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Cambiamos Rusia y Rusia nos cambió a nosotros (verano 2012)


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Este verano he tenido la oportunidad de participar en el campo de trabajo de S.Petersburgo, más concretamente en el barrio de Pushkin, rehabilitando una antigua iglesia católica devuelta recientemente a los cristianos, tras múltiples usos por parte del gobierno ruso. Al situarse en Rusia, un país medianamente civilizado, uno puede pensar que la situación no es tan extrema como en otras obras de este estilo. No obstante, una vez allí fuimos conscientes de la pobreza de la sociedad y la escasa presencia del cristianismo en la ciudad de los zares.

Con este campo de trabajo, no sólo rehabilitamos una iglesia, sino que impulsamos la Iglesia rusa, labor necesaria en estos tiempos en los que Rusia se abre de nuevo a Occidente, y ofrece un gran país por catequizar. Como cristianos que somos, nos llenó de alegría poder presenciar la conversión de dos nuevos fieles en una ceremonia celebrada en la parroquia, testimonio del crecimiento de esta Iglesia.

Aparte de la labor cristiana, esta experiencia me ha sido muy útil para apreciar cómo, pese a la degeneración presente en nuestra sociedad, vivimos en un mundo distinto, mucho más rico que el ruso, en el cual es difícil arrancar una sonrisa a un adulto (algo que nos impactó mucho: las personas parecen estar enfadadas de la mañana a la noche), y el alcohol parece ser la solución a la mayoría de problemas. Recuerdo con agrado la convivencia entre nosotros, en la que cada uno apoyaba al compañero en su labor, y el reparto de las tareas comunes de limpieza y orden no suponía problema alguno.

Los feligreses de la Iglesia, por su parte, nos hicieron sentir como en casa desde el primer momento: para nosotros, todo eran sonrisas, buenas caras, y ayuda cuando se necesitaba De este campo de trabajo me llevo varias cosas. En primer lugar, creo que a todos los que hemos tenido esta oportunidad nos ha ayudado a apreciar en mayor manera todas las facilidades que tenemos la suerte de poseer a diario: estudios, materiales, libertad, etc. Por lo que creo que todos hemos vuelto “un poco” cambiados en ese sentido.

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También me voy satisfecho por la ayuda donada a los pocos, pero buenos cristianos, que se esfuerzan día a día por mejorar la sociedad en la que viven, una sociedad individualista, egocéntrica y destruida, resultado de años de gobierno comunista. La satisfacción del trabajo bien hecho es, sin duda, una sensación que todos pudimos sentir mientras volvíamos rumbo a Madrid, con virtudes renovadas como humildad, desprendimiento, generosidad, responsabilidad… y alegría. En conclusión, creo que esta actividad ha tenido múltiples resultados, mucho mayores de los que esperaba cuando embarcaba rumbo a Rusia. Entre nosotros mismos nos hemos conocido mejor gracias a esta actividad. Hemos podido salir de la burbuja en que vivimos para mirar durante un mes la vida en lugares más desfavorecidos. Hemos sido testigos y partícipes de un proceso de evangelización que, poco a poco, va cosechando sus frutos. Hemos sido conscientes del valor del trabajo bien hecho y de los beneficios de la cooperación. Hemos vivido la solidaridad.

José Mª Argüello Mur, 1º Bachillerato

La mejor experiencia de nuestra vida

Hace ya tres meses que abandonamos San Petersburgo y sin embargo su recuerdo sigue vivísimo en nuestra memoria, no pasa un solo día sin que oigamos un: “¿os acordáis de lo que pasó en Rusia?, ¡esto es lo mismo que ocurrió en el piso!, cómo sabéis los de San Petes…” Y es que, sin lugar a dudas, ha sido la mejor experiencia de nuestra vida.

La llegada a San Petersburgo estuvo marcada por el entusiasmo general: una aventura nueva, un país exótico… Todo apuntaba a que iba a ser un gran viaje (más tarde nos dimos cuenta de que lo que íbamos a hacer era algo mucho más grande que un simple viaje). Y de este modo comenzamos a trabajar: unos en los sótanos del templo derribando los muros que los soviéticos construyeron en la Segunda Guerra Mundial (la iglesia se transformó en búnker de comunicación en la guerra); otros en el piso lijando, arrancando tapias y pintando; y otros en el desván impermeabilizando el techo.

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Todos trabajamos con energía y orgullo adolescente, cada grupo intentando superar al otro, cada uno intentando golpear las paredes con más fuerza y rapidez que el otro… todo esto, eso sí, en un ambiente de camaradería impresionante, todos arrimamos el hombro. No había lugar para el individualismo en San Petes. Así avanzaron las obras en la Iglesia, con una rapidez inaudita.

Todas las semanas nos ganábamos un elogio diferente de D. Alberto Barrera, lo cual nos animó a seguir trabajando con ahínco. Aun así, todo hay que decirlo, los numerosos moratones, ampollas, dedos aplastados, muñecas hinchadas, etc. bajaron un poco el ritmo de algunos y los humos de muchos otros. Cumplimos eso sí, todos los objetivos que D. Alberto nos marcaba (él, a diferencia de nosotros, sabía que éramos humanos y no superhéroes).

El campo de trabajo no sólo sirvió para que la iglesia quedase totalmente transformada, sino para que también nosotros quedásemos transformados y creciésemos como personas: tanto intelectualmente (visitas al Hermitage, al Palacio de Verano, Peterhof,…), como espiritualmente (este último éxito le corresponde en gran medida a D. Juan Carlos, el sacerdote que viajó con nosotros hasta Rusia y que nos asistió a cada uno diariamente con una sonrisa de oreja a oreja).

El mes de julio de 2012 lo recordaremos el resto de nuestras vidas, será un mes que contaremos a nuestra esposa, a nuestros hijos y nietos. En ese mes cambiamos Rusia y Rusia nos cambió a nosotros.

Fernando Álvarez de Toledo, 1º Bachillerato

Una experiencia inolvidable

¿Cómo empezar a contar este viaje tan inolvidable que hemos hecho unos pocos afortunados de la Promoción? La verdad es que es difícil describir todos los momentos y emociones que hemos pasado juntos. Podría ponerme a relatar un sinfín de anécdotas ocurridas en ese tiempo vivido en San Petersburgo este verano, pero preferiría centrarme en el día a día en general.

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No voy a decir que ha sido un mes de descanso y de vagancia porque a lo que realmente se va ahí es a trabajar y puedo garantizar que hemos cumplido con creces ese objetivo, dado que no hemos parado ni un solo día. El trabajo consistía en levantarse pronto y ponerse manos a la obra nada más llegar a la cripta. Se hacía todo lo que se podía  ta la hora de comer, ya que en ese momento teníamos un tiempo de respiro para tomarnos los bocatas y descansar en las escaleras de la iglesia.

Pero no sólo ha sido un mes de trabajo. Hemos vivido experiencias únicas en este mes de julio, visitando increíbles lugares como Peter Hoff, o el centro de la ciudad de San Petersburgo y, cómo no acordarme del trayecto en barco del último día pasando junto al Hermitage y demás monumentos de la ciudad.

Por último quiero destacar los buenos ratos que hemos pasado juntos todos y la cantidad de lazos que ha formado este viaje. Momentos como las tardes en “san peters” en los que Johnny y su inseparable guitarra se hacía con un micro y unos altavoces de la calle y empezaba a cantar al tiempo que se rodeaba de todos nosotros dando saltos y bailando alrededor suyo, una experiencia que se repetía todas los días que visitábamos la ciudad y que dejaba atónitos a todos los rusos que se atrevían a acercarse.

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Podría seguir contando mis muchos recuerdos de este viaje que tanto éxito ha tenido pero nadie podría hacerse a la idea de lo bien que lo hemos pasado y lo mucho que hemos podido ayudar a la gente que lo necesitaba. Esto último es lo más grato que me puedo llevar de tan inolvidable experiencia.

Álvaro Ortiz-Echagüe, 1º Bachillerato

 

 

 

Una salida diferente

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La verdad, nunca lo había hecho: un jueves cualquiera de clase, con un poco de frío y pocas ganas de hacer cosas… Me tocaba el turno de visita de solidaridad, y allí fui con la chaqueta y otros tres compañeros. Iba un poco “a lo que tocara”. Con tal de no estar en clase… Y lo que vi al llegar me sorprendió. Fuimos al Centro de Día San Carlos, una especie de residencia para personas disminuidas físicas y enfermas. Yo pensaba que tocaría un poco lo de siempre: estar un rato allí, intentar hablar con ellos sentados en los típicos sillones de la sala de estar y poco más. Pero… ¡qué va! Nada más llegar, uno de los encargados nos entregó unos delantales y nos dijo que fuéramos a ayudar… ¡a la cocina! Y menos mal que no se trataba de preparar la comida, que si no… Nuestra tarea al principio fue ayudar a servir la comida en las bandejas e irla distribuyendo por las mesas, que nos llevó un buen rato. Y cuando ya pensábamos que habíamos terminado, llegó de nuevo uno de los encargados y nos dijo que ahora tocaba ayudar a los enfermos a comer. La verdad es que fue muy impactante: muchos no se podían valer por sí mismos, y había que meterles con cuidado la cuchara en la boca, cortarles la carne en trozos pequeños para que no se atragantaran, irles dando agua a sorbitos… Íbamos con el mayor cuidado posible, pero no pudimos evitar manchar un poco. Eso sí: las caras de agradecimiento lo decían todo, y nos animaban a seguir dándoles de comer con todo el cariño del mundo. Y otra cosa muy impresionante, ver a los encargados del centro de día: personas que hacían de servir a los demás su trabajo profesional, gente que día a día no tiene otra ocupación que estar pendiente de otros. Y lo mejor de todo es que eran tipos estupendos, bastante graciosos y con muy buen humor. ¡¡Da para pensar!! En fin, que lo que empezó siendo una visita más dentro de los planes de solidaridad del Colegio, terminó convirtiéndose en algo que me ha hecho pensar y valorar mucho más las cosas.

Ignacio Guitard Maldonado (4º ESO)

Deporte solidario, abril de 2011

DS5El domingo 10 de abril del 2011 se llevó a cabo la IV edición del torneo de Deporte Solidario. No hay mejor manera de llamarlo pues resultó, sin duda, un día lleno de diversión y alegría, aunque muchos tuvieran que sufrir alguna derrota. Por encima de todo estuvo presente el deseo de ayudar a los demás. Un año más, los alumnos de 5º y 6º de Primaria y 1º de ESO, destaparon su lado más solidario. Para ello se inscribieron en la competición y lucharon por conseguir su premio.

No sólo esos alumnos fueron solidarios; también había alumnos de 2º, 3º y 4º de ESO, y 1º de Bachillerato, desempeñando la función de “camareros” y árbitros. Pero para que todo esto se realizara sin imprevistos, también había profesores como don David, don Rafa, don Enrique, don Eugenio y el personal de mantenimiento.

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Había 415 alumnos de la sección III y 40 voluntarios de 4º de ESO y 1º de Bachillerato ayudando a que todo saliese como cabía esperar; también contamos con la presencia de muchísimos padres, que, como siempre, estaban apoyando a sus hijos en la competición deportiva.

Eran ya las 9’30, la temperatura era excelente y el Oratorio del Colegio estaba lleno. Comenzaba la Santa Misa, mientras profesores y alumnos ultimaban los preparativos. Luego una avalancha de personas se dirigió hacia el parking de la entrada delantera. Allí, cada equipo, miraba los horarios de sus partidos e iban a sus correspondientes campos para comenzar. Nosotros, los camareros, nos pusimos nuestros polos y comenzamos organizando el suministro de las bebidas. Al principio, todo parecía muy tranquilo, pero cuando pitaban el final de un partido, todos los chavales se dirigían a la barra para beber y para llevarse su correspondiente papeleta de la rifa. Las papeletas se vendían muy rápido.

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Todo marchaba a la perfección. Iban a comenzar las semifinales, pero para dar un descanso a los jugadores, don Eugenio se dispuso a comenzar la rifa. Empezaron a salir premios y la gente, muy ilusionada, seguía comprando papeletas. En torno a las dos menos cuarto ya se habían vendido todas las papeletas y todavía faltaba la segunda parte de la rifa. El día resultó un gran éxito; en la barra no dejamos de vender papeletas, —llegamos a vender mil trescientas papeletas—. Creo que, de los cuatro años que llevo detrás de la barra nunca hemos vendido tanto. En total recaudamos alrededor de cuatro mil euros, una suma nada despreciable en los tiempos que corren. Cabe destacar que la rifa no fue decepcionante; las empresas que colaboraron (Telefónica, Orange, etc.) fueron muy generosas, y muchos niños tuvieron la suerte de poder llevarse a casa premios como: televisiones de pantalla plana, modernas gafas spacevision, relojes de última generación, MP4, etc. Al terminar los más agraciados pudieron disfrutar de sus premios; los demás, se “conformaron“ con haber ayudado a los más pobres (que es lo realmente importante). Los ganadores de la competición recibieron sus copas, sus medallas y una bolsa con todo tipo de objetos para el deporte.

De verdad que nos gustaría dar las gracias a todos los que acudieron ese domingo y que hicieron posible que este Torneo Solidario saliese adelante. Es una alegría que haya tantos profesores y alumnos contribuyendo con su tiempo e ilusión en torneos y concursos para ayudar a los demás. Todo esto, no se podría haber realizado sin la inestimable ayuda de empresas como Movistar, Orange, Mercedes-Benz, Real Madrid C. F., Décimas, i-Joy, y muchas otras que han participado.

Eduardo Rodrigo y Fernando Álvarez de Toledo (4º E.S.O.)

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El día 10 de abril de 2011 fue inolvidable. Los alumnos de la Sección Tercera nos reunimos en el Colegio con motivo del Deporte Solidario. El precio de la inscripción valía la pena. No solo pudimos disfrutar de un apasionante torneo de fútbol y baloncesto, sino que además colaborábamos con nuestros proyectos solidarios de Jerusalén, Sudáfrica y Costa de Marfil.

Una cosa quedó clara: ser solidario no es aburrido. Muchas familias nos acompañaron aquella mañana. Para aquellos que no tenían partidos que disputar, o en los que animar, había un gran puesto de bebidas dónde refrescarse y conseguir papeletas para la gran rifa: camisetas, toallas, gorras, mochilas… ¡y hasta una tele! Los nervios crecían cuando se acercaban los premios grandes.

Y para hacer más agradable y divertida la espera estaba el “Chilenódromo” en el que algunos probaban suerte para parecerse a sus ídolos en los remates más complicados e inimaginables. Deporte, solidaridad, familia, buen tiempo… No se nos ocurre una mejor forma de pasar un día de fiesta.

Ignacio González Zatarain y Miguel Junguito Bravo (5º Primaria)

 

 

Campaña de Navidad 2010

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Querida familia: Como otros años, al acercarse las fiestas de Navidad, nos dirigimos a ustedes para explicarles la Campaña Solidaria Navideña que impulsaremos desde el Colegio, y animarles a participar con toda su ilusión y generosidad.

Continuaremos apoyando la tarea que se realiza, desde la parroquia madrileña de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), calle Senda del Infante 22, Madrid, con personas desfavorecidas (inmigrantes, familias que viven en chabolas, programa Red Madre para madres solteras, etc.), que no disponen de los medios para poder tener algún “extra” en Navidad.

Este año, también apoyaremos el Centro para Ancianos Pobres, que las Hermanitas de los Pobres, mantienen en Los Molinos (Virgen del Espino, 1. 28460-Los Molinos). Desde el Colegio, con la colaboración de todos, les queremos llevar nuestro aliento y cariño, y algunos medios materiales para que también ellos celebren el Nacimiento de Jesús.

La Campaña consiste en entregar a estos dos centros, para que lo distribuyan entre esas personas necesitadas, alimentos no perecederos (para los ancianos enfermos vendría bien: aceite de girasol, leche, café, infusiones, sopas preparadas, conservas, galletas y papel higiénico), dulces navideños y mantas. Les agradeceríamos que, entre los días 9 y 16 de diciembre, cada alumno traiga al Colegio lo que en la familia se haya decidido aportar. Como siempre, les sugerimos que esa aportación sea fruto, al menos en parte, de privarse de algo para darlo a los demás. Les damos las gracias, en nombre de esas personas, por su generosidad que el Niño Dios pagará con creces.