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Los “privilegiados” de 3º ESO

En este curso 2015/16 los alumnos de 3o de ESO hemos comenzado una nueva actividad de solidaridad en la Fundación Gil Gayarre. Esta fundación, como recoge en su página web, “nace en 1958 con el objeto de amparar y tutelar a las personas con discapacidad intelectual de todas las edades, promoviendo su educación, formación y desarrollo integral. Todo ello sin finalidad lucrativa”.

Tuvimos conocimiento de esta fundación y de sus fines el lunes 25 de enero, en el que un grupo de alumnos de la Fundación, acompañados por algunos de sus profesoras, impartió una conferencia a los alumnos de 3º y 4º ESO de Retamar en el Auditorio del Colegio.

A partir de ese día de enero hemos comenzado a realizar unas visitas al centro que esta Fundación tiene en Pozuelo de Alarcón. En estas visitas, que efectuamos los miércoles por la mañana, un grupo de ocho alumnos de 3º de ESO de Retamar compartimos con alumnos de la Fundación su tiempo de descanso conversando con ellos y realizando algunas actividades de deporte, propias de esos momentos de receso.

Considerando el poco tiempo transcurrido desde el inicio de esta actividad de solidaridad, hemos sido pocos los alumnos “afortunados” que ya la hemos podido realizar. Queremos recoger en este Retamatch algunas de nuestras impresiones.

 

“A las 11:15 de la mañana, un antiguo alumno de Retamar nos llevó a siete amigos y a mí a la fundación. Esperamos en un campo de fútbol y, a las 11:30, adolescentes de entre 12 y 20 años comenzaron a llegar. Les saludamos, y les invitamos a jugar con nosotros al fútbol; bueno, más bien nos invitaron ellos a nosotros, ¡que es su colegio! Me gustaría remarcar la amabilidad y alegría con la que estas personas nos acogieron en su centro, jugando con nosotros al fútbol y al baloncesto como si fuésemos sus mejores amigos; ¡unos grandes anfitriones!

Personalmente, agradezco a Retamar esta oportunidad que nos ha brindado; estos alumnos de la Fundación nos han dado un ejemplo de alegría y superación ante el sufrimiento.

Por ello, en este año de la misericordia, invito a todos los alumnos del Retamar, familiares y colaboradores a participar en actividades de ayuda a los más necesitados. Muchas gracias”.

Borja Montesino-Espartero (3º de ESO A)

 

“La pasada semana algunos privilegiados de 3º de la ESO pudimos acudir a pasar un rato junto con personas con discapacidad intelectual de la fundación Gil Gayarre. Digo privilegiados porque en todos estos eventos de tipo solidario y caritativo uno disfruta de la compañía de estas personas, que, a pesar de su discapacidad, ven y hacen ver toda situación de la vida con optimismo y alegría.

A priori puede parecer que son ellos los que necesitan de nuestra ayuda, como es natural, pero también nosotros -privilegiados- necesitamos de ellos para olvidarnos de nosotros mismos y centrarnos en los demás y de una manera especial en los más necesitados.

Me gustaría agradecer estas oportunidades que nos da el colegio de acudir a fundaciones tan buenas como esta, porque ahí es donde nos damos cuenta de todo lo que tenemos y de las gracias que tenemos que dar a Dios.

Como anécdota, me impactó de modo especial el ver que un muchacho con discapacidad que rondaba los doce años no se separaba de mí. En un momento dado le vi repetir muchas veces un gesto que yo había hecho al hablar. Esto me llevó a pensar en el notable ejemplo que damos en cada sitio al que acudimos, y lo mucho que alguien como este chico se puede fijar y tratar de aprender de nosotros”.

Santiago Herrero-Tejedor (3º de ESO D)

 

“Aunque nuestro objetivo era hacerles felices a ellos, nos dimos cuenta de que buscar su felicidad nos hacía felices a nosotros.

Agradecemos al Colegio esta oportunidad única que nos ha dado y agradecemos a Dios nuestra salud y nuestra capacidad de aprendizaje.

Nos lo pasamos especialmente bien con Alberto, Daniel y también con el resto de personas con las que estuvimos jugando al baloncesto.

Para terminar queremos manifestar que desearíamos vivamente poder repetir esta extraordinaria experiencia”.

Rafael Torre de Silva Valera, Domingo Prada Olivé y Jacobo Vila Recio

 

 

 

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Los que no dejan resquicio a un corazón templado

Por Felipe Heredero y Pablo Ruiz-Tagle (3ºESO)

El día que me dijeron en clase que me tocaba ir a la residencia para personas dependientes “San Carlos”, residencia donde viven personas invidentes y con un poco de retraso mental, me produjo un leve temor, a la vez que cierta curiosidad por la oportunidad que se nos brindaba de ser caritativos con estas personas.

Antes de llegar, en la furgoneta, mi única preocupación era salir de allí cuanto antes, pero nada más llegar y bajarme, pensé: ¿y si hubiese sido uno de mis hermanos al que le hubiese pasado esto? Así que entré con decisión y me dispuse a tratar a estas personas como si fueran muy cercanas a mí. A algunos compañeros, el primer contacto, les supuso incluso más impresión si cabe. He oído que hay quien llega incluso a bloquearse.

Tengo que reconocer, que al principio, las canciones y las actividades, no nos salieron con naturalidad, pero esta gente no deja resquicio a un corazón templado y comprobé que eran muy agradecidos por el más mínimo detalle que les ofreciésemos. Entonces es cuando esa duda inicial se pierde y da paso a un sentimiento de humanidad que te permite vislumbrar lo dura que puede llegar a ser la vida de cada una de estas personas.

Según fue transcurriendo la mañana me sentía más a gusto en aquel lugar, además el rostro de estas personas siempre dibujaba una sonrisa agradecida que nos reconfortaba. Nunca pensé que jugar al dominó, tocar el xilófono y cantar canciones como la de don Pepito fuera tan divertido. Todo tomaba un nuevo sentido, dejé de pensar en las clases que iba a perder, para vivir el momento con ellos.

Entonces, me sentí afortunado, pero sobre todo, lo que más me gustó fue pensar en el bien que había hecho con un simple gesto que por insignificante que fuese me llenaba de alegría y de ganas por ser mejor persona. No me hubiese importado quedarme todo el día con aquellas gentes tan maravillosas y especiales, pero por desgracia después había clase de Lengua y había que regresar…

El día que empezó siendo un viernes cualquiera, acabó como uno de los más especiales de mi vida, un día que nunca olvidaré…

Es increíble como esta experiencia te cambia por dentro y por fuera. Todas esas pequeñeces que tan injustas te parecían, todas tus penas y sufrimientos, por muy gran-
des que sean, se desvanecen al pensar en estas personas, que sufren el triple en su día a día. Ahora mismo, reflexionando sobre esta asombrosa experiencia, me doy cuenta de cómo nos cambian estas personas a las que deberíamos tener como ejemplo.

Una experiencia única y… repetible

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Los viernes, los alumnos de 3º de ESO realizamos una activi­dad solidaria que consiste en visitar el Centro de día San Carlos. A él asisten personas discapacitadas cuyo coeficiente intelectual es infe­rior a 60 y que padecen ceguera.

Al llegar, quisieron que nos pu­siéramos en su lugar y nos hicieron una prueba auditiva. Nos dividie­ron por equipos y, tapándonos los ojos, teníamos que adivinar el or­den en el que habían hecho sonar cuatro campanas, marcadas con colores. Gonzalo lo hizo genial, a los demás no se nos dio muy bien… También nos enseñaron una máquina para escribir textos en braille y nos explicaron cómo utilizarla. La máquina disponía de seis teclas y, dependiendo del or­den en el que las pulsases, escribía la letra correspondiente. También nos mostraron unos juguetes con los que aprendían las figuras de los coches, camiones y animales para poder reconocerlos luego en la vi­da real.

Después de esto, fuimos a ver a las personas con las que íbamos a pasar la mañana. Al principio, que­damos muy impresionados al ver su forma de actuar. Sin embargo, luego fuimos a pasear con ellos y estuvimos muy a gusto. Estuvimos charlando con ellos por el recinto. Unos cuantos de nosotros estu­vimos con un señor que se llama Carlos, de unos cuarenta y cinco años aproximadamente. Nos estu­vo contando los horarios del cen­tro de día, qué hacían y tam­bién que ha­bían hecho una excursión a Val­verde. Nos es­tuvo contando también re­cuerdos suyos, pero lo que más nos impresionó es que sabía calcular en qué día de la semana había caído cualquier fecha. Lo comprobábamos y ¡siem­pre acertaba!

También conocimos a Fernan­do, el hermano pequeño de Car­los. Se despidió de nosotros dando saltos de alegría. Una mujer, Isa­bel, nos contó que no le gustaba mucho el ruido, por lo que se iba a una habitación aparte para po­der estar más tranquila. “Le gusta­ba mucho hablar con nosotros”Nos impactó muchísimo ver cómo co­nocía la casa entera y su entorno sin poder ver absolutamente na­da. También nos contaron que otra de las personas del centro, sin ayuda de nadie, colocó todos los adornos de Navidad de la residen­cia. Juan era otro de los asistentes al centro de día y cuando fuimos a pasear con él era él quien, sin ver, nos guiaba por todo el recinto.

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Para la mayoría de nosotros, era la primera vez que visitábamos un centro así. De hecho, muchos no sabíamos que estos centros exis­tían. Ha sido una experiencia úni­ca e inolvidable. Nos hemos dado cuenta de la suerte que tenemos y de todo lo que podemos disfru­tar, pero también cómo ellos pue­den disfrutar y ser felices. También nos sorprendieron los terapeutas y voluntarios, que dan su vida y tra­bajan por y para ellos, siempre con una sonrisa en la cara. Nos encan­taría poder volver, porque ha sido una experiencia impresionante. Para nosotros fue increíble poder vivir en su mundo, que es el mis­mo que el nuestro al fin y al cabo, durante una mañana.

Gonzalo Beamonte, José María Martín, Alfonso Sánchez, José Luis Castedo y Jacobo Paunero, 3º ESO

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Visita a una Residencia de ancianos

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En una actividad solidaria, el fin siempre es el mismo: la feli­cidad de otras personas, ya sean mayores o pequeñas. Hay mu­chas formas de ayudar a los de­más, como por ejemplo: donar dinero en el Domund, asistir al asilo o residencia de ancianos, etc. He tenido la suerte de estar en una residencia de ancianos y de poder haber hecho felices a unas cuantas personas mayo­res que tenían discapacidades de todo tipo, desde síndrome de Down hasta ceguera.

Lo mejor de estas actividades es que te ayudan a recapacitar y te llevan a pensar que en este mundo hay muchas personas que sufren y que el que les vengan a visitar unos niños —como mis ami­gos y yo— les “alimenta” más que comer sin ninguna compañía.

Una manera de recapacitar es darte cuenta de que “siempre me preocupo por mí; si me lo paso bien yo, no si se lo pasan bien los de­más”. Luego, llego allí, me planto delante de los ancianos y lo prime­ro que me digo por dentro es: “Qué personas tan viejas, feas, gordas,…” Pero enseguida lo pienso y me digo: “Eres un estúpido; todas esas perso­nas te esperan con ilusión para que las hagas felices y lo único que pien­sas es eso, ¡eres un c…!” Esta es una manera de recapacitar.

Por lo tanto uno no puede pensar cuando va a una residencia: “Voy a perder clase, ¡toma, como mola! ¡No!, tiene que ir sabiendo que va a ha­cer felices a muchas personas, y que él mismo como persona va a mejo­rar, aunque no se dé cuenta de ello.

Jaime López Seoane, 3º ESO

Familias solidarias

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Os vamos a contar nuestra experiencia como voluntarios de la ONG Desarrollo y Asistencia. Durante dos sábados al trimestre toda la familia nos encargamos de recoger a un niño que puede tener diferentes problemas, y lo llevamos a realizar una actividad, normalmente programada por la ONG.

Allí, nos encontramos con la familia coordinadora y otras familias que también han recogido a un niño discapacitado. Las actividades que realizamos son de todo tipo: jugar al fútbol, visitar distintos museos, juegos, actividades con animadores… Lo que tratamos de hacer es por un lado, liberar unas horas a los padres para que tengan algo de tiempo para ellos pues (sus hijos discapacitados requieren normalmente una atención continua de todo el día), y por el otro llevar a estos chicos que no tienen tanta suerte como nosotros, a realizar actividades divertidas.

El sábado pasado fuimos al Museo del Aire, que está muy bien, tiene muchos aviones y helicópteros, desde los primeros inventos hasta los últimos reactores. A la una y media dejamos a José en su casa, encantado con su póster de aviones y el libro sobre el museo.

Además, gracias a este voluntariado, estamos realizando juntos diferentes actividades culturales, deportivas, etc., que refuerzan nuestros propios lazos de familia.

Carlos Martín (3º ESO A) y Álvaro Martín (1º ESO F)

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Solidaridad en el Hogar Don Orione

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Don Orione es un centro para personas con discapacidad mental. Todos los que están ahí tienen problemas psíquicos Hay personas que les cuidan y que tienen una paciencia increíble porque no es fácil tratar con estas personas. Nosotros fuimos ahí para estar un poco con los enfermos. Nos tocó uno que se llamaba Jose Luis y lo único que teníamos que hacer era pasearle un rato en su silla de ruedas. A mí me parecía poco, pero para ellos era un gesto muy grande. Estoy seguro de que aunque no pudiese hablar estaba feliz y muy agradecido. Tampoco sonríen pero se le veía feliz. A Jose Luis como a muchos de los que están ahí les viene a visitar su familia, pero también les hace ilusión la visita de gente que no conocen para darse cuenta de que también les importan a más gente. A mí me hubiese gustado pasar un poco más de tiempo con ellos pero no pudo ser. Con esta visita me he dado cuenta de que tenemos que estar muy agradecidos por nuestra salud y que nos podemos olvidar de estas personas, que también son humanas aunque a veces se les trate con desprecio. Espero volver en alguna otra ocasión si es posible y animo a más gente a ir.

Rosendo Llorente 3º ESO C

Cuando entramos en D. Orione me pareció un centro de discapacitados normal (ya he tenido esta experiencia tan buena otra vez). Subimos a la sala donde estaban las personas que ibamos a llevar de paseo. Uno no andaba muy bien, otro se paraba todo el rato a mirar los coches por dentro y al que paseé yo no aguantaba demasiado los ruidos fuertes. Todo el rato que estuve ahí estuve dando gracias a Dios porque me ha dado la vida, mi familia, mis amigos, mi país, mi casa, mi colegio, mi salud, y sobre todo como soy. ¡Gracias Dios!

Santiago Díaz de Bustamante Ussía 3º ESO E

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He tenido la oportunidad de experimentar lo que se siente al cuidar a personas de todas las edades con una discapacidad mental, física o ambas. Las personas que se encargan del centro que hay en Pozuelo son personas normales y caritativos; entre ellos había un cocinero, tres enfermeras y un conductor de autobús. Había varias personas discapacitadas, pero que sentían, y lo más importante, aún podían reír y sentir la felicidad. Mi experiencia fue gratificante y única en la vida. Ayudar a estas personas es algo especial, ya que haces que se sientan útiles y en compañía. Se sabían numerosas poesías, y parecía increíble la cantidad de ellas que te podían recitar de memoria. También era divertido ir con ellos a dar una vuelta y preguntarles sobre sus vidas, o simplemente hacerles reír. Con este texto espero animaros a que visitéis a estas personas, porque es una experiencia única e inolvidable.

Borja Ocejo Álvarez–Valdés 3º ESO F

He tenido la gran suerte de poder ir a visitar a unos discapacitados mentales y físicos. La mayoría de ellos eran ciegos. Este colegio se llama Don Orione. Fuimos en una furgoneta desde el Colegio y por el camino nos fueron explicando lo que teníamos que hacer al llegar allí: darles de comer, hacerles pasar un buen rato, hablar con ellos, jugar, etc. Las personas que están allí cuidándoles tienen un gran mérito por hacer lo que hacen cada día del año con tanto amor y dedicación. En el rato que estuvimos con ellos nos enseñaron cómo escriben en braille y una de las señoras que escribía muy bien puso —porque se lo dijo el señor que nos llevó— que los de Retamar éramos “pijos”. Dos de los enfermos eran hermanos, uno de ellos no paró de dar vueltas la hora y media que estuvimos allí, y el otro sabía a qué correspondía cada día del año y se sabía los diálogos de la película de Robinson Crusoe de memoria. Para mí ha sido una buenísima experiencia, porque me hizo recapacitar y pensar que teníamos que dar siempre muchas gracias a Dios por ser como somos y tener la salud que tenemos, ya que muchas veces piensas que estar bien es lo normal.

Amalio Marichalar 3º ESO F