más tarde sostendrá los cimientos del edificio, fabricados con las sorprendentes dotes de Gonzalo Pampillón en la cementera.

Mientras tanto, los más interesados en las ciencias biomédicas, realizaron una visita guiada al hospital del pueblo.

Tras reponer fuerzas con unas buenas chuletas de cerdo, algunos de nosotros tuvimos la posibilidad de disputar un partido de fútbol contra el equipo local de la ciudad. A pesar de sus patadas, sus increíbles aptitudes para la velocidad, y la estrecha amistad que mantenían con el árbitro, conseguimos mantener la dignidad, que unas horas más tarde perdería  nuestra selección nacional. Todo fue posible gracias al gol de Rafa Ibáñez y a las espectaculares paradas de Luis Maldonado.

Para tranquilizar los nervios previos al partido, los alumnos de BI celebraron el cumpleaños de su querido profesor don Javier López Balda jugando al Apalabrados.

Y, como no todo el monte es orégano, este increíble día finalizó con la derrota de España, que nos dejó unas caras algo más largas en alguno de nosotros.

Buenas noches desde Barkly East.

Crónica 3. “Una de las experiencias más fuertes de nuestras vidas”

Comienzan las emociones fuertes en el campo de trabajo. La zona de acción ha salido del perímetro del orfanato con el fin de que nuestra labor llegue a cada rincón de este lugar.

Un grupo de 10 alumnos, liderados por Pablo Méndez, se ha encargado de ir a las afueras del pueblo a enyesar y pintar la casa de una de las familias más necesitadas de Barkly. Ha sido una de las experiencias más impactantes de nuestras vidas: el contacto con un nivel máximo de pobreza y haber pasado un día entero en su hogar, conociendo la precariedad de su rutina, nos ha dado mucho en qué pensar, sobre todo porque nunca pierden la sonrisa.

Otro grupo, más reducido, ha visitado la escuela del pueblo y ha estado acompañando a los niños, que al final de la actividad les pedían que no se marchasen.

Otros,  guiados por un local, han visitado todo el pueblo. Esta actividad, aunque sea más cultural, también ha impactado mucho. Aquí casi todo nos sorprende, esto es una constante aventura.

Por otra parte, Luis Fragío ha puesto a su cuadrilla a pintar paredes en el  orfanato, en un color rosa pálido nunca visto por aquí.

Iremos  rotando en estas actividades, para que todos podamos disfrutar de ellas.

Nos despedimos de vosotros como cada noche, con Jaime Ramos haciendo su tabla de gimnasia para no perder la forma. Buenas noches.

Así ve la prensa local el Campo de trabajo

En este enlace está la página completa de la portada del Periódico local

Crónica 2: Nuestro primer día en Barkly

Después de 36 horas de viaje, llegamos a Barkly. El recibimiento fue muy cálido, en contraste con el intenso frío (tranquilas, madres: estamos bien abrigados). Tras la cena y nuestra primera misa sudafricana (muy musical), nos fuimos a dormir. El primer día de trabajo no ha dejado a nadie indiferente.

Después de un buen desayuno de huevos revueltos y bacon hemos sorprendido a los encargados del orfanato realizando el trabajo previsto para dos días en uno solo.
Por nuestra parte, lo de siempre: algo de caos y falta de herramientas, pero se ha demostrado que nada nos detiene.
El alcalde nos ha dado la bienvenida oficial y nos hemos dado cuenta de la situación real en la que se encuentra Barkly, donde el voluntariado no existe más allá de los alumnos de Retamar; por eso es tan importante nuestra labor aquí.
En la comida ofrecida por el alcalde hemos conocido la gastronomía tradicional, como pueden ser las tripas de oveja o la cerveza de gengibre.
Hemos terminado el día con un empate a tres en el derbi futbolero entre españoles y locales. Pero, en cuanto nos acostumbremos a la dureza de su juego, sólo tendrán lugar las victorias, a pesar del cansancio por el trabajo diario.
Los candidatos al “premio turista” de hoy son Ignacio Rodríguez Toquero, Jaime Machado y Rodrigo de Sebastián, por sus esfuerzos en el reconocimiento del territorio.
Mañana habrá más candidaturas a nuevos premios.
Buenas y frías noches desde Sudáfrica.

Crónica 1: Ya estamos en camino

Setenta alumnos de 2º de Bachillerato se han ido a un campo de trabajo en Sudáfrica en cuanto han acabado los exámenes de Selectividad. 70 es algo más de la mitad de la promoción. Muchos más han querido ir, pero no ha sido posible. Con ellos nos vamos todos. Han sido muchos años de apoyar ese proyecto.

Un campo de trabajo no es cómodo. Es trabajar dura y físicamente, en ocasiones de sol a sol. Cansa. No puedes hacer lo que te apetezca cuando te apetece. No hay comodidades. No hay caprichos. No hay cobertura.
Hay que vencer crisis. Hay que darse a los demás continuamente. Se trabaja para hacer la vida más agradable a otros, que tienen menos y a quienes seguramente no volverán a ver en su vida. Además, hay que estar pendiente del compañero. Hay que ceder. Hay que colaborar. Hay que pisotear el propio yo muchas veces al día. Hay que superarse y vencerse continuamente. Nadie puede ser el eslabón más débil de la cadena. Pero hay que estar atentos al eslabón débil para ayudarle.
Y como vale la pena, saben que ese esfuerzo es más que simplemente divertido: te hace feliz, que es mucho más profundo.
Sudáfrica puede sonar exótico y atractivo; y lo es. Pero el poblado al que vamos no deja de ser un sitio pobre, incómodo, seco y polvoriento. No es Ibiza.
Y van porque quieren. Porque quieren empezar a dar de lo mucho que han recibido. Porque asumen un reto. Porque es lo último que van a hacer juntos.
La alternativa era mucho más cómoda.
No siempre hay que esperar a que ocurran las cosas para que sean noticia. Y hay veces que la noticia no es lo que parece.

Crónicas de la “Gran Recogida del Banco de Alimentos”

BA1El primer fin de semana de di­ciembre de 2013, 250 alumnos de 4º ESO, 1º y 2º de Bachillerato, participa­ron en la “Gran Recogida del Ban­co de Alimentos”. Para esta labor de voluntariado, nuestros alumnos desplegaron un gran dispositivo de presencia en diferentes centros co­merciales de Madrid. De los 14.000 voluntarios que realizaron esta ac­tividad en toda España, nuestros alum­nos supusieron cerca del 2%, una muestra de la responsabilidad so­lidaria que mantienen durante su paso por Retamar. Agradecemos a todas las familias que colaboraron con sus aportaciones durante ese fin de semana, la cercanía que de­mostraron en los puntos de venta con nuestros alumnos.

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La realidad superó nuestras expectativas

Decía el Papa Francisco en la JMJ de Brasil que en nuestra socie­dad muchas veces dejamos de la­do a los jóvenes y a los ancianos. Y en ambos casos las razones son las mismas: nos falta creer en ellos, en su sabiduría, en lo que pueden aportar. Vaya por delante que jóve­nes y ancianos tienen posibilidades muy diversas, pero no cabe duda que muchas veces somos bastante ciegos a la hora de valorarlas.

La campaña del Banco de Ali­mentos fue una de esas ocasio­nes. Los profesores sabíamos que los alumnos podían dar mucho más de lo que ellos pensaban, pe­ro también nos quedamos cortos en nuestras suposiciones. Y es que el tiempo, el empeño, el buen hu­mor y la profesionalidad con la que trabajaron los doscientos cincuenta alumnos de Retamar nos deja­ron a todos admirados. Baste como prueba de lo que digo la reacción del Director del Colegio. El día anterior a la campaña le pedí que pasa­ra por algunos Centros comerciales para saludar a los alumnos que allí estuvieran y ver cómo iba su traba­jo. Lo cierto es que su agenda ese fin de semana no era fácil, pero se comprometió a ello. Para mi sorpre­sa, el lunes D. José Luis me comen­tó que se había pasado todo el fin de semana yendo de un Centro co­mercial a otro; visitó más de 15 en total. La satisfacción que le supu­so ver la entrega de los estudiantes fue la mejor inversión de tiempo de su fin de semana.

Javier García-Herrería, Profesor Encargado de 1º de Bachillerato

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Una huella especial

No sé exactamente cómo lo voy a contar pero sí tengo claro lo que he vivido. Todo empezó con una precipitada decisión en pro del bien ajeno. Primero se nos co­municó la participación del Cole­gio en la llamada Gran Recogida, en la que podríamos participar ayudando en un Centro comercial la mitad de un día del finde. An­te esto, un amigo y yo tomamos la decisión de no hacer un turno si­no dos, y para rematar la decisión los turnos serían seguidos. Si lo hici­mos fue tanto por las ganas juveni­les de ayudar como por la menos desinteresada búsqueda de ‘ga­nar’ puntos para el viaje a San Pe­tersburgo.

Así que ahí estábamos el sába­do tras los exámenes a las 8:45 en el Carrefour de Ciudad de la Ima­gen. Tras preparar el puesto cen­tral y recoger el peto identificativo fui con mi amigo a informar de lo que hacíamos. Toda la mañana la empleamos en sonreír y repetir, en tiempo récord, el incansable salu­do que aun hoy recuerdo: Buenos días, ¿le gustaría colaborar con el Banco de Alimentos? Estamos in­tentando recaudar la mayor canti­dad posible de alimentos no perecederos. Muchas gracias.

El agradecimiento se incluía fue­se positiva la respuesta o fuese ne­gativa y siempre iba acompañado de una sonrisa. Ya cerca del final se acercó al puesto la cámara de televisión de la Sexta. Tanto mi compañero co­mo yo perdimos la oportunidad de la fama, pues por el pasillo opues­to se nos acercaban más clientes.

Así finalizaba la mañana, que no nuestra jornada de solidaridad. Continuamos en el Mercadona de Monteclaro donde, tras comer en un bar, iniciamos la sesión de la tarde. Esta se desarrolló más tran­quilamente, la afluencia no era tan numerosa y nos encargamos del trabajo en la sombra: contar y empaquetar los alimentos. Así aca­bamos, y lo que no puedo escribir es la satisfacción que te embarga cuando te enteras de que has con­tribuido con tu granito a obtener 55 toneladas de alimentos. Cuan­do ahora, al escribir, miro atrás, no solo vuelve la alegría de haber ayudado en este acto de justicia humana, sino que me doy cuen­ta de que en verdad son los actos particulares los que forman el ca­rácter y que este ha dejado una huella especial.

Álvaro Fragua, 1º Bachillerato A

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Una montaña de ayuda a los demás

Cierto martes a la hora de Pláti­ca, nos citaron a todos los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato y 4º de ESO para explicarnos el funciona­miento de la nueva iniciativa en la que el Colegio se implicaba y ani­marnos a participar con el Banco de Alimentos.

Admito que todo el mundo se vio un poco obligado a participar en la campaña, en parte por con­ciencia propia y en parte por los profesores, pero muy pocos lo hi­cieron por voluntad y ánimo de alegrar la Navidad a los demás. Yo temo incluirme en el primer gru­po durante la charla, pero tengo la suerte de decir que me colé en el segundo cuando el domingo a las 3 de la tarde terminamos de colocar las últimas bolsas de todo un montón que pesaba 2,5 tone­ladas.

Me levanté a las 8 de la ma­ñana en casa de un amigo con el que compartía turno. Tras prepararnos y quedar con el resto de com­pañeros en la entrada principal del supermercado nos dispusimos a trabajar, con peto en pecho.

Al principio la vergüenza nos ganaba la partida en tímidas inter­venciones a viejecitas indefensas que siempre picaban el anzue­lo, pero a medida que la mañana trascurría la confianza de llevar el peto nos ayudó a abordar inclu­so a jóvenes de nuestra edad que nos miraban asombrados, bien por nuestro nivel de pardillos o por nuestro esfuerzo y dedicación ha­cia familias que no pueden permitirse ni el 10% de lo que ellos tienen.

Como el orgullo que sentían las ancianas al vernos y pensar que quizás la juventud de hoy no está tan perdida, no vale de nada si nosotros no sentíamos de verdad la labor que estábamos ha­ciendo: pasó de golpe de una ta­rea pesada “para el cole” a un favor que realizábamos encanta­dos.

Nos pusimos las pilas y comen­zamos a explicar a la gente la ra­zón por la que estábamos ahí, sintiéndolo de verdad. Comenza­mos a disfrutar anudando cada bolsa que sumaba 5 kilos más y que iba a ir a una familia que nos lo agradecería de corazón. Cora­zón, eso es lo que comenzamos a usar durante cinco horas, porque nunca está de más hacerle caso al­gún día, y ese día era el nuestro.

Como ya he dicho antes, yo era de ese 90% de gente que me­dio obligada accedió a inscribir su nombre en esta labor, pero tam­bién añado que fui uno de los vo­luntarios del Colegio Retamar que cambió de idea al comprender de verdad lo que sus cinco horas implicaban para los demás.

Doy gracias por la oportunidad de haber sido parte de esto, por­que es el momento en el que te das cuenta de que un grano de arena echado por 250 chicos de 15, 16 y 17 años puede llegar a construir una montaña. Una mon­taña que ayuda a los demás y nos ha ayudado a nosotros.

Antonio González-Pacheco, 1º Bachillerato D

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¿Y a qué vengo yo aquí?

Acabábamos de terminar exá­menes cuando me levanté un sá­bado por la mañana, dispuesto a ayudar a los más necesitados y repleto de ilusión por recaudar el mayor número de kilos posible en la famosa “Campaña del Banco de Alimentos””.

Ese sábado, a las 15:30 llegué con unos cuan­tos amigos el Carre­four de Ciudad de la Imagen para pasar unas horas recaudando todo tipo de ali­mentos. En un principio pensé: “¿Y a qué vengo yo aquí? Total, 10 ki­los arriba 10 abajo, qué más dará”. Al comenzar, decidí tomárme­lo con humor y con ganas de ha­cerlo bien. Y tras unas horas, me di cuenta de lo satisfecho que se queda uno recaudando tantos ali­mentos y viendo cómo la gente que iba entrando en el supermer­cado estaba dispuesta a aportar su granito de arena. También aprecié que las apariencias engañan: podías ver a un tipo bien vesti­do y con cara de simpático y que luego era todo una careta, ya que te res­pondía que no pensaba dar nada, o al contrario, gente con peores pintas y peor imagen, que apor­taba algo.

Y al día siguiente me levanté feliz al ver que nuestros resultados habían sido todo un éxito y que uno se lo podía pasar en grande con los amigos ayudando a los demás.

Álvaro Goenaga, 1º Bachillerato C

Con muy poco podemos hacer mucho

Poco antes de las Navidades, el Banco de Alimentos organizó una gran re­cogida de comida no pe­recedera para ayudar a más de 100,000 personas que están ba­jo el umbral de la pobreza en la Comunidad de Madrid. Doscientos cuarenta alumnos de entre 15 y 17 años de Retamar hemos servi­do como voluntarios en este gran proyecto solidario, recogiendo ali­mentos en supermercados de Po­zuelo de Alarcón, Majadahonda y Las Rozas. Las cifras reflejan que, como no podía ser de otra forma, hemos superado las expectativas recolectando casi 80 toneladas de comida. Una clara muestra de có­mo la combinación de solidaridad, ilusión y trabajo de todos no en­tiende de fronteras.

Desde aquí queremos agrade­cer al Banco de Alimentos la orga­nización de esta campaña que no sólo cambiará las navidades de mi­les de familias españolas sino que además nos recuerda que com­partir con los más necesitados es un deber de todos y que, una vez más, con muy poco podemos ha­cer mucho.

Jaime Stein, 1º de Bachillerato A

Un viernes de 17,50 a 21,30

Los días 29 y 30 de noviem­bre y 1 de diciembre, tuvimos la oportunidad de participar como voluntarios en la Gran Recogida, or­ganizada por el Banco de Alimen­tos. El turno de mi grupo comenzó el viernes a las 17:50 y finalizó a las 21:30. Nuestra labor consistía en re­colectar la mayor cantidad de ali­mentos, a base de la generosidad de los compradores. Esto además conlleva una labor organizativa de separación y contabilidad de los ali­mentos donados.

Todo comenzó con la presenta­ción de Don Carlos, un voluntario del Banco de Alimentos, encarga­do de nuestro grupo. Una vez situa­dos, y tras varias horas de recogida de alimentos, empezamos a conta­bilizar todos los alimentos que esta­ban en las cajas que había puesto el Banco. ya que el propio super­mercado (Mercadona de Montecar­melo) también iba a colaborar con la entrega de alimentos.

Un día más tarde, nuestro orga­nizador, contactó con nosotros pa­ra anunciarnos que nuestro trabajo había servido para recolectar 6 to­neladas de alimentos, y felicitarnos porque superamos las expectativas que había puestas en el Centro Co­mercial donde trabajamos.

Felipe Vispo, 2º Bachillerato B