Archivo de la categoría: Pr 2015

Catequesis en Vallecas

No pensé, ya entrado 2º de Bachillerato, que pudiera sacar tiempo para dar catequesis.

Llegó cierta plática en la que don Juan Jolín, el capellán de nuestro curso, nos “lanzó el guante”. Nos dijo que había un cura (don Pedro Pablo, antiguo alumno de Retamar, de la promoción del 98), en una parroquia muy, muy pequeña, de Vallecas, que estaba entregando su vida para los demás, y necesitaba nuestra ayuda, al menos para dar catequesis. Casi sin pensarlo me convencí de que iría, y sacaría el tiempo de donde fuese.

Tras una larga semana estuve buscando a don Juan, pero no le encontraba. Al fin conseguimos vernos y entre semana y semana fuimos concretando. Al principio me costó convencer a gente para que se viniera (ellos lo pensaron más que yo, y al decirme sus razones hasta me hicieron dudar, pero ya estaba comprometido), y aún me cuesta: de hecho sólo somos dos catequistas “en plantilla” y uno posible…

Cuando nos ofrecimos Ricardo Castaños-Mollor y yo, don Juan, preocupándose por nosotros, nos dijo que sería mejor ir a ayudar eventualmente, pero que de todas maneras iríamos a ver la parroquia con don Pablo Méndez, que se ofreció a llevarnos y traernos de vuelta cada día de catequesis, lo que sin duda es indispensable, ya que en transporte público se tarda bastante más.

Y entonces fuimos los cuatro a la parroquia. Esta parroquia es en tamaño la más pequeña de Madrid. La iglesia es el bajo de un edificio, y apenas con veinte personas se llena hasta los topes. Cuando llegamos, hacía poco que se había reformado. Estuvimos hablando con don Pedro Pablo, quien nos explicó el funcionamiento de la parroquia.

A la vuelta nos decidimos ya a ir los miércoles que pudiéramos, por suerte la mayoría.

Dije al principio que no pensé que daría catequesis en este curso. Esto es porque la carga de trabajo en Bachillerato apenas nos da un respiro. Pero gracias a que don Pablo nos lleva, podemos estudiar o hacer los deberes en la biblioteca desde que terminamos de comer hasta que salimos, a las cinco. Si nos sobra tiempo preparamos la catequesis en la biblioteca, si no, en el coche, de camino.

Los niños a los que damos catequesis de Confirmación suelen ser 7 (digo suelen, porque a veces viene solo uno y lo unimos al otro grupo, que da don Pedro Pablo, y a veces todos) y rondan los 9 ó 10 años. Lo que más me impresiona de ellos es su gran entusiasmo porla catequesis.

Sinceramente, me alegra mucho que podamos ir a enseñarles, y que pueda compaginarlo con mis estudios. Con toda seguridad, esto no hubiera sido posible sin la ayuda de don Juan y don Pablo.

Jorge Menéndez-Pidal de la Barreda

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La gran recogida del Banco de Alimentos

De piedra. Boquiabierto. Así me he quedado esta semana al ser testigo de un pequeño milagro: adolescentes comportándose con una madurez que raya la heroicidad.

Soy profesor de Bachillerato y estos días los estudiantes de mi centro tenían los exámenes trimestrales. Durante estos mismos días los alumnos también han estado organizándose para cubrir 500 turnos de voluntariado para la recogida de productos no perecederos, organizada por el Banco de Alimentos este pasado fin de semana. Cada turno duraba 6 horas de media. Y casi 100 estudiantes tuvieron que hacer turno doble. Más de 120 toneladas recogidas el viernes y sábado en una docena de centros comerciales. Cuatro alumnos de 2° de Bachillerato organizando los turnos desde el miércoles y quedándose hasta altas horas de la noche trabajando, coordinando toda la operación para que no falte gente en ningún sitio a lo largo del fin de semana.

Uno se siente orgulloso al pensar que es posible que el horizonte de unos jóvenes, de 16 y 17 años, al acabar su semana de exámenes, haya sido conseguir comida para 8.000 personas durante un año. Para que luego los adultos y educadores pensemos que a esta edad no se pueden asumir compromisos y responsabilidades de gran calado.

Javier García Herrería

 

Lo que pudo ser un fin de semana normal y corriente para unos, fue un fin de semana diferente para los voluntarios que estuvimos ayudando en la recogida de comida del Banco de Alimentos. Pasar una tarde en un supermercado para unos , o incluso el fin de semana entero para otros, puede parecer aburrido. Esto cobra sentido cuando lo miras desde dentro y ves que eres una pequeña, pero importante, parte del conjunto que ha superado el objetivo de recaudar los 18 millones de kilos previstos.

La generosidad de la gente del supermercado en el que estuve y la amabilidad con que cada uno de ellos nos trataba nos hicieron ayudar con más alegría y entusiasmo. Las bolsas con alimentos no paraban de llegar y hubo algún que otro despistado que confundió la bolsa de su compra (con maquinillas de afeitar, desodorante, jabones y cepillos de dientes) con la bolsa de comida para el Banco de Alimentos. La señora a la que le ocurrió esto volvió airosa y preocupada a recuperar su bolsa y vio que habíamos distribuido el material en varios carritos para ser devueltos. Entre todos conseguimos reunir toda su compra y de-
volvérsela sin problemas. Más nos sorprendió la llegada de varias personas con carros enteros solo con alimentos no perecederos para ayudar a las personas a las que va destinada esta comida.

Estuve ayudando la tarde del sábado y cuando me fui por la noche ya llevábamos recogidas 6 toneladas a lo largo del día. Esa tarde me di cuenta de que gracias a pequeñas aportaciones, mucha gente podrá pasar un momento agradable y tendrá algo más que llevarse a la boca estas Navidades. Gracias a esos “anónimos”, que generosamente rascaron sus bolsillos, se hace feliz a miles de personas.

Jaime Ortega

 

Sinceramente, cuando me dijeron que me podía apuntar como voluntario para la operación kilo, tan solo pensé que si me apuntase no tendría que estar en mí casa estudiando y además pasaría un buen rato con mis amigos. Es cierto, lo he de reconocer, pensé antes en mí mismo que en que ese fin de semana el Banco de alimentos recaudaría la mayor parte de alimentos que luego se distribuirían entre 1,5 millones de personas durante todo el año.

En fin, que me apunté como voluntario para estar en un centro comercial de Pozuelo, imaginándome que me encargaría del Hipercor de Pozuelo. Me equivocaba, fui asignado el Supercor de avenida de Europa. Qué mala suerte fue mi primer pensamiento, porque el Supercor es un centro muy pequeño en el que entraría poca gente, y encima tendría que estar ahí 8 horas seguidas…

Llegué a las dos en punto, y en vez de ponerme el peto y empezar a trabajar, me cogí una silla, me senté, y me quedé mirando a lo que supongo que sería el infinito. Después de una hora llegó un amigo mío y me dijo: “Mira, tienes todo el año para sentarte, así que levántate y ayuda, que te viene bien”. Así de claro me lo dijo. Así que me levanté, me puse el peto, y me situé en la entrada recitando la misma frase siempre que venia una persona: “Buenos días, somos voluntarios del Banco de alimentos, organización que da de comer a 1,5 millones de personas todos los días, ¿querría participar y darnos algún alimento no perecedero?”.

Bueno, durante este día me ocurrió un suceso de esos que uno se queda flipando sin poder decir nada: En la entrada de este centro estaba sentada una señora de unos 40 años que era de Nigeria. Esta señora vino a las cuatro de la tarde, y desde entonces, para atraer a la gente, no paraba de llamarle ̈guapo ̈a todo el mundo. Y una cosa que nos sorprendió a todos los voluntarios que estábamos ahí es que siempre que la mirábamos, tenía una sonrisa en su cara.

Algunas de las personas que entraban en este centro, aparte de darnos alimentos a nosotros, le daban a esta señora o algunas monedas o algún alimento, como caldos, arroz… Como es de suponer, esta señora estaba encantada.

Ya eran las 9 de la noche, y me dice esta señora: “Bueno guapo, me voy a mi casa, pero antes de irme querría darte esto, es lo poco que he podido reunir hoy”. Me dio una bolsa entera de alimentos. Yo la dije que se la quedase, que esos alimentos le vendrían muybien, pero se me quedó mirando y me respondió muy seriamente diciendo que había personas que lo estaban pasando peor que ella, que ella ya se las arreglaría. Claro, cuando una persona que es pobre va y te dice esto, lo primero que piensas es que qué esta pasando aquí, que el que tiene que ser generoso soy yo y no la señora.

En fin, que este suceso, nos marcó a los voluntarios, puesto que aprendimos una lección muy importante, que es la generosidad. Independientemente de la cantidad, esa señora dio casi todo lo que tenía. Medido en dinero no fue la mayor cantidad, pero sí desde el punto de vista solidario.

Ignacio Chiva

 

Cuando nos dijeron a mis amigos y mí que si queríamos ir a colaborar con el banco de alimentos rápidamente respondimos que sí, pero no por el hecho de ayudar a la gente que está pasando por serios apuros hoy el día, sino porque queríamos hacer algo distinto y pasar un buen rato.

Tras pasar por varias horas en el Hipercor, nos dimos cuenta de que nos lo pasábamos bien, no por estar entre amigos, sino porque nos sentíamos orgullosos de estar recolectando comida para aquellos que lo necesitan. Nos quedábamos maravillados de la generosidad de la gente al traernos la comida, familias numerosas entregándonos carros a rebosar, niños pequeños que nos ofrecían sus chuches…

En esto consiste la felicidad: pensar en los demás antes que en ti

Javier Fragua

 

Este año, al igual que el anterior he participado junto con más alumnos de Bachillerato del Colegio en la recogida de comida para el Banco de alimentos de Madrid, en muchos supermercados de la ciudad y sus afueras.

Los alimentos que recogimos son legumbres, conservas, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar y otros como dulces navideños o galletas para el desayuno. Estos servirán para dar de comer a cientos de familias necesitadas durante estas Navidades.

Sorprende ver a gente muy entregada dando grandes cantidades y a otra gente más entregada aún que no puede dar mucho pero aporta su granito de arena con una sonrisa que nos motivaba y nos animaba a seguir nosotros con la misma alegría.

Unos donan alimentos, otros donan su tiempo y otros donamos ambas cosas, pero lo importante es que todos hemos dado una parte de lo nuestro para alegrar las fiestas a muchas personas; y como siempre en estas cosas, los que hemos sentido salido ganando somos nosotros. La alegría y satisfacción con la que sales del Banco de Alimentos es enorme , y os aconsejo ayudar el año que viene.

Pablo Sastre Ortega

Y Rusia nos convirtió a nosotros

Es difícil encontrar palabra que defina lo que vivimos en el campo de trabajo de Moscú. Solo puedo decir que en la interminable lista de adjetivos con que calificarlo no pueden faltar: ¡portentoso, inigualable, edificante e increíble!

Este verano estuvimos allí un total de 20 alumnos del Colegio. Nuestro objetivo en Moscú era construir una iglesia o, más bien, transformar un edificio en iglesia (años atrás este edificio llegó a ser desde un centro de cultura hasta… ¡una discoteca!).

El trabajo fue duro: recoger escombros, pintar, construir ventanas, tirar paredes, levantar muros, mover y colocar vigas, rascar pintura…. A parte de eso, desarrollábamos diversos encargos que nos convirtieron en auténticos profesionales de distintas áreas: cocineros, limpiadores, administradores, compradores, organizadores de los turnos de vela… Cada uno, con el cumplimento fiel de su encargo, se sabía engranaje fundamental para el buen funcionamiento de la maquinaria de ese gran equipo humano.

El campo de trabajo nos ayudó mucho a todos a arrimarnos unos a otros. Me atrevería a decir que nuestros lazos de amistad se hicieron, en unos cuantos días, mucho más fuer-
tes que en los anteriores once años de convivencia diaria en el Colegio.

Estas semanas, además, no solo nos acercaron enormemente a los demás, sino que también nos ayudaron a aproximarnos mucho a Dios.

Todos fuimos —tras leer el mensaje de Fátima— a convertir Rusia, pero, sin esperarlo, Rusia nos convirtió a nosotros. ¿Alguna palabra para definir la experiencia y gritársela a Retamar (a los padres, profesores y alumnos que han hecho posible esta experiencia)? ¡Gracias!

Pablo Sastre Ortega

 

Hemos quitado toda la pintura de nuestra querida Matilde, y hemos pintado a cambio una habitación entera (además de algunas camisetas que han decorado con mucho acierto Kike Iber y su equipo de pintores).

Nos hemos convertido en unas excelentes mulas de carga: hemos subido más de trescientos tablones (cada uno acompañado del grito característico de Juan Luis Palanco: “Una, dooos y treeeeeeeeeeiaieiaueiiees!!”) y unas cuantas vigas; hemos llevado planchas de yeso y rejas de metal de un lado para otro, hemos cargado con ventanas y, sobre todo,muchos, muchos, muchos sacos de escombros.

También hemos descubierto que tareas tan sumamente aburridas como lijar vallas se convierten en entretenidas en cuanto se hacen a diez metros de altura; aparte de que trabajar en el tejado supone poderse echar unas buenas siestas al sol (cuando sale) sin peligro de que nos pille alguien, y pasar buenos ratos cantando a Estopa y a Melendi, aunque alguna vecina llame extrañada a los curas preguntando si los trabajadores tienen algún problema mental, porque les ha oído hacer ruidos raros… Mucho éxito no tiene la música española en los alrededores de la parroquia.

Hemos aprendido que si no se lava uno rápidamente el hormigón de los brazos puede acabar con ellos completamente rajados; y que si se mete el pie, como Rodrigo Bolívar, se corre el peligro de acabar con unos preciosos zapatos de piedra. Y, por último, hemos cogido una gran técnica en lo que a barrer y fregar (vajilla, cacharros suelos y baños) se refiere. Vuelvo a recomendaros, mamás, que aprovechéis.

Ahora, como ya hemos dicho unas cuantas veces, no sólo hemos trabajado: nos hemos pateado Moscú, yendo de iglesia (ortodoxa) en iglesia (también ortodoxa), de las que hay casi en cada esquina. Hemos presentado nuestros respetos a los grandes dirigentes delPCUS, y a grandes escritores como Chejov y Gogol. Nos hemos pateado estaciones de metro a punta pala, cada una con su motivo comunista distintivo. Nos hemos tomado algo con los obreros y hasta con los sacerdotes de la parroquia, con los que también hemos compartido innumerables tardes de fútbol.

También hemos aguantado el extravagante gusto de nuestros parroquianos rusos, que nos invitaron varias veces a una cena que nos acompañó en el comedor durante varios días; así como hemos disfrutado las habilidades culinarias del equipo de cocina, liderado por Jo-
sé Luis Peña y al que se unía gente cada día, cada uno con una excusa distinta, para perderse el trabajo “de verdad” en la iglesia. Algunos también nos hemos reído con las caras de espanto que ponía nuestro administrador, Enrique Álvarez de Toledo, cada vez que tenía que aflojar el bolsillo para hacer alguna compra.

Hemos jugado partidas míticas de mus y de póker en el cuarto de Alfonso Iglesias y compañía. ¡Y qué decir de los lobos! ¡Menudas noches hemos pasado jugando a los lobos!Nada comparable a las argumentadísimas acusaciones de Gonzalo Corcho o a las muertes prematuras de Ignacio Chiva o Pablo Méndez. Sin duda, uno de los mejores planes de la convivencia.

También hemos tenido peleas importantes para hacernos con el wifi (todo para poder teneros al día, mamás), y hemos disfrutado de los trucos de magia de Gonzalo Pérez o con la historia de terror de Pablo Alzola. Alguno que otro ha dormido; otros hemos visto amanecer en Moscú a las 4 de la mañana. Como podéis comprobar, un campo de trabajo bastante aburrido…

Pero lo más importante de todo no ha sido lo bien que nos lo hemos pasado (que ha sido sin duda importante) ni lo mucho que hemos hecho (que también). Lo más importante que hemos ido a hacer en Rusia ha sido ir a ayudar a los católicos de allí, que lo necesitan, y mucho. Ir a convertir Rusia, como dice siempre don Alberto. Y esperemos que haya servido de algo. Por lo menos la gente nos ha agradecido nuestra ayuda, cada uno a su manera: unos con sus palabras (los sacerdotes), otros invitándonos a ensaladilla rusa (los parroquianos) y otras personas como las Misioneras de la Caridad a las que hemos ido a ayudar también estos días, que han quedado muy agradecidas. Ojalá suponga un paso más en el proceso de llevar el catolicismo a Rusia. Seguimos rezando.

Carlos Herrero-Tejedor

Estarán de acuerdo conmigo en que cuando 45 adolescentes (casi hombres) de 1o de Bachillerato viajan a un país extranjero para trabajar durante tres semanas, la convivencia no es, ni por asomo, sencilla. Y no les voy a mentir, los primeros días cuesta, y mucho.

Tanto es así, que don Alberto Barrera se empeñó, concienzudamente, en hacer calar en nuestro interior que lo importante, en ese momento, y por encima de todo, era la unidad de grupo. Teníamos que ser una piña.

A pasos pequeños lo fuimos consiguiendo. Todos, en conjunto. Porque lo importante no era estar el primero en la fila del bocata, lo importante era que el último en llegar comiese el primero. Lo principal no era llegar a casa después del trabajo y ducharse, lo principal era llegar, ir a la cocina y preguntar si alguien necesitaba una mano, o dos, las que hiciesen falta.

Aún hoy, sigue sin ser fácil. Pero esos pequeños detalles se notan en el día a día. No ha sidoen vano. Esta promoción funciona como un auténtico equipo. Cada uno tiene una función que solamente puede ser entendida de manera global. Y este año, el 50 aniversario del colegio, esperamos pasar el testigo a un curso que, en Rusia, al igual que hicimos nosotros, convierta en posible lo imposible.

Juan Tamames

 

El que quiera peces…

Hacía mucho tiempo que tenía la necesidad de hacer algo por los demás. No solo recibir, sino dar. Cuando me informé sobre el viaje a Israel no dudé, no solo porque iba a satisfacer esa necesidad, sino también por la tierra de la que estábamos hablando, Tierra Santa, la tierra del Señor.

He de reconocer que el primer contacto con Nazareth no fue el que esperaba. Me costó mucho entrar en la dinámica del campo de trabajo y tuve algún bajón. Me duró poco. Muy poco. Sin duda lo que despejó mis dudas fue la toma de contacto con las monjas del hospital. Era tan impresionante el sacrificio que hacen por los de-
más, y con la felicidad con la que lo hacían. Te parabas a pensar y esa felicidad que mostraban era, en buena parte, gracias a nuestra presencia. Eso fue lo que hizo realmente sentirme orgulloso de mí mismo y saber que lo que estaba haciendo era trabajar duro porgente que se lo merece más que nadie. Siempre que me preguntan acerca de las monjas del hospital en el que estuvimos respondo de la misma manera: “Era como es-
tar con la Virgen María 24 horas al día’’. La felicidad que tenían, la amabilidad con la que trataban a todos, su fe ciega en nuestro proyecto, etc. hizo darme cuenta de que de verdad existen personas tan buenas.

Otra de las cosas que más me gustó de esta experiencia fue algo que no me había ocurrido nunca, quizás porque nunca había estado en un campo de trabajo y por tanto no tenía ningún tipo de experiencia similar. Saber que mientras tú estás llevando escombros de 14kg en la espalda 7 veces por hora, no estás solo, es decir, tus amigos están haciendo lo mismo, y los que fueron tus profesores, que jamás pensarías que currarían así, también. Mientras tú lo estás pasando mal, hay otros 30 que están igual o peor que tú. Todos somos uno y si uno se caía, le levantábamos entre todos. Ese sentimiento de darlo todo y motivarnos para conseguir nuestro objetivo, fue algo que te marca y te hace crecer como persona y hace crecer a los demás.

Finalizando, este viaje aparte de lo que me ha cambiado, me ha hecho recuperar la esperanza en este mundo. Y es que ahora sí puedo asegurar con toda seguridad de que hay personas que no tienen maldad y que, gracias a la fe que tienen, jamás la tendrán.

Que dan su vida a cambio de nada y son más felices que tú, aunque tú tengas mucho más que ellos. Y es que al final, “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.

Por Agustín Marín Gil de Biedma

Creo que lo más impactante del Campo de Trabajo era levantarse a escasos 500 metros del Santo Sepulcro o el decir que quedabas en la Puerta de Damasco, todo nombres o sitios que has oído durante años en la clase de religión.

Quizá lo más emocionante puede que fuese que nuestro trabajo diario era una gran metáfora que nos hicieron comprender desde el primer día. Trabajábamos en Polis, una escuela de idiomas, y lo hacíamos porque era un sitio que luchaba, mediante la enseñanza de idiomas distintos, por un mismo valor, la paz. Si miembros de distintas religiones aprendían en la misma clase aprenderían que no es necesaria una situación de tensión constante o que el racismo de religiones es algo medieval. También nos dijeron que de toda la población de Israel un 70% es partidaria de la paz, pero no se atreve a dar un paso, o simplemente su religión se lo impide.

En cierto modo somos unos privilegiados por haber vivido en una posición privilegiada dentro de la ciudad de Jerusalén, pero también considero que hemos sido unos privilegiados por haber podido trabajar para mejorar un proyecto como el de Polis, que sin muchas ayudas intenta luchar por un futuro mejor y por una situación de paz entre todas las religiones.

Antonio González-Pacheco Ghisleri

Cuando en 3º de ESO me dijeron que tendría la opción de realizar un campo de trabajo en Israel, no pensé en ello, ni en lo que en un futuro sería uno de los mejores viajes que he realizado en mi vida.

Fue un viaje único. Era la primera vez que visitaba el continente asiático y estaba bastante nervioso. El campo de trabajo que yo realicé fue ayudar en un hospital en Na-
zaret, un pueblo que jamás me lo habría imaginado de esa manera.

Fue un viaje plagado de emociones, que sin ninguna duda volvería a repetir.

Mi trabajo consistió en podar y despojar de las malas hierbas todos los jardines del hospital. Más adelante nos contarían que nadie anteriormente había hecho ese trabajo, por lo que estaban profundamente agradecidos.

Lo que sobre todo me emocionó fue la disposición de las monjas con respecto a nuestro trabajo. Cada vez que nos veían cansados, sedientos o hambrientos nos ofrecían al-
go que llevarnos a la boca y, sobre todo, su constante agradecimiento ante el esfuerzo que estábamos haciendo ese mes de junio, en vez de disfrutar haciendo viajes y saliendo.

Fue un viaje que probablemente jamás pueda repetir. Esto es debido a que nunca volveréa coincidir en el mismo contexto, con la misma gente, y el mismo trabajo. Siempre recordaré este viaje con cariño y alegría.

José Luis Pérez de Ayala Bonelli

Cuando mis padres me animaron a ir al campo de trabajo de Israel me ilusioné, pero llegó el día de partir y estaba un tanto desencantado: todos mis amigos se iban de viajes de placer y diversión y yo pensaba que me dirigía a todo lo contrario.

Nada más llegar a Nazaret y escuchar lo que la gente sufría, y lo que vivía cada día, me di cuenta de que tenía que “cambiar el chip”. Poco a poco caló en mí la idea del proyecto de ayuda que hacíamos, hasta el punto de no sentir pena ni enfado por estar ahí, más bien todo lo contrario. Fue una experiencia inolvidable que me ha hecho ser mejor como persona y que me ha unido en amistad con gente muy valiosa.

Luis Velo de Antelo

Campaña contra la pobreza en el mundo 2015

1º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.857,20

2º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.529,46

3º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.717,68

4º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.514,60

5º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.213,61

6º Primaria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.798,84

1º Eso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.226,67

2º Eso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.913,85

3º Eso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.433,49

4º Eso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.169,12

1º Bach. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.211,96

2º Bach. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.176,62

Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18.763,10 

Proyecto Barkly East (Sudáfrica)

En el verano de 2014 un grupo del colegio Retamar participó en un campo de trabajo en Barkly East en la región del Eastern Cape en Sudáfrica. Desde entonces la Fundación Komati ha mantenido una estrecha colaboración con la comunidad y se ha comprometido en llevar a cabo algunos proyectos para mejorar las condiciones de vida.

PROYECTO 2015

Dos campos de trabajo: en junio y diciembre, para:

• Pintar habitaciones del hospital del lugar y parte del mobiliario.

• Mantenimiento de instalaciones del orfanato del pueblo.

• Mejora material de algunas chabolas en suburbios particularmente pobres: limpieza, pintura y reparaciones varias.

Como en ocasiones anteriores se tendrán sesiones de concienciación para fomentar el voluntariado local, dando continuidad a la labor que Komati realiza.

PRESUPUESTO DE CADA CAMPO DE TRABAJO (1 SEMANA)

Gasolina 2 vehículos (1.500km). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 400 €

Alojamiento (15 pesonas). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 700 €

Comida (15 personas). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 900 €

Pintura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  . . 500 €

Otros materiales y equipamiento. . . . . . . . . . . . . . . . ….. . . . 300 €

TOTAL. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.800 €

Tenemos previsto acudir dos veces al año: en junio y en diciembre. Por lo que se estima un total de gastos de 5.600 €.

Guardería y Colegio San Martín (Kibera, Nairobi)

HISTORIA

La guardería y colegio de primaria San Martín es una iniciativa  del vecindario de Kibera (Nairobi, Kenya). Tiene tres secciones: guardería, kindergarden y primaria  (cursos de 1 a 6).

El colegio está en el barrio de chabolas más grande de Kenia, y quizá de África. Tiene una población aproximada de medio millón de personas. El colegio empezó en 2008: era un sitio seguro donde las madres  dejaban a sus hijos pequeños mientras ellas se iban a trabajar. Usaron una estructura hecha de barro  y metal que pertenecía a una iglesia, pero que no se usaba entre semana. Empezaron con 9 alumnos. El mayor tenía 2 años y medio.

SITUACIÓN ACTUAL

El colegio tiene ahora 247 estudiantes, entre 3 y 15 años. Tiene 8 profesores a tiempo completo,  el director del colegio, el cocinero  y una señora de la limpieza. Hasta la fecha se han metido en aulas que han ido subdividiendo, con los más pequeños compartiendo la  misma clase.

NECESIDAD

El colegio San Martín necesita 2 clases más, una biblioteca, cuartos de baño, un salón de reuniones para el vecindario. Los edificios ya están construidos pero necesitan ventanas y puertas, además de pintarlo y la acometida de agua.

TOTAL PRESUPUESTO: 2.436 EUROS.