Archivo de la categoría: Pr 2014

Campaña de Navidad

El jueves 18 de diciembre, algunos alumnos de 1º de ESO recogimos de las cuatro secciones que forman el Colegio, todo lo que se había conseguido para la campaña de Navidad: comida no perecedera, mantas, papel higiénico,…artículos que han ido trayendo los alumnos, regalados por la generosidad de sus familias. Parece fácil, pero era mucho trabajo, pues tuvimos que llenar cinco furgonetas completas.

Una vez cargado todo, las cinco furgonetas se dirigieron a sus destinos: Parroquia Sta. Edith Stein, Asociación Valdeperales, Redmadre y Residencia de las hermanitas de los pobres de Los Molinos. Al terminar nuestro trabajo fuimos, como ya es tradicional, a comer y cantar villancicos hasta las tres de la tarde, hora en la que nos incorporamos al Colegio.

Por Rodrigo Villalón (1ºESO)

Gracias, familias, porque con vuestra ayuda y colaboración hemos conseguido compartir nuestros alimentos con un gran número de familias, haciendo posible que todos celebremos una felices y santas Navidades.

Personalmente me ha ayudado mucho ver la generosidad de las familias de Retamar y cómo han acudido a ayudar a personas necesitadas. Tuve la suerte de colaborar muy de cerca en el transporte y fue emocionante llenar cinco furgonetas completas de alimentos no perecederos y otros productos necesarios para la higiene. Luego distribuimos por diversas instituciones todo lo recogido.

Me siento afortunado por haber podido colaborar con el Colegio en este importante proyecto y haber contribuido de alguna manera a la felicidad de muchas personas.

Por Javier P. (1ºESO)

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Operación Kilo 2014 en los ciclos formativos

Por Sergio Marín (2º de Administración y Finanzas)

Desde principios del mes de diciembre, los alumnos de Formación Profesional de Retamar, estuvieron trayendo comida al Colegio con motivo de la tradicional Operación Kilo que hacemos todos los años. Este año pretendíamos superar al año anterior y así ser capaces de atender más familias. La primera mitad del mes fue un continuo ir y venir de alumnos con sus bolsas de comida, alguna clase decidió poner dinero e ir directamente a comprar la comida a un supermercado.

No pensamos entregar la comida a ninguna institución, sino llevarla a las casas de los propios interesados. De esa manera, los alumnos podrían comprobar, por sí mismo, las situaciones de pobreza que se viven muy cerca de nosotros.

El 19 de diciembre quedamos a las 11 de la mañana para clasificar la comida entregada y repartirla entre las familias que íbamos a atender. En esta operación colaboraron bastantes alumnos. Después de comer, procedimos a meterla en 4 coches de alumnos que colaboraron en el reparto, 8 en total, 2 en cada coche, dependiendo de la zona a la que íbamos a acudir. Fueron atendidas 22 familias —unas 80 personas—, y la comida recogida superó, con creces, la del año anterior. La repartimos en zonas desfavorecidas de Carabanchel, Caño Roto y Los Cármenes. Hicimos 4 paradas y subíamos la comida a los pisos de la gente atendida. Los alumnos quedaron muy impresionados por la alegría con que las familias recibían los alimentos y las situaciones que se encontraban.

El año que viene nos hemos puesto como objetivo superar el número de personas a ayudar y mejorar el sistema de reparto. Para todos fue una experiencia inolvidable que, ciertamente, querían repetir el curso próximo.

Noticias del Campo de trabajo en Sudáfrica 2014

Aquí puedes ver un álbum de fotos del Campo de trabajo en Sudáfrica.

Crónica 8 y última desde Barkly: ojalá no se nos olvide lo que hemos vivido aquí

No os podéis hacer idea de la cantidad de objetos que caben en una maleta. Algunos hemos descubierto hoy el espacio casi infinito que hay dentro. Tras el último día de trabajo toca recoger, pero, ¿cabrá ahí el resultado de quince días de experiencia africana? Tras el largo viaje de regreso, todos tendremos el recuerdo de haber vuelto con un equipaje mayor del que llevaron al partir. Podéis imaginar muchas de las cosas que llevarán. Pero las mejores permanecerán invisibles a los ojos de aquellos que no han vivido la aventura. He aquí algunas muestras.

Josep vive en el township. Tiene casi 60 años, aunque aparenta muchos más. Negro, calvo, escuálido. Viste con unos vaqueros gigantes y una camiseta gris medio rota. Va sucio y desprende un profundo hedor. No recibe ayudas estatales y su hijo le ha abandonado. Es alcohólico. Vive solo. Ayer un grupo fue a pintar su casa. Nos llamó la atención la profunda tristeza que mostraba su rostro. Cuando llevábamos ya un rato ahí, Rodrigo García decidió hablarle. Le preguntó por su nombre y con Juan González le cantaron canciones. En definitiva, le dieron calidez humana, algo que Josep no experimentaba desde hacía tiempo. Aunque fue solo un rato, a Rodrigo se le ha quedado grabada de por vida la sonrisa de felicidad de Josep y su afectuoso saludo de despedida.

En la maleta también caben historias de gratitud, como la que vivieron d. Juan y Juan Luis hace tan solo dos días. Un hombre negro de 50 años, con forro polar y entrado en carnes, se les acercó. No sabemos su nombre. Calvo y con un rostro afable, quiso agradecerles como ciudadano la excepcional labor y el bien que estábamos haciendo. A esa persona, como a tantas otras, le ha sorprendido que un grupo de blancos venga a ayudar a unos negros. Eso, remarcó, no lo había visto en toda su vida. Les preguntó nuestra religión. Católicos, respondió Juan Luis. El hombre les aseguró que rezaría a Dios por nosotros. Tras andar diez metros se paró, dudó y volvió sobre sus pasos. Les preguntó si conocían la figura de Mandela. Decía que la gente solo suele compartir sus mejores vivencias con aquellos que juzgan merecedores de tal privilegio. Fue solo una persona, pero su voz era la voz de un pueblo agradecido.

Otra historia de gratitud la ha vivido Quique Plaza en el hospital. Ahí nuestra labor se ha centrado en limpiar todas las dependencias. Más que el acabado final, el objetivo ha consistido en concienciar a los residentes y a los que trabajan ahí de la importancia de la limpieza. El nivel, tanto en el trato personal como en los servicios ofrecidos, puede mejorar si se cuida la higiene. Tras desinfectar una sala de enfermos, un miembro del personal sanitario le pidió a Quique que por favor no se marcharan. Y si lo hacían, que volvieran. Eso le conmovió. Quique vio en sus ojos el reconocimiento de la labor que durante varios días hemos realizado.

Pepe del Río ha tenido que añadir una preciada carta a su equipaje. El pasado viernes estaba algo resfriado y se quedó en el colegio donde nos hospedamos. A media mañana, salió, guitarra en mano, al patio del edificio para componer una canción. Pasados unos minutos estaba rodeado por varios estudiantes. De ese encuentro nació una amistad. Snethemba tiene 16 años y es el número uno de su promoción. Tras hablar un rato con él, Pepe descubrió que estaba desmoralizado. Snethemba no tiene padre. Ve poco a su madre y, como duerme en el colegio, no tiene mucho trato con ella. Tan solo tiene un amigo. Duda de que todo el esfuerzo que está invirtiendo en formarse merezca la pena. En Sudáfrica los trabajos dependen del gobierno. Eso implica que la iniciativa individual para formar un negocio es nula. Los ciudadanos están desanimados: sin la ayuda del Estado no saben qué hacer. Pepe le dio varios consejos para salir adelante: ir a la universidad, realizar un Erasmus, no centrarse solo en lo que el gobierno le podía dar, etc. Snethemba quedó emocionado. A los dos días Pepe se encontró una carta suya en la habitación. Se había ido a casa tras acabar el curso y le agradecía lo mucho que le habían ayudado sus palabras. Acababa diciéndole que ahí tenía un amigo.

Hay historias que se guardan para uno mismo por su valor emocional. Otras que se pueden contar. Otras, que se deben contar. Una de éstas es la de d. Pedro Marcos y Gonzalo Maortua. En su trabajo en el hospital conocieron a Ryan, blanco de 55 años. Estaba ahí porque tenía un cáncer en la rodilla: en dos semanas se la amputarán. Es católico, aunque no está muy unido con su familia. Para que os hagáis una idea, ha tenido que pedirle al hospital que le den unas horas para poder, en su estado, ir a cuidar a sus gallinas. No se lo puede pedir a su hija. Vive atormentado por su pasado, y quiso contárselo de un modo peculiar. Cogió una hoja y la dobló formando un avión. En la punta iba Jesús; él, en la parte trasera. Explicaba que el centro de su vida había sido Cristo, pero que él había cometido muchos errores. En ese momento arrancó una de las alas de papel. Siguió narrando sus tropiezos de antaño, y rompió el ala que quedaba. Gonzalo, le preguntó: ¿y qué espera de la vida? Ryan respondió: probablemente acabaré en un lugar que nunca conoceréis, y mientras decía eso formó la palabra hell (infierno) con el papel de las alas caídas. Sin embargo, a pesar de todas las adversidades, afirmó Ryan, nunca iba a perder la esperanza en lo que le quedaba de vida porque su guía estaba ahí. Y señalando el pico del avión, lo desdobló quedando la imagen de la Cruz. Esa historia se la habían explicado hacía tiempo con el deseo de que formara una cadena y la fuera transmitiendo. Eso es lo que han hecho d. Pedro Marcos y Gonzalo con su testimonio.

Esta es una parte del valioso equipaje que llevamos de vuelta. La otra, la iremos descubriendo cuando lleguemos y abramos nuestras maletas. Desde luego, a todos no ha impactado este campo de trabajo. De un modo u otro, nos ha transformado. Hay ganas de volver a Madrid, sin duda. Pero nos vamos sabiendo algo fundamental: siempre nos quedará Barkly East.

Crónica 7. Descubriendo lo que tenemos: ¡Gracias, padres, por habernos enviado a Retamar!

Hoy era el dia. A primera hora de la mañana se hacían públicas nuestras notas de Selectividad. La tensión se palpaba en el ambiente: el miedo a no aprobar, a no llegar a la media necesaria, a perder una beca…

Los ánimos de todos estaban dominados por esa incertidumbre. Hasta que llegaron las noticias. Y, para alegría de todos, nuestra promoción deja el Colegio por la puerta grande, con el 100% de aprobados en las PAU y con algunas calificaciones notoriamente altas. Gracias, profesores, por la buena preparación. Ha sido todo un placer.

Pero la lección del día ha venido después. Cuando hemos visitado la escuela pública del township —donde un grupo hemos pasado el día entero— todo ha conseguido conmovernos. El contraste entre los 12 años pasados en Retamar, nuestro Colegio, con lo que allí hemos visto y vivido nos permite darnos cuenta de que todo agradecimiento a nuestros padres por haber hecho el esfuerzo de llevarnos a Retamar es poco.

Durante estas horas hemos compartido culturas, hemos entonado himnos sudafricanos, hemos intercambiado palabras en africano y en español… Hasta nos hemos dejado ganar por los niños en un partido de fútbol en el patio. Otra gran experiencia que nos llevamos a casa.

Una vez más, gracias.

Y “gooi naand”, es decir, buenas noches.

Crónica 6. Cubrimos aguas en el edificio y nos volcamos con el “township

Llegamos a los últimos cinco días de trabajo y se empiezan a notar las bajas por cansancio y lesiones. Ayer celebramos el cumpleaños de d. Juan Navalpotro, nuestro gran jefe, y hubo un festival de lo más cómico: magia, canciones, y una genial representación de una junta de evaluación. Hasta d. Pablo Méndez se animó a hacer de Risto Mejide.

Tras haber levantado el esqueleto de la casa, hoy tocaba ponerle las paredes de madera, lijarlas y pintarlas. Gonzalo Maortua ha liderado el equipo que al final del día ha acabado poniendo el tejado. D. Luis ha insistido en que a eso se le llama “cubrir aguas”, y se termina poniendo una bandera. Así que la nuestra, como no podía ser de otro modo, está visible en lo alto.

A primera hora, d. Juan, d. Pedro Marcos, Felipe Vispo y Nacho Martín-Borregón han ido a la radio. Respondiendo a preguntas de los periodistas, han explicado qué hacemos aquí y cuál es el espíritu de nuestro voluntariado.

El grupo de zanja, encabezado por Raimundo Alonso, ha avanzado velozmente. Hoy han empezado con la ampliación de la cocina y ya están puestos los primeros ladrillos. Por supuesto la supervisión de todo corre a cargo de nuestro arquitecto, d. Luis Fragío.

Los “termitas” han apartado los escombros a un lado para facilitar las labores. Y otros han proseguido con la labor fuera del terreno: en la escuela y en el township.

El township es un conjunto de chabolas situado en la zona marginal del Barkly East. Es un conglomerado de chapa y adobe que ofrece unas condiciones de vida pésimas. No tienen alcantarillado ni agua corriente, así que podéis imaginaros cómo son las condiciones higiénicas: en los interiores sucios se encuentran ratones, arañas y cucarachas. Sus habitantes, todos de raza negra, luchan diariamente contra el hambre y el sida.

Antes del campo de trabajo creíamos que tras el apartheid, blancos y negros convivían felizmente, pero la realidad que vemos es otra. No hay odio ni exclusión social, pero todavía queda resentimiento y apenas se relacionan entre ellos. Por esto, nuestra labor en el township es importante. Como aquí los blancos no ayudan a los negros, ver a varios jóvenes limpiar y pintar las casas de aquellos que han sido olvidados por la sociedad, de aquellos que no tienen esperanza alguna en lo que les queda de vida, de aquellos cuya miseria les ha consumido, es un golpe de efecto significativo.

Igual no romperemos el muro social que todavía existe, pero sí nos sentimos orgullosos de estar dejando una importante grieta. Y puede ser el primer paso.

Crónica 5. Completamos la estructura del nuevo edificio

Llevamos ya una semana en Barkly y todo va sobre ruedas. Las obras han avanzado muy rápido y la estructura de la casa se alza sobre el jardín. Durante la semana que viene terminaremos por completo la obra, tal y como habíamos prometido.

En los columpios de los niños del orfanato ondea majestuosa la bandera de España: así jamás olvidarán la labor que unos españoles hicimos durante su invierno de 2014.

José María Alesanco, con la ayuda de su equipo, trajo leña suficiente para abastecer a todo el orfanato por mucho tiempo.

Hoy hemos patrullado el poblado entero recogiendo la basura de las calles. Varios nativos se nos han unido, y los que no, observaban asombrados el hecho de que 60 jóvenes recogieran su basura. Sí, poco a poco van asumiendo que el voluntariado existe.

Ayer algunos de nosotros tuvimos el placer de asistir a un Congreso en el Ayuntamiento, en el que se reunieron diferentes grupos de jóvenes. Lo montaron con la idea de que los alumnos de Retamar les aportáramos las pautas del éxito, pero fueron ellos los que nos aportaron la esperanza. Vimos que son una nación en la que el analfabetismo, el embarazo juvenil, el crimen, la droga y el sida ha devastado los pilares de lo que es una auténtica civilización, pero a la vez pudimos comprobar que son una nación en la que los jóvenes no han perdido la esperanza en salir adelante. Nos alentó mucho ver su optimismo de cara al futuro y la confianza que mostraban en sí mismos para sacar adelante Sudáfrica. Todo un ejemplo.

Los alumnos de Retamar seguimos exportando fútbol español. El pasado día vencimos al Barkly F.C. con una defensa férrea, y hoy hemos jugado un partido entre españoles en uno de los campos más impresionantes que hemos conocido, presidido por las majestuosas montañas sudafricanas y las impactantes favelas de la zona humilde del pueblo.

Por otra parte, hemos de resaltar las celebraciones de cumpleaños que están teniendo lugar. Mariano Olaso, Íñigo Bunzl e Íñigo Aranguren han disfrutado de los festejos que hemos montado: buena música, de la mano de Pepe del Río y otros, una inmejorable compañía y un toque mágico aportado por el inigualable Alejandro de Torres, todo ello regado con uas cervecitas.

Además Pablo Tavira ha organizado un torneo de mus en el que la competitividad está a flor de piel. Como era de esperar, d. Jesús Baiget e Ignacio Ramos han caído en la primera ronda.

Nos despedimos de vosotros, con los suaves ronquidos de fondo de Jaime Mesquida, que va a conseguir que sus compañeros de habitación le despierten a almohadazos. Buenas noches.

Crónica 4. La recepción oficial en el Ayuntamiento de Barkly y la derrota en Maracaná

¡Hola! O, como dicen aquí, “Molueini”. Es la primera palabra que hemos aprendido en el campo de trabajo. El día de hoy ha sido diferente. Hemos tenido el privilegio de ser recibidos de forma oficial por el Alcalde en el Ayuntamiento.

Allí asistimos a la representación de un grupo de lugareños que realizaron un baile típico de la zona. Hasta el propio Alcalde se unió al ritual. Después de numerosos discursos muy emotivos, incluyendo el pronunciado en perfecto inglés por don Juan Navalpotro, se procedió al intercambio de regalos.

En cuanto al trabajo, los alumnos más fornidos, encabezados por Fernando Martínez de Aspe y Miguel Fuentes, cavaron la zanja que más tarde sostendrá los cimientos del edificio, fabricados con las sorprendentes dotes de Gonzalo Pampillón en la cementera.

Mientras tanto, los más interesados en las ciencias biomédicas, realizaron una visita guiada al hospital del pueblo.

Tras reponer fuerzas con unas buenas chuletas de cerdo, algunos de nosotros tuvimos la posibilidad de disputar un partido de fútbol contra el equipo local de la ciudad. A pesar de sus patadas, sus increíbles aptitudes para la velocidad, y la estrecha amistad que mantenían con el árbitro, conseguimos mantener la dignidad, que unas horas más tarde perdería  nuestra selección nacional. Todo fue posible gracias al gol de Rafa Ibáñez y a las espectaculares paradas de Luis Maldonado.

Para tranquilizar los nervios previos al partido, los alumnos de BI celebraron el cumpleaños de su querido profesor don Javier López Balda jugando al Apalabrados.

Y, como no todo el monte es orégano, este increíble día finalizó con la derrota de España, que nos dejó unas caras algo más largas en alguno de nosotros.

Buenas noches desde Barkly East.

Crónica 3. “Una de las experiencias más fuertes de nuestras vidas”

Comienzan las emociones fuertes en el campo de trabajo. La zona de acción ha salido del perímetro del orfanato con el fin de que nuestra labor llegue a cada rincón de este lugar.

Un grupo de 10 alumnos, liderados por Pablo Méndez, se ha encargado de ir a las afueras del pueblo a enyesar y pintar la casa de una de las familias más necesitadas de Barkly. Ha sido una de las experiencias más impactantes de nuestras vidas: el contacto con un nivel máximo de pobreza y haber pasado un día entero en su hogar, conociendo la precariedad de su rutina, nos ha dado mucho en qué pensar, sobre todo porque nunca pierden la sonrisa.

Otro grupo, más reducido, ha visitado la escuela del pueblo y ha estado acompañando a los niños, que al final de la actividad les pedían que no se marchasen.

Otros,  guiados por un local, han visitado todo el pueblo. Esta actividad, aunque sea más cultural, también ha impactado mucho. Aquí casi todo nos sorprende, esto es una constante aventura.

Por otra parte, Luis Fragío ha puesto a su cuadrilla a pintar paredes en el  orfanato, en un color rosa pálido nunca visto por aquí.

Iremos  rotando en estas actividades, para que todos podamos disfrutar de ellas.

Nos despedimos de vosotros como cada noche, con Jaime Ramos haciendo su tabla de gimnasia para no perder la forma. Buenas noches.

Así ve la prensa local el Campo de trabajo

En este enlace está la página completa de la portada del Periódico local

Crónica 2: Nuestro primer día en Barkly

Después de 36 horas de viaje, llegamos a Barkly. El recibimiento fue muy cálido, en contraste con el intenso frío (tranquilas, madres: estamos bien abrigados). Tras la cena y nuestra primera misa sudafricana (muy musical), nos fuimos a dormir. El primer día de trabajo no ha dejado a nadie indiferente.

Después de un buen desayuno de huevos revueltos y bacon hemos sorprendido a los encargados del orfanato realizando el trabajo previsto para dos días en uno solo.
Por nuestra parte, lo de siempre: algo de caos y falta de herramientas, pero se ha demostrado que nada nos detiene.
El alcalde nos ha dado la bienvenida oficial y nos hemos dado cuenta de la situación real en la que se encuentra Barkly, donde el voluntariado no existe más allá de los alumnos de Retamar; por eso es tan importante nuestra labor aquí.
En la comida ofrecida por el alcalde hemos conocido la gastronomía tradicional, como pueden ser las tripas de oveja o la cerveza de gengibre.
Hemos terminado el día con un empate a tres en el derbi futbolero entre españoles y locales. Pero, en cuanto nos acostumbremos a la dureza de su juego, sólo tendrán lugar las victorias, a pesar del cansancio por el trabajo diario.
Los candidatos al “premio turista” de hoy son Ignacio Rodríguez Toquero, Jaime Machado y Rodrigo de Sebastián, por sus esfuerzos en el reconocimiento del territorio.
Mañana habrá más candidaturas a nuevos premios.
Buenas y frías noches desde Sudáfrica.

Crónica 1: Ya estamos en camino

Setenta alumnos de 2º de Bachillerato se han ido a un campo de trabajo en Sudáfrica en cuanto han acabado los exámenes de Selectividad. 70 es algo más de la mitad de la promoción. Muchos más han querido ir, pero no ha sido posible. Con ellos nos vamos todos. Han sido muchos años de apoyar ese proyecto.

Un campo de trabajo no es cómodo. Es trabajar dura y físicamente, en ocasiones de sol a sol. Cansa. No puedes hacer lo que te apetezca cuando te apetece. No hay comodidades. No hay caprichos. No hay cobertura.
Hay que vencer crisis. Hay que darse a los demás continuamente. Se trabaja para hacer la vida más agradable a otros, que tienen menos y a quienes seguramente no volverán a ver en su vida. Además, hay que estar pendiente del compañero. Hay que ceder. Hay que colaborar. Hay que pisotear el propio yo muchas veces al día. Hay que superarse y vencerse continuamente. Nadie puede ser el eslabón más débil de la cadena. Pero hay que estar atentos al eslabón débil para ayudarle.
Y como vale la pena, saben que ese esfuerzo es más que simplemente divertido: te hace feliz, que es mucho más profundo.
Sudáfrica puede sonar exótico y atractivo; y lo es. Pero el poblado al que vamos no deja de ser un sitio pobre, incómodo, seco y polvoriento. No es Ibiza.
Y van porque quieren. Porque quieren empezar a dar de lo mucho que han recibido. Porque asumen un reto. Porque es lo último que van a hacer juntos.
La alternativa era mucho más cómoda.
No siempre hay que esperar a que ocurran las cosas para que sean noticia. Y hay veces que la noticia no es lo que parece.

Crónicas de la “Gran Recogida del Banco de Alimentos”

BA1El primer fin de semana de di­ciembre de 2013, 250 alumnos de 4º ESO, 1º y 2º de Bachillerato, participa­ron en la “Gran Recogida del Ban­co de Alimentos”. Para esta labor de voluntariado, nuestros alumnos desplegaron un gran dispositivo de presencia en diferentes centros co­merciales de Madrid. De los 14.000 voluntarios que realizaron esta ac­tividad en toda España, nuestros alum­nos supusieron cerca del 2%, una muestra de la responsabilidad so­lidaria que mantienen durante su paso por Retamar. Agradecemos a todas las familias que colaboraron con sus aportaciones durante ese fin de semana, la cercanía que de­mostraron en los puntos de venta con nuestros alumnos.

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La realidad superó nuestras expectativas

Decía el Papa Francisco en la JMJ de Brasil que en nuestra socie­dad muchas veces dejamos de la­do a los jóvenes y a los ancianos. Y en ambos casos las razones son las mismas: nos falta creer en ellos, en su sabiduría, en lo que pueden aportar. Vaya por delante que jóve­nes y ancianos tienen posibilidades muy diversas, pero no cabe duda que muchas veces somos bastante ciegos a la hora de valorarlas.

La campaña del Banco de Ali­mentos fue una de esas ocasio­nes. Los profesores sabíamos que los alumnos podían dar mucho más de lo que ellos pensaban, pe­ro también nos quedamos cortos en nuestras suposiciones. Y es que el tiempo, el empeño, el buen hu­mor y la profesionalidad con la que trabajaron los doscientos cincuenta alumnos de Retamar nos deja­ron a todos admirados. Baste como prueba de lo que digo la reacción del Director del Colegio. El día anterior a la campaña le pedí que pasa­ra por algunos Centros comerciales para saludar a los alumnos que allí estuvieran y ver cómo iba su traba­jo. Lo cierto es que su agenda ese fin de semana no era fácil, pero se comprometió a ello. Para mi sorpre­sa, el lunes D. José Luis me comen­tó que se había pasado todo el fin de semana yendo de un Centro co­mercial a otro; visitó más de 15 en total. La satisfacción que le supu­so ver la entrega de los estudiantes fue la mejor inversión de tiempo de su fin de semana.

Javier García-Herrería, Profesor Encargado de 1º de Bachillerato

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Una huella especial

No sé exactamente cómo lo voy a contar pero sí tengo claro lo que he vivido. Todo empezó con una precipitada decisión en pro del bien ajeno. Primero se nos co­municó la participación del Cole­gio en la llamada Gran Recogida, en la que podríamos participar ayudando en un Centro comercial la mitad de un día del finde. An­te esto, un amigo y yo tomamos la decisión de no hacer un turno si­no dos, y para rematar la decisión los turnos serían seguidos. Si lo hici­mos fue tanto por las ganas juveni­les de ayudar como por la menos desinteresada búsqueda de ‘ga­nar’ puntos para el viaje a San Pe­tersburgo.

Así que ahí estábamos el sába­do tras los exámenes a las 8:45 en el Carrefour de Ciudad de la Ima­gen. Tras preparar el puesto cen­tral y recoger el peto identificativo fui con mi amigo a informar de lo que hacíamos. Toda la mañana la empleamos en sonreír y repetir, en tiempo récord, el incansable salu­do que aun hoy recuerdo: Buenos días, ¿le gustaría colaborar con el Banco de Alimentos? Estamos in­tentando recaudar la mayor canti­dad posible de alimentos no perecederos. Muchas gracias.

El agradecimiento se incluía fue­se positiva la respuesta o fuese ne­gativa y siempre iba acompañado de una sonrisa. Ya cerca del final se acercó al puesto la cámara de televisión de la Sexta. Tanto mi compañero co­mo yo perdimos la oportunidad de la fama, pues por el pasillo opues­to se nos acercaban más clientes.

Así finalizaba la mañana, que no nuestra jornada de solidaridad. Continuamos en el Mercadona de Monteclaro donde, tras comer en un bar, iniciamos la sesión de la tarde. Esta se desarrolló más tran­quilamente, la afluencia no era tan numerosa y nos encargamos del trabajo en la sombra: contar y empaquetar los alimentos. Así aca­bamos, y lo que no puedo escribir es la satisfacción que te embarga cuando te enteras de que has con­tribuido con tu granito a obtener 55 toneladas de alimentos. Cuan­do ahora, al escribir, miro atrás, no solo vuelve la alegría de haber ayudado en este acto de justicia humana, sino que me doy cuen­ta de que en verdad son los actos particulares los que forman el ca­rácter y que este ha dejado una huella especial.

Álvaro Fragua, 1º Bachillerato A

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Una montaña de ayuda a los demás

Cierto martes a la hora de Pláti­ca, nos citaron a todos los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato y 4º de ESO para explicarnos el funciona­miento de la nueva iniciativa en la que el Colegio se implicaba y ani­marnos a participar con el Banco de Alimentos.

Admito que todo el mundo se vio un poco obligado a participar en la campaña, en parte por con­ciencia propia y en parte por los profesores, pero muy pocos lo hi­cieron por voluntad y ánimo de alegrar la Navidad a los demás. Yo temo incluirme en el primer gru­po durante la charla, pero tengo la suerte de decir que me colé en el segundo cuando el domingo a las 3 de la tarde terminamos de colocar las últimas bolsas de todo un montón que pesaba 2,5 tone­ladas.

Me levanté a las 8 de la ma­ñana en casa de un amigo con el que compartía turno. Tras prepararnos y quedar con el resto de com­pañeros en la entrada principal del supermercado nos dispusimos a trabajar, con peto en pecho.

Al principio la vergüenza nos ganaba la partida en tímidas inter­venciones a viejecitas indefensas que siempre picaban el anzue­lo, pero a medida que la mañana trascurría la confianza de llevar el peto nos ayudó a abordar inclu­so a jóvenes de nuestra edad que nos miraban asombrados, bien por nuestro nivel de pardillos o por nuestro esfuerzo y dedicación ha­cia familias que no pueden permitirse ni el 10% de lo que ellos tienen.

Como el orgullo que sentían las ancianas al vernos y pensar que quizás la juventud de hoy no está tan perdida, no vale de nada si nosotros no sentíamos de verdad la labor que estábamos ha­ciendo: pasó de golpe de una ta­rea pesada “para el cole” a un favor que realizábamos encanta­dos.

Nos pusimos las pilas y comen­zamos a explicar a la gente la ra­zón por la que estábamos ahí, sintiéndolo de verdad. Comenza­mos a disfrutar anudando cada bolsa que sumaba 5 kilos más y que iba a ir a una familia que nos lo agradecería de corazón. Cora­zón, eso es lo que comenzamos a usar durante cinco horas, porque nunca está de más hacerle caso al­gún día, y ese día era el nuestro.

Como ya he dicho antes, yo era de ese 90% de gente que me­dio obligada accedió a inscribir su nombre en esta labor, pero tam­bién añado que fui uno de los vo­luntarios del Colegio Retamar que cambió de idea al comprender de verdad lo que sus cinco horas implicaban para los demás.

Doy gracias por la oportunidad de haber sido parte de esto, por­que es el momento en el que te das cuenta de que un grano de arena echado por 250 chicos de 15, 16 y 17 años puede llegar a construir una montaña. Una mon­taña que ayuda a los demás y nos ha ayudado a nosotros.

Antonio González-Pacheco, 1º Bachillerato D

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¿Y a qué vengo yo aquí?

Acabábamos de terminar exá­menes cuando me levanté un sá­bado por la mañana, dispuesto a ayudar a los más necesitados y repleto de ilusión por recaudar el mayor número de kilos posible en la famosa “Campaña del Banco de Alimentos””.

Ese sábado, a las 15:30 llegué con unos cuan­tos amigos el Carre­four de Ciudad de la Imagen para pasar unas horas recaudando todo tipo de ali­mentos. En un principio pensé: “¿Y a qué vengo yo aquí? Total, 10 ki­los arriba 10 abajo, qué más dará”. Al comenzar, decidí tomárme­lo con humor y con ganas de ha­cerlo bien. Y tras unas horas, me di cuenta de lo satisfecho que se queda uno recaudando tantos ali­mentos y viendo cómo la gente que iba entrando en el supermer­cado estaba dispuesta a aportar su granito de arena. También aprecié que las apariencias engañan: podías ver a un tipo bien vesti­do y con cara de simpático y que luego era todo una careta, ya que te res­pondía que no pensaba dar nada, o al contrario, gente con peores pintas y peor imagen, que apor­taba algo.

Y al día siguiente me levanté feliz al ver que nuestros resultados habían sido todo un éxito y que uno se lo podía pasar en grande con los amigos ayudando a los demás.

Álvaro Goenaga, 1º Bachillerato C

Con muy poco podemos hacer mucho

Poco antes de las Navidades, el Banco de Alimentos organizó una gran re­cogida de comida no pe­recedera para ayudar a más de 100,000 personas que están ba­jo el umbral de la pobreza en la Comunidad de Madrid. Doscientos cuarenta alumnos de entre 15 y 17 años de Retamar hemos servi­do como voluntarios en este gran proyecto solidario, recogiendo ali­mentos en supermercados de Po­zuelo de Alarcón, Majadahonda y Las Rozas. Las cifras reflejan que, como no podía ser de otra forma, hemos superado las expectativas recolectando casi 80 toneladas de comida. Una clara muestra de có­mo la combinación de solidaridad, ilusión y trabajo de todos no en­tiende de fronteras.

Desde aquí queremos agrade­cer al Banco de Alimentos la orga­nización de esta campaña que no sólo cambiará las navidades de mi­les de familias españolas sino que además nos recuerda que com­partir con los más necesitados es un deber de todos y que, una vez más, con muy poco podemos ha­cer mucho.

Jaime Stein, 1º de Bachillerato A

Un viernes de 17,50 a 21,30

Los días 29 y 30 de noviem­bre y 1 de diciembre, tuvimos la oportunidad de participar como voluntarios en la Gran Recogida, or­ganizada por el Banco de Alimen­tos. El turno de mi grupo comenzó el viernes a las 17:50 y finalizó a las 21:30. Nuestra labor consistía en re­colectar la mayor cantidad de ali­mentos, a base de la generosidad de los compradores. Esto además conlleva una labor organizativa de separación y contabilidad de los ali­mentos donados.

Todo comenzó con la presenta­ción de Don Carlos, un voluntario del Banco de Alimentos, encarga­do de nuestro grupo. Una vez situa­dos, y tras varias horas de recogida de alimentos, empezamos a conta­bilizar todos los alimentos que esta­ban en las cajas que había puesto el Banco. ya que el propio super­mercado (Mercadona de Montecar­melo) también iba a colaborar con la entrega de alimentos.

Un día más tarde, nuestro orga­nizador, contactó con nosotros pa­ra anunciarnos que nuestro trabajo había servido para recolectar 6 to­neladas de alimentos, y felicitarnos porque superamos las expectativas que había puestas en el Centro Co­mercial donde trabajamos.

Felipe Vispo, 2º Bachillerato B

El poder de los ancianos

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Laguna es un centro de día pa­ra personas mayores. Es un sitio muy impactante donde aprendes muchas cosas sobre la vida. Una de las cosas que tuve la oportuni­dad de sacar fue esta idea: “el po­der de los ancianos es muy fuerte”. Explicaré por qué esta frase es completamente cierta.

Lo primero que te ense­ñan los ancianos es a tener paciencia, porque algunos ya están mal de la cabeza y ha­cen y dicen lo que quieren. Un ejemplo de esto que ob­servé en mi estancia allí fue que estaba hablando un an­ciano sobre seguros y sobre la bolsa (sus únicos temas de conversación) y otro se po­nía a cantar, y solo se callaba cuando el primero lo hacía.

Otra virtud que te ayudan a fomentar es la de saber es­cuchar. Esta virtud se puede fomentar sin irse tan lejos, con algún familiar: dile que te cuente y tú solo escucha. Es algo muy gratificante. Lo expe­rimenté con el mismo anciano de la bolsa y los seguros, y sin comer­lo de ni beberlo aprendí algo so­bre cómo estar al frente de una empresa.

Por último, fomenta la pérdida de la vergüenza. Cuando vas ahí tienes que cruzar una puerta cerra­da con código pues algunos ancia­nos se pueden escapar. Entras en una habitación donde hay perso­nas esperándote y se podría decir que “te sueltan a los leones”. Uno tiene que ser capaz de perder su vergüenza y ponerte a darles con­versación e incluso cantar, como yo tuve que hacer.

En conclusión, recomiendo fer­vientemente ir a esta actividad so­lidaria porque no solo ayudas a los demás sino a ti mismo. Da igual que seas alto, bajo, feo, guapo… Puede ir todo el que quiera ayudar y ayudarse, porque el poder de los ancianos es muy fuerte, no lo sub­estimes.

Luis Maldonado, 2º Bachillerato E

Cuando decidí ir a Laguna, gra­cias a la insistencia de un amigo, me propuse transmitir la mayor feli­cidad a las personas que me encon­trara en esa clínica. Pero al entrar, me quedé bastante asombrado por la expresión de felicidad que ha­bía en los ojos cristalinos de aque­llas personas. Parecía que era el día más feliz de sus vidas. A medida que avanzaba el día y me senta­ba con cada uno de ellos para que me contaran sus vidas, me daba cuenta de lo felices que se encon­traban con lo poco que les queda­ba. Al despedirnos me abrazaban y me decían adiós, y yo contesta­ba “¡Os veo el viernes que viene!”, aun sabiendo que lo más probable es que la próxima vez que fuera no me encontrara a los mismos.

Esta experiencia me ha ense­ñado cómo las personas valoran el cariño que vas a ofrecerles, y sobre todo que una pequeñísima parte de mi tiempo puede significar mu­chísimo para gente que sabe valo­rarlo. Por esto os animo a ir a esta actividad, no ya por todo lo que podéis aportar, sino por lo que os va a aportar a todos vosotros y por todo el bien que puedes llegar a hacer.

Borja Ocejo, 2º Bachillerato E

Cuando el PEC nos propuso ir a Laguna los viernes de 3 a 5, no du­dé en apuntarme. Pero, a medida que iba explicando qué es lo que haríamos allí, pensaba en qué po­día servirle yo de ayuda a un ancia­no en un centro de día.

Llegamos a Laguna, y nos di­vidieron en dos grupos a los siete alumnos y dos profesores que íba­mos. A cada grupo le correspon­dían unos 7 ancianos, a los que tenía que intentar hacer pasar un rato agradable. Tras presentarnos todos y hablar sobre temas diver­sos, uno de ellos nos dijo que can­taba muy bien y que nos quería cantar. Como es normal, le dijimos que queríamos oírle. Pero lejos de quedarnos a escuchar, decidimos unirnos y acabamos todos cantan­do míticas canciones como «Mi ca­rro me lo robaron» o «Que viva, España».Aunque esto fuese solo una anécdota, refleja perfectamen­te cómo, además de hacer pasar un rato agradable a estos ancianos, también disfrutamos nosotros.

La sensación al salir de la acti­vidad era de gran satisfacción. Re­comiendo vivamente a todos los alumnos de 2º de Bachillerato que se animen a ir.

Pablo Tavira, 2º Bachillerato A

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Visita al Hospital de cuidados paliativos Laguna

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El pasado viernes 4 de octubre fuimos cinco compañeros a ayu­dar a las enfermeras y, sobre todo, a que los enfermos ingresados en este hospital pasasen un rato agra­dable. Como fue nuestra primera vez, estuvimos con los que estaban en mejor estado.

Me acuerdo de estar hablan­do con una señora que padecía la “enfermedad de los huesos de cris­tal”. Era el cumpleaños de su sobri­no ese día al cual iba a asistir. Sin embargo, como temía caerse al suelo mientras bailaba, me contó que se iba a quedar toda la fiesta sentada. Esto a ella no le importa­ba, se aferraba al buen momento que iba a pasar y la alegría que le producía el poder ver cómo su so­brino cumplía años.

Esta señora me enseñó que hay que olvidarse de uno mismo, pase lo que te pase, y disfrutar de cada momento.

Gonzalo Maortua,  2º Bachillerato A

 El otro día tuvimos la maravi­llosa oportunidad de visitar a unos ancianos que son tratados en el centro Laguna. Este breve texto quiero que sea un testimonio de lo que vivimos aquella tarde un gru­po de amigos que nos apuntamos a la actividad solidaria.

A nuestra llegada don Luis Fra­gío y don Pedro Marcos nos avisa­ron: ‘No dejéis las puertas abiertas, se intentarán escapar’’. Nosotros nos lo tomamos a broma sin saber lo que nos esperaba. Más allá de la difícil situación que viven nues­tros queridos ancianos, optamos por sacar la parte más cómica de nosotros mismos.

Al principio, lo típico, cómo está usted, tiene usted hijos, etc. A par­tir de ese momento creímos conve­niente mostrar nuestras cualidades musicales tan poco apreciadas por el coro de Retamar. Para remontar­nos al estilo de música de su época, comenzamos a cantar canciones del difunto Manolo Escobar segui­do de canciones típicas de ciertas regiones españolas. Los hubo que llegaron a unirse a nuestros “celes­tiales” cantos. Y no hubo ninguno al que no sacáramos una sonrisa.

Todo ello hizo para nosotros una muy divertida tarde en la que pudimos compartir el tiempo con ancianos que lo único que necesi­tan es una sonrisa para hacer su vi­da más amena y llevadera.

Javier López Garayalde, 2º Bachillerato A

 Había sido una semana dura de trabajo; era viernes a las 15 h. Ca­si todos mis compañeros se iban a casa a comer y a dormir la siesta para estar “al máximo” esa noche, en la que seguramente todos sal­dríamos.

Sin embargo tomé la decisión de disfrutar la comida escolar de los viernes, y después, junto a unos pocos amigos, pasar la tarde con unos ancianos en la Residencia La­guna.

“Vaya, mientras yo hago com­pañía a unos viejos aburridos, ellos están descansando. Debería ha­berme ido”, pensé.

Al llegar a casa, después de haber estado con aquellas perso­nas, me di cuenta de lo equivoca­do que estaba. Recordé la alegría de las enfermeras y la de aquellos ancianos y sentí lástima por aque­llos amigos que no pudieron ex­perimentar la sensación de haber hecho felices a personas ajenas a nuestra vida cotidiana con tan so­lo una visita.

Jacobo Jiménez-Poyato, 2º Bachillerato D

 Me han pedido que escriba unas líneas sobre mi experiencia en el centro Laguna, una actividad de solidaridad organizada por el Colegio. La verdad es que me han puesto en un aprieto, pues no se me da muy bien escribir. Así que contaré mi propia experiencia.

Fui a Laguna por un impulso que tuve cuando lo propusieron. Dije que iba, así, de repente, y claro, cuando me di cuenta al día siguiente, ya tenía que ir sí o sí. Total, lle­gué al centro y fui recibido co­mo un héroe más que como un alumno. Pu­de ver la ale­gría de aquellas personas al ver­nos. Bueno, en aquel momento no me di cuen­ta, yo iba a lo que iba, dar conversación a alguna persona de por allí.

Me tocó ha­blar con Anto­nio, un jubilado que había traba­jado en “General Electric” toda su vida. Me estuvo contando anécdo­tas de aquella época, y estuvimos comparando la vida del siglo pasa­do con la de hoy en día, lo cual fue muy constructivo. Cuando se tuvo que ir, nos despedimos y me dio las gracias. Yo no le di mucha importancia a eso, y cuando fui a hablar con el siguiente, me dijeron que ya era la hora y que nos íba­mos. Se me hizo raro pensar que había estado hablando más de una hora y media con una perso­na desconocida que me cuadrupli­caba la edad.

Ahora me doy cuenta del va­lor de esas “gracias” que me dio Antonio, o de ese recibimiento in­merecido que nos dieron cuando llegamos. Aquello, que para mí era una cosa simple, para ellos era un mundo.

Un pequeño cambio que hagas en tu rutina tendrá un gran signi­ficado para otros. Por eso os ani­mo a aprovechar esta oportunidad pues no se le alegra el día a al­guien tan fácilmente como a estas personas.

Jaime Machado, 2º Bachillerato D