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Más que educativa para los hijos y gratificante para todos

DYA

Cuando en ma­yo de 2013 nos dijeron en la Fundación Desarrollo y Asisten­cia que nos iban a agradecer “nuestra ge­nerosa dedicación”, al llevar cinco años como volunta­rios, nuestro pensamiento fue que en realidad los que estábamos enormemente agra­decidos éramos no­sotros.

Muy agradecidos a la Fundación DyA por darnos la oportu­nidad de realizar una labor de voluntaria­do junto a nuestros hijos, más que educativa para ellos y gratificante para todos.

Y agradecidísimos a Gisela, a Laura, a Sergio, a John, a Miguel Ángel, y a todos los demás niños con los que compartimos unas po­cas horas las mañanas de algunos sábados.

Todos ellos son niños especiales con alguna discapacidad y vienen de familias con muy pocos recur­sos. ¡Pero la de cosas que nos han enseñado tanto a nuestros hijos co­mo a nosotros! Y los grandes ratos y enriquecedoras experiencias que hemos pasado con ellos.

Y dignas de admirar sus fami­lias, que con tanta dedicación y entrega cuidan de estos niños, en medio de tantas dificultades. Siem­pre nos maravilla lo sonrientes y cariñosos que son cuando llega­mos a su casa a recoger al niño o cuando lo devolvemos.

Familia Díaz de Rábago Pemán

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Desayuno solidario febrero 2013

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Es el 10 de febrero de 2013. A la hora que se lleva a cabo la actividad, hace bastan­te frío en la ciudad. Por eso im­presiona que las personas con las que pasaremos la mañana, se encuentren durmiendo a la in­temperie entre cartones. Cuando comienza la actividad empeza­mos un poco cortados, pues mu­chos de nosotros nunca habíamos hecho algo de estas dimensones. Digamos que nos da un poco de pereza. Pero cuando entras en materia, todo cambia, la visión y respuesta de los mendigos te ha­ce recapacitar. Lo primero es distribuirnos los alimentos y el recorrido que rea­lizaremos. Esta actividad nos ense­ña a convivir de alguna manera con esas personas y a servir con nuestra ayuda. Cuando hablas con ellos, la opinión te cambia completamen­te. Entras en detalle de su situación y se sienten escuchados. Te cuentan todo tipo de cosas, pero todas ellas acaban de la forma más trágica: ver pasar su vida durmiendo en la calle.

Cuando acabamos el reparto de los desayunos, nos reunimos todos los voluntarios para compartir la ex­periencia con los otros chicos que la realizan. Todos coincidimos en lo mismo: esta experiencia hay que re­petirla. Ayudar a las personas que vemos a diario en la calle es algo más que una actividad para pasar el sábado.

Rafael González de Canales, 6º de Primaria

Los desayunos solidarios organi­zados por el Colegio me han parecido una actividad muy in­teresante. Acompañados por al­gún padre, íbamos por las calles de Madrid ofreciendo desayuno a indigentes. La mayoría de las personas se encontraban en por­tales, iglesias o cajeros, en cual­quier sitio donde pudiesen estar resguardados del frío. Además, aprovechábamos ese momen­to para entablar conversación con ellos y hacerles pasar un rato agradable.

Ha sido una experiencia muy buena porque hemos ayudado a mucha gente de la calle a olvidar sus preocupaciones. Me ha servi­do muchísimo para darme cuen­ta de que, en el fondo, soy un privilegiado porque tengo de to­do y me sobran muchas cosas.

Jaime Sáez de Tejada, 1º de ESO

El domingo 10 de febrero llega­mos al Club Neveros a las diez de la mañana y nos pusieron un video de introducción sobre có­mo tratar con aquellas personas que necesitan ayuda. Nos dieron las direcciones dónde podíamos encontrarnos con los pobres. La mayoría de ellos eran inmigrantes provenientes de Rumanía, Estam­bul, Arabia, etc. El primero fue un rumano, al que dimos café, galle­tas y otros alimentos. El hombre tenía cuatro hijos en su país. Nos contó que enviaba el dinero que tenía a sus hijos y su mujer. El se­gundo hombre era búlgaro, y en cambio tenía tres hijos y no sabía español. El pobre nos contó que tenía mucho frío y que las noches las pasaba mal debido al viento y la lluvia. Y así, con tres, cuatro, cinco…

Como conclusión para remarcar con esta actividad, todos pensába­mos que en sus países tienen una situación cómoda y viven bien, pe­ro nos equivocamos. Allí la gente se muere de hambre, por eso, les sienta bien una pequeña compa­ñía y una conversación de 15 mi­nutos de charla acompañado por un café caliente.

En mi opinión, creo que ese ra­to de Desayu­no Solidario con gente ne­cesitada es un momento es­tupendo. Al no tener nada es­tán más alegres cuando se ofre­ce compañía e interés por ellos. Lo recomiendo vi­vamente. Gracias.

Jorge Ruiz-Tagle, 6º de Primaria

Aunque la finalidad sea la mis­ma, cambia bastante que seamos los chicos de doce años los que nos acercamos a ofrecer el de­sayuno caliente a los mendigos de la calle, y no sean ellos los que se acercan a los comedores sociales a recibirlo. Este tipo de voluntariado no sólo aporta beneficios al pobre que pasa frio en la calle, más bien somos los voluntarios que nos he­mos acercado, los primeros be­neficiados de esta activi­dad.

La sen­sación con la que re­gresas a casa después de hacer compañía a pie de calle (que en realidad es el ho­gar de estas personas), es impresionante. Sabes que has ayudado a mucha gente sin ha­cer esfuerzo, y que merece la pe­na ocupar una simple mañana en algo tan sencillo como dar calor a los inmigrantes que duermen y pa­san frio tirados entre cartones

Rafa Torre de Silva, 6º de Primaria


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Marwa

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Afrontar un fin de semana en una casa con cinco niños pequeños, de entre ocho y dos años, es toda una experiencia: no hay un plan que guste a unos y no desagrade a otros, que irrite a estos y entusiasme a aquellos. La diferencia de edad hace que no puedan compartir todavía muchos planes; vamos, que hay que calentarse mucho la cabeza para organizar algo y no acabar “tarifando” entre todos.

Si además de cinco críos, uno tiene una mujer con inquietudes, que se apunta a todo aquello que signifique mirar un poco por los demás (que al final es mirar un mucho por los suyos), y que parece que se aburre en casa y en el trabajo —cuando en realidad no para ni en uno ni en otro—, pues…, va y te apunta a un tema de voluntariado. Y la respuesta del cabeza de familia es inmediata: “Estás loca, con los cinco, no cabemos en el coche., es la mañana entera…, adónde vamos a ir…”

Pero como “el de arriba” ha hecho las cosas sensatamente: a unos para mandar, y a otros para obedecer, pues allá que va la familia a una experiencia que comenzó con una charla en el Colegio a la que me llevó mi mujer (en fin de semana, claro) , y que uno pensaba que no iba con él… Entonces, aparece un día Marwa, una delicia de cría que no anda, ni habla, que le cuesta coger las cosas, pero que mira profundamente, como desde otro lugar, y tiene dibujada, permanentemente, una sonrisa que hipnotiza.

Y en la furgoneta de cinco fieras se hace un silencio respetuoso con su llegada, se cruzan miradas y con la insolencia propia de la niñez, comienza la batería de preguntas. Luego, casi sin solución de continuidad, viene el querer empujar su silla de ruedas, el cogerle la mano y preguntarle cosas a ella directamente. Más tarde de nuevo el silencio al ver a otros niños como Marwa que se concentran con otras familias como la nuestra. Y con la naturalidad pasmosa con que los niños, sin palabras, se entienden entre sí, todo vuelve a la normalidad.

Es sólo una vez al trimestre, pero los pequeños, como los mayores, se han quedado esta mañana con esa sonrisa en el corazón. Y preguntan, y comprenden mejor que nosotros, y se olvidan de los coches, la tele y demás, por perseguir una pelota con una niña en silla de ruedas o cantar villancicos todos juntos. Los críos, sobre todo aceptan. Aceptan que compartir tiempo con otros niños especiales, tocados por Dios, es una cosa normal, tan normal como Marwa.

Familia de Toro Milán


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Familias solidarias

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Os vamos a contar nuestra experiencia como voluntarios de la ONG Desarrollo y Asistencia. Durante dos sábados al trimestre toda la familia nos encargamos de recoger a un niño que puede tener diferentes problemas, y lo llevamos a realizar una actividad, normalmente programada por la ONG.

Allí, nos encontramos con la familia coordinadora y otras familias que también han recogido a un niño discapacitado. Las actividades que realizamos son de todo tipo: jugar al fútbol, visitar distintos museos, juegos, actividades con animadores… Lo que tratamos de hacer es por un lado, liberar unas horas a los padres para que tengan algo de tiempo para ellos pues (sus hijos discapacitados requieren normalmente una atención continua de todo el día), y por el otro llevar a estos chicos que no tienen tanta suerte como nosotros, a realizar actividades divertidas.

El sábado pasado fuimos al Museo del Aire, que está muy bien, tiene muchos aviones y helicópteros, desde los primeros inventos hasta los últimos reactores. A la una y media dejamos a José en su casa, encantado con su póster de aviones y el libro sobre el museo.

Además, gracias a este voluntariado, estamos realizando juntos diferentes actividades culturales, deportivas, etc., que refuerzan nuestros propios lazos de familia.

Carlos Martín (3º ESO A) y Álvaro Martín (1º ESO F)

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