Visitar con la familia a una persona sola

Muchas veces no nos acordamos de las personas mayores que tanto bien han hecho por la sociedad y que ahora pueden sentirse muy solas y olvidadas. Por eso una actividad solidaria muy interesante es ir a visitar y acompañar un rato a esas personas.

En Navidad acompañé a mi madre, junto con mis hermanos, a visitar a Josefina. Tiene 94 años y no tiene familia. Creo que ella lo pasó muy bien contándonos repetidamente anécdotas de su infancia, porque lo que más necesitan estas personas es un rato de compañía y alguien que les escuche.

Para nosotros fue muy gratificante el ver que con tan poquito esfuerzo habíamos hecho feliz esa mañana a Josefina. Ella es una persona muy generosa, que siempre ha estado pendiente de los que le rodean y eso es un buen ejemplo para nosotros. Detrás de estas personas mayores que viven solas y olvidadas hay toda una vida y pueden enseñarnos muchas cosas.

Además nos sirvió para abrir los ojos y ver la realidad y los problemas que viven personas que tenemos cerca y, normalmente, a nuestra edad no somos conscientes de ello.

Javier e Íñigo Díaz de Rábago (2º D Y 2º E ESO)

 

 

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Los “privilegiados” de 3º ESO

En este curso 2015/16 los alumnos de 3o de ESO hemos comenzado una nueva actividad de solidaridad en la Fundación Gil Gayarre. Esta fundación, como recoge en su página web, “nace en 1958 con el objeto de amparar y tutelar a las personas con discapacidad intelectual de todas las edades, promoviendo su educación, formación y desarrollo integral. Todo ello sin finalidad lucrativa”.

Tuvimos conocimiento de esta fundación y de sus fines el lunes 25 de enero, en el que un grupo de alumnos de la Fundación, acompañados por algunos de sus profesoras, impartió una conferencia a los alumnos de 3º y 4º ESO de Retamar en el Auditorio del Colegio.

A partir de ese día de enero hemos comenzado a realizar unas visitas al centro que esta Fundación tiene en Pozuelo de Alarcón. En estas visitas, que efectuamos los miércoles por la mañana, un grupo de ocho alumnos de 3º de ESO de Retamar compartimos con alumnos de la Fundación su tiempo de descanso conversando con ellos y realizando algunas actividades de deporte, propias de esos momentos de receso.

Considerando el poco tiempo transcurrido desde el inicio de esta actividad de solidaridad, hemos sido pocos los alumnos “afortunados” que ya la hemos podido realizar. Queremos recoger en este Retamatch algunas de nuestras impresiones.

 

“A las 11:15 de la mañana, un antiguo alumno de Retamar nos llevó a siete amigos y a mí a la fundación. Esperamos en un campo de fútbol y, a las 11:30, adolescentes de entre 12 y 20 años comenzaron a llegar. Les saludamos, y les invitamos a jugar con nosotros al fútbol; bueno, más bien nos invitaron ellos a nosotros, ¡que es su colegio! Me gustaría remarcar la amabilidad y alegría con la que estas personas nos acogieron en su centro, jugando con nosotros al fútbol y al baloncesto como si fuésemos sus mejores amigos; ¡unos grandes anfitriones!

Personalmente, agradezco a Retamar esta oportunidad que nos ha brindado; estos alumnos de la Fundación nos han dado un ejemplo de alegría y superación ante el sufrimiento.

Por ello, en este año de la misericordia, invito a todos los alumnos del Retamar, familiares y colaboradores a participar en actividades de ayuda a los más necesitados. Muchas gracias”.

Borja Montesino-Espartero (3º de ESO A)

 

“La pasada semana algunos privilegiados de 3º de la ESO pudimos acudir a pasar un rato junto con personas con discapacidad intelectual de la fundación Gil Gayarre. Digo privilegiados porque en todos estos eventos de tipo solidario y caritativo uno disfruta de la compañía de estas personas, que, a pesar de su discapacidad, ven y hacen ver toda situación de la vida con optimismo y alegría.

A priori puede parecer que son ellos los que necesitan de nuestra ayuda, como es natural, pero también nosotros -privilegiados- necesitamos de ellos para olvidarnos de nosotros mismos y centrarnos en los demás y de una manera especial en los más necesitados.

Me gustaría agradecer estas oportunidades que nos da el colegio de acudir a fundaciones tan buenas como esta, porque ahí es donde nos damos cuenta de todo lo que tenemos y de las gracias que tenemos que dar a Dios.

Como anécdota, me impactó de modo especial el ver que un muchacho con discapacidad que rondaba los doce años no se separaba de mí. En un momento dado le vi repetir muchas veces un gesto que yo había hecho al hablar. Esto me llevó a pensar en el notable ejemplo que damos en cada sitio al que acudimos, y lo mucho que alguien como este chico se puede fijar y tratar de aprender de nosotros”.

Santiago Herrero-Tejedor (3º de ESO D)

 

“Aunque nuestro objetivo era hacerles felices a ellos, nos dimos cuenta de que buscar su felicidad nos hacía felices a nosotros.

Agradecemos al Colegio esta oportunidad única que nos ha dado y agradecemos a Dios nuestra salud y nuestra capacidad de aprendizaje.

Nos lo pasamos especialmente bien con Alberto, Daniel y también con el resto de personas con las que estuvimos jugando al baloncesto.

Para terminar queremos manifestar que desearíamos vivamente poder repetir esta extraordinaria experiencia”.

Rafael Torre de Silva Valera, Domingo Prada Olivé y Jacobo Vila Recio

 

 

 

Las visitas a la residencia Casablanca

Una de las actividades de solidaridad que hacemos en Retamar, todos los viernes, consiste en que ocho alumnos de 2º de E.S.O. vamos a una residencia de ancianos, para hacer, voluntariamente, una actividad en la que pasamos un buen rato con esas personas.

A nosotros nos entusiasma ir, pero cuando ves las caras de emoción de los ancianos por ver a jóvenes haciéndoles pasar buen rato, la sensación se convierte en increíble. Primero los saludamos y les damos un poco de conversación para conocerlos un poco. Algunos de ellos nos cuentan lo que hicieron de jóvenes, su profesión, su infancia… mientras nos han asignado a los alumnos a una mesa cada uno. Después ayudamos a organizar la actividad programada para ese día; dependiendo de esto se juega al bingo, se dibuja…

Durante la actividad se les ayuda: si es el bingo, les decimos algunos números que se les escapan. Mientras, nos preguntan sobre dónde vivimos, en qué colegio estudiamos, qué curso hacemos, si no estaríamos mejor en el colegio… A esto último nosotros les respondemos que no, que nos gusta ir a verles y así salimos del colegio un rato.

A nosotros nos encanta ir pero lo más chulo no es jugar al bingo ni dibujar, es estar con estas personas haciéndoles pasar un buen rato a ellos. También nosotros les hacemos preguntas, pero con más cuidado, como qué actividades hacen en la residencia y cuáles hacían de jóvenes. A los señores les preguntamos si les gusta el fútbol y de qué equipo son, a las mujeres si tienen nietos o si les gusta coser.

Miguel Gómez Martín-Crespo

 

Hace un par de semanas fui con unos compañeros a una residencia de mayores. La verdad es que al principio tenía un poco de miedo ya que nunca había estado en un lugar así, con personas mayores.

Cuando llegamos, alguien nos dijo que ayudáramos a varias personas a jugar al bingo. A mí me tocó estar con cuatro señoras que apenas podían hablar; una de ellas ni siquiera podía ver bien las fichas. Al empezar el juego no sabían dónde colocar las fichas, así que las ayudé. Al final, una de ellas ganó y me dio las gracias efusivamente.

Ayudar a las personas mayores te hace madurar y ser mejor persona, además de pasártelo bien.

Emilio Castro de Navasqüés

 

Yo también he ido a la residencia de ancianos. Allí encontramos mucha gente mayor y decidimos jugar al bingo con ellos. César y yo nos ofrecimos a ser los que “cantaban” los números y nos sentamos junto a una señora muy simpática que ganó dos veces seguidas.

Al finalizar nuestra actividad solidaria me sentí muy bien ya que ayudé a personas débiles a pasar  unos momentos felices y distraídos y me complace ser solidario con los demás.

Jaime Perán Montes-Jovellar

 

Cuando llegamos encontramos a unas señoras ancianas, muy simpáticas a las que saludamos en la entrada. Una vez dentro vimos unos cuantos residentes repartidos entre varias mesas; estaban esperando que llegáramos para jugar al bingo. Éramos ocho y dos se encargaban de dar al bombo para ver qué números salían; el resto estábamos repartidos por las mesas, ayudando a algunos ancianos.

Yo estuve con dos señoras y un hombre que estaban un poco lejos y les tenía que repetir los números para que oyeran bien. No ganaron nada pero fue una satisfacción hacer las cosas bien para que aquellas personas pasaran un rato agradable.

Santiago Pérez de Ascanio Fernández de Mesa

 

En la visita a la residencia de ancianos, a mí me tocó ayudar a una señora muy maja llamada María; sonreía todo el rato y eso me animaba mucho. Yo había ido allí con algunas reservas, pero aquella señora y todos, en general, me animaron y reconozco que lo pasé muy bien riéndome con algunos compañeros —Gonzalo Chiva y Andrés Sánchez de Ágreda—, que tenían que “cantar” los números del bingo… ¡33! ¡3! ¡3!

Me despedí de ellos con pena, pues me habían caído muy bien; me encantaría volver pronto otra vez.

Tomás Montilla García

 

En esta experiencia he crecido tanto moral como espiritualmente, porque me ha hecho ver los problemas de otras personas cuando a nuestra edad estamos pensando, casi siempre, en nosotros mismos y solo en nosotros mismos, sin tener en cuenta que otras personas lo están pasando mal y que hay que ocuparse de ellas. Hay muchas personas que viven abandonadas por sus hijos.

Yo siempre he pensado que,por muchas presiones y responsabilidades que tengamos, lo más importante es cuidar y ocuparse de la familia.

Fernando Alfaro Alonso-Lamberti

 

Un día fuimos a una residencia a visitar a unos ancianos que tenían algunos problemas de salud. Jugamos al bingo con ellos y les ayudamos a entretenerse todo el tiempo.

Me reconfortó mucho haber contribuido en esta actividad. En mi anterior colegio no hacíamos actividades como esta.

La verdad es que dieron un poco de pena algunas de estas personas y sentí que tenemos una gran necesidad de ayudar a las personas mayores pues cuando nosotros seamos ancianos también querremos que nos ayuden. Si tú ahora te preocupas por tus hijos, normalmente, tus hijos se preocuparán por ti. Por eso hay que ayudar a los demás, ya que te lo recompensarán ayudándote cuando lo necesites.

Creo que estas actividades resultan muy útiles.

Adrián de la Orden Andrino

La campaña de Navidad

Un año más la Campaña de Navidad ha sido un éxito. Este curso se cumplen 30 años desde que comenzó esta iniciativa en Retamar. Hay que remontarse al año 1975.

Carmen de Echánove empezó a dar catequesis en los barrios marginales de Pitis, próximos a la naciente urbanización Mirasierra. Ya entonces vio la necesidad de ayudarles no sólo en lo espiritual sino también en lo material. Por ello empezó a conseguir alimentos, mantas y dinero para ayudar a muchas familias a través de la parroquia de san Víctor. Solicitó ayuda a más colegios y en 1985 contactó con Retamar, que contribuyó generosamente. Viendo que la colaboración fue tan eficaz, Retamar se convirtió a partir de entonces en un maravilloso benefactor para esas familias desfavorecidas.

Empezamos con el maletero de un coche lleno de alimentos; luego una furgoneta… y actualmente llevamos 7 furgonetas cargadas de alimentos. Los destinos son diversos: la parroquia Santa Edith Stein, la Asociación Valdeperales, las Hermanitas de los pobres de Los Molinos y la parroquia del beato Manuel González de San Sebastián de los Reyes.

En 1990 empecé a encargarme del reparto de los alimentos de la campaña y he contemplado un crecimiento constante en la generosidad de las familias de Retamar.

Hacemos competiciones en los diferentes cursos para estimular que los alumnos traigan muchas cosas y son días de gran movimiento e ilusión. El día de la campaña un grupo de unos 20 alumnos se encargan de recoger los alimentos en todas las secciones del colegio. Después del reparto en los diferentes lugares disfrutamos de una estupenda comida en la casa de Dña. Carmen. Cantamos villancicos, con castañuelas incluidas, tocamos el piano, jugamos al fútbol… y vivimos un día fantástico que nos ayuda a prepararnos para la Navidad ayudando a gente necesitada. Una gozada que se repite año tras año.

Gabriel Echánove

Catequesis en Vallecas

No pensé, ya entrado 2º de Bachillerato, que pudiera sacar tiempo para dar catequesis.

Llegó cierta plática en la que don Juan Jolín, el capellán de nuestro curso, nos “lanzó el guante”. Nos dijo que había un cura (don Pedro Pablo, antiguo alumno de Retamar, de la promoción del 98), en una parroquia muy, muy pequeña, de Vallecas, que estaba entregando su vida para los demás, y necesitaba nuestra ayuda, al menos para dar catequesis. Casi sin pensarlo me convencí de que iría, y sacaría el tiempo de donde fuese.

Tras una larga semana estuve buscando a don Juan, pero no le encontraba. Al fin conseguimos vernos y entre semana y semana fuimos concretando. Al principio me costó convencer a gente para que se viniera (ellos lo pensaron más que yo, y al decirme sus razones hasta me hicieron dudar, pero ya estaba comprometido), y aún me cuesta: de hecho sólo somos dos catequistas “en plantilla” y uno posible…

Cuando nos ofrecimos Ricardo Castaños-Mollor y yo, don Juan, preocupándose por nosotros, nos dijo que sería mejor ir a ayudar eventualmente, pero que de todas maneras iríamos a ver la parroquia con don Pablo Méndez, que se ofreció a llevarnos y traernos de vuelta cada día de catequesis, lo que sin duda es indispensable, ya que en transporte público se tarda bastante más.

Y entonces fuimos los cuatro a la parroquia. Esta parroquia es en tamaño la más pequeña de Madrid. La iglesia es el bajo de un edificio, y apenas con veinte personas se llena hasta los topes. Cuando llegamos, hacía poco que se había reformado. Estuvimos hablando con don Pedro Pablo, quien nos explicó el funcionamiento de la parroquia.

A la vuelta nos decidimos ya a ir los miércoles que pudiéramos, por suerte la mayoría.

Dije al principio que no pensé que daría catequesis en este curso. Esto es porque la carga de trabajo en Bachillerato apenas nos da un respiro. Pero gracias a que don Pablo nos lleva, podemos estudiar o hacer los deberes en la biblioteca desde que terminamos de comer hasta que salimos, a las cinco. Si nos sobra tiempo preparamos la catequesis en la biblioteca, si no, en el coche, de camino.

Los niños a los que damos catequesis de Confirmación suelen ser 7 (digo suelen, porque a veces viene solo uno y lo unimos al otro grupo, que da don Pedro Pablo, y a veces todos) y rondan los 9 ó 10 años. Lo que más me impresiona de ellos es su gran entusiasmo porla catequesis.

Sinceramente, me alegra mucho que podamos ir a enseñarles, y que pueda compaginarlo con mis estudios. Con toda seguridad, esto no hubiera sido posible sin la ayuda de don Juan y don Pablo.

Jorge Menéndez-Pidal de la Barreda

La gran recogida del Banco de Alimentos

De piedra. Boquiabierto. Así me he quedado esta semana al ser testigo de un pequeño milagro: adolescentes comportándose con una madurez que raya la heroicidad.

Soy profesor de Bachillerato y estos días los estudiantes de mi centro tenían los exámenes trimestrales. Durante estos mismos días los alumnos también han estado organizándose para cubrir 500 turnos de voluntariado para la recogida de productos no perecederos, organizada por el Banco de Alimentos este pasado fin de semana. Cada turno duraba 6 horas de media. Y casi 100 estudiantes tuvieron que hacer turno doble. Más de 120 toneladas recogidas el viernes y sábado en una docena de centros comerciales. Cuatro alumnos de 2° de Bachillerato organizando los turnos desde el miércoles y quedándose hasta altas horas de la noche trabajando, coordinando toda la operación para que no falte gente en ningún sitio a lo largo del fin de semana.

Uno se siente orgulloso al pensar que es posible que el horizonte de unos jóvenes, de 16 y 17 años, al acabar su semana de exámenes, haya sido conseguir comida para 8.000 personas durante un año. Para que luego los adultos y educadores pensemos que a esta edad no se pueden asumir compromisos y responsabilidades de gran calado.

Javier García Herrería

 

Lo que pudo ser un fin de semana normal y corriente para unos, fue un fin de semana diferente para los voluntarios que estuvimos ayudando en la recogida de comida del Banco de Alimentos. Pasar una tarde en un supermercado para unos , o incluso el fin de semana entero para otros, puede parecer aburrido. Esto cobra sentido cuando lo miras desde dentro y ves que eres una pequeña, pero importante, parte del conjunto que ha superado el objetivo de recaudar los 18 millones de kilos previstos.

La generosidad de la gente del supermercado en el que estuve y la amabilidad con que cada uno de ellos nos trataba nos hicieron ayudar con más alegría y entusiasmo. Las bolsas con alimentos no paraban de llegar y hubo algún que otro despistado que confundió la bolsa de su compra (con maquinillas de afeitar, desodorante, jabones y cepillos de dientes) con la bolsa de comida para el Banco de Alimentos. La señora a la que le ocurrió esto volvió airosa y preocupada a recuperar su bolsa y vio que habíamos distribuido el material en varios carritos para ser devueltos. Entre todos conseguimos reunir toda su compra y de-
volvérsela sin problemas. Más nos sorprendió la llegada de varias personas con carros enteros solo con alimentos no perecederos para ayudar a las personas a las que va destinada esta comida.

Estuve ayudando la tarde del sábado y cuando me fui por la noche ya llevábamos recogidas 6 toneladas a lo largo del día. Esa tarde me di cuenta de que gracias a pequeñas aportaciones, mucha gente podrá pasar un momento agradable y tendrá algo más que llevarse a la boca estas Navidades. Gracias a esos “anónimos”, que generosamente rascaron sus bolsillos, se hace feliz a miles de personas.

Jaime Ortega

 

Sinceramente, cuando me dijeron que me podía apuntar como voluntario para la operación kilo, tan solo pensé que si me apuntase no tendría que estar en mí casa estudiando y además pasaría un buen rato con mis amigos. Es cierto, lo he de reconocer, pensé antes en mí mismo que en que ese fin de semana el Banco de alimentos recaudaría la mayor parte de alimentos que luego se distribuirían entre 1,5 millones de personas durante todo el año.

En fin, que me apunté como voluntario para estar en un centro comercial de Pozuelo, imaginándome que me encargaría del Hipercor de Pozuelo. Me equivocaba, fui asignado el Supercor de avenida de Europa. Qué mala suerte fue mi primer pensamiento, porque el Supercor es un centro muy pequeño en el que entraría poca gente, y encima tendría que estar ahí 8 horas seguidas…

Llegué a las dos en punto, y en vez de ponerme el peto y empezar a trabajar, me cogí una silla, me senté, y me quedé mirando a lo que supongo que sería el infinito. Después de una hora llegó un amigo mío y me dijo: “Mira, tienes todo el año para sentarte, así que levántate y ayuda, que te viene bien”. Así de claro me lo dijo. Así que me levanté, me puse el peto, y me situé en la entrada recitando la misma frase siempre que venia una persona: “Buenos días, somos voluntarios del Banco de alimentos, organización que da de comer a 1,5 millones de personas todos los días, ¿querría participar y darnos algún alimento no perecedero?”.

Bueno, durante este día me ocurrió un suceso de esos que uno se queda flipando sin poder decir nada: En la entrada de este centro estaba sentada una señora de unos 40 años que era de Nigeria. Esta señora vino a las cuatro de la tarde, y desde entonces, para atraer a la gente, no paraba de llamarle ̈guapo ̈a todo el mundo. Y una cosa que nos sorprendió a todos los voluntarios que estábamos ahí es que siempre que la mirábamos, tenía una sonrisa en su cara.

Algunas de las personas que entraban en este centro, aparte de darnos alimentos a nosotros, le daban a esta señora o algunas monedas o algún alimento, como caldos, arroz… Como es de suponer, esta señora estaba encantada.

Ya eran las 9 de la noche, y me dice esta señora: “Bueno guapo, me voy a mi casa, pero antes de irme querría darte esto, es lo poco que he podido reunir hoy”. Me dio una bolsa entera de alimentos. Yo la dije que se la quedase, que esos alimentos le vendrían muybien, pero se me quedó mirando y me respondió muy seriamente diciendo que había personas que lo estaban pasando peor que ella, que ella ya se las arreglaría. Claro, cuando una persona que es pobre va y te dice esto, lo primero que piensas es que qué esta pasando aquí, que el que tiene que ser generoso soy yo y no la señora.

En fin, que este suceso, nos marcó a los voluntarios, puesto que aprendimos una lección muy importante, que es la generosidad. Independientemente de la cantidad, esa señora dio casi todo lo que tenía. Medido en dinero no fue la mayor cantidad, pero sí desde el punto de vista solidario.

Ignacio Chiva

 

Cuando nos dijeron a mis amigos y mí que si queríamos ir a colaborar con el banco de alimentos rápidamente respondimos que sí, pero no por el hecho de ayudar a la gente que está pasando por serios apuros hoy el día, sino porque queríamos hacer algo distinto y pasar un buen rato.

Tras pasar por varias horas en el Hipercor, nos dimos cuenta de que nos lo pasábamos bien, no por estar entre amigos, sino porque nos sentíamos orgullosos de estar recolectando comida para aquellos que lo necesitan. Nos quedábamos maravillados de la generosidad de la gente al traernos la comida, familias numerosas entregándonos carros a rebosar, niños pequeños que nos ofrecían sus chuches…

En esto consiste la felicidad: pensar en los demás antes que en ti

Javier Fragua

 

Este año, al igual que el anterior he participado junto con más alumnos de Bachillerato del Colegio en la recogida de comida para el Banco de alimentos de Madrid, en muchos supermercados de la ciudad y sus afueras.

Los alimentos que recogimos son legumbres, conservas, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar y otros como dulces navideños o galletas para el desayuno. Estos servirán para dar de comer a cientos de familias necesitadas durante estas Navidades.

Sorprende ver a gente muy entregada dando grandes cantidades y a otra gente más entregada aún que no puede dar mucho pero aporta su granito de arena con una sonrisa que nos motivaba y nos animaba a seguir nosotros con la misma alegría.

Unos donan alimentos, otros donan su tiempo y otros donamos ambas cosas, pero lo importante es que todos hemos dado una parte de lo nuestro para alegrar las fiestas a muchas personas; y como siempre en estas cosas, los que hemos sentido salido ganando somos nosotros. La alegría y satisfacción con la que sales del Banco de Alimentos es enorme , y os aconsejo ayudar el año que viene.

Pablo Sastre Ortega

Y Rusia nos convirtió a nosotros

Es difícil encontrar palabra que defina lo que vivimos en el campo de trabajo de Moscú. Solo puedo decir que en la interminable lista de adjetivos con que calificarlo no pueden faltar: ¡portentoso, inigualable, edificante e increíble!

Este verano estuvimos allí un total de 20 alumnos del Colegio. Nuestro objetivo en Moscú era construir una iglesia o, más bien, transformar un edificio en iglesia (años atrás este edificio llegó a ser desde un centro de cultura hasta… ¡una discoteca!).

El trabajo fue duro: recoger escombros, pintar, construir ventanas, tirar paredes, levantar muros, mover y colocar vigas, rascar pintura…. A parte de eso, desarrollábamos diversos encargos que nos convirtieron en auténticos profesionales de distintas áreas: cocineros, limpiadores, administradores, compradores, organizadores de los turnos de vela… Cada uno, con el cumplimento fiel de su encargo, se sabía engranaje fundamental para el buen funcionamiento de la maquinaria de ese gran equipo humano.

El campo de trabajo nos ayudó mucho a todos a arrimarnos unos a otros. Me atrevería a decir que nuestros lazos de amistad se hicieron, en unos cuantos días, mucho más fuer-
tes que en los anteriores once años de convivencia diaria en el Colegio.

Estas semanas, además, no solo nos acercaron enormemente a los demás, sino que también nos ayudaron a aproximarnos mucho a Dios.

Todos fuimos —tras leer el mensaje de Fátima— a convertir Rusia, pero, sin esperarlo, Rusia nos convirtió a nosotros. ¿Alguna palabra para definir la experiencia y gritársela a Retamar (a los padres, profesores y alumnos que han hecho posible esta experiencia)? ¡Gracias!

Pablo Sastre Ortega

 

Hemos quitado toda la pintura de nuestra querida Matilde, y hemos pintado a cambio una habitación entera (además de algunas camisetas que han decorado con mucho acierto Kike Iber y su equipo de pintores).

Nos hemos convertido en unas excelentes mulas de carga: hemos subido más de trescientos tablones (cada uno acompañado del grito característico de Juan Luis Palanco: “Una, dooos y treeeeeeeeeeiaieiaueiiees!!”) y unas cuantas vigas; hemos llevado planchas de yeso y rejas de metal de un lado para otro, hemos cargado con ventanas y, sobre todo,muchos, muchos, muchos sacos de escombros.

También hemos descubierto que tareas tan sumamente aburridas como lijar vallas se convierten en entretenidas en cuanto se hacen a diez metros de altura; aparte de que trabajar en el tejado supone poderse echar unas buenas siestas al sol (cuando sale) sin peligro de que nos pille alguien, y pasar buenos ratos cantando a Estopa y a Melendi, aunque alguna vecina llame extrañada a los curas preguntando si los trabajadores tienen algún problema mental, porque les ha oído hacer ruidos raros… Mucho éxito no tiene la música española en los alrededores de la parroquia.

Hemos aprendido que si no se lava uno rápidamente el hormigón de los brazos puede acabar con ellos completamente rajados; y que si se mete el pie, como Rodrigo Bolívar, se corre el peligro de acabar con unos preciosos zapatos de piedra. Y, por último, hemos cogido una gran técnica en lo que a barrer y fregar (vajilla, cacharros suelos y baños) se refiere. Vuelvo a recomendaros, mamás, que aprovechéis.

Ahora, como ya hemos dicho unas cuantas veces, no sólo hemos trabajado: nos hemos pateado Moscú, yendo de iglesia (ortodoxa) en iglesia (también ortodoxa), de las que hay casi en cada esquina. Hemos presentado nuestros respetos a los grandes dirigentes delPCUS, y a grandes escritores como Chejov y Gogol. Nos hemos pateado estaciones de metro a punta pala, cada una con su motivo comunista distintivo. Nos hemos tomado algo con los obreros y hasta con los sacerdotes de la parroquia, con los que también hemos compartido innumerables tardes de fútbol.

También hemos aguantado el extravagante gusto de nuestros parroquianos rusos, que nos invitaron varias veces a una cena que nos acompañó en el comedor durante varios días; así como hemos disfrutado las habilidades culinarias del equipo de cocina, liderado por Jo-
sé Luis Peña y al que se unía gente cada día, cada uno con una excusa distinta, para perderse el trabajo “de verdad” en la iglesia. Algunos también nos hemos reído con las caras de espanto que ponía nuestro administrador, Enrique Álvarez de Toledo, cada vez que tenía que aflojar el bolsillo para hacer alguna compra.

Hemos jugado partidas míticas de mus y de póker en el cuarto de Alfonso Iglesias y compañía. ¡Y qué decir de los lobos! ¡Menudas noches hemos pasado jugando a los lobos!Nada comparable a las argumentadísimas acusaciones de Gonzalo Corcho o a las muertes prematuras de Ignacio Chiva o Pablo Méndez. Sin duda, uno de los mejores planes de la convivencia.

También hemos tenido peleas importantes para hacernos con el wifi (todo para poder teneros al día, mamás), y hemos disfrutado de los trucos de magia de Gonzalo Pérez o con la historia de terror de Pablo Alzola. Alguno que otro ha dormido; otros hemos visto amanecer en Moscú a las 4 de la mañana. Como podéis comprobar, un campo de trabajo bastante aburrido…

Pero lo más importante de todo no ha sido lo bien que nos lo hemos pasado (que ha sido sin duda importante) ni lo mucho que hemos hecho (que también). Lo más importante que hemos ido a hacer en Rusia ha sido ir a ayudar a los católicos de allí, que lo necesitan, y mucho. Ir a convertir Rusia, como dice siempre don Alberto. Y esperemos que haya servido de algo. Por lo menos la gente nos ha agradecido nuestra ayuda, cada uno a su manera: unos con sus palabras (los sacerdotes), otros invitándonos a ensaladilla rusa (los parroquianos) y otras personas como las Misioneras de la Caridad a las que hemos ido a ayudar también estos días, que han quedado muy agradecidas. Ojalá suponga un paso más en el proceso de llevar el catolicismo a Rusia. Seguimos rezando.

Carlos Herrero-Tejedor

Estarán de acuerdo conmigo en que cuando 45 adolescentes (casi hombres) de 1o de Bachillerato viajan a un país extranjero para trabajar durante tres semanas, la convivencia no es, ni por asomo, sencilla. Y no les voy a mentir, los primeros días cuesta, y mucho.

Tanto es así, que don Alberto Barrera se empeñó, concienzudamente, en hacer calar en nuestro interior que lo importante, en ese momento, y por encima de todo, era la unidad de grupo. Teníamos que ser una piña.

A pasos pequeños lo fuimos consiguiendo. Todos, en conjunto. Porque lo importante no era estar el primero en la fila del bocata, lo importante era que el último en llegar comiese el primero. Lo principal no era llegar a casa después del trabajo y ducharse, lo principal era llegar, ir a la cocina y preguntar si alguien necesitaba una mano, o dos, las que hiciesen falta.

Aún hoy, sigue sin ser fácil. Pero esos pequeños detalles se notan en el día a día. No ha sidoen vano. Esta promoción funciona como un auténtico equipo. Cada uno tiene una función que solamente puede ser entendida de manera global. Y este año, el 50 aniversario del colegio, esperamos pasar el testigo a un curso que, en Rusia, al igual que hicimos nosotros, convierta en posible lo imposible.

Juan Tamames

 

Actividades solidarias del Colegio Retamar (Madrid)