Los que no dejan resquicio a un corazón templado

Por Felipe Heredero y Pablo Ruiz-Tagle (3ºESO)

El día que me dijeron en clase que me tocaba ir a la residencia para personas dependientes “San Carlos”, residencia donde viven personas invidentes y con un poco de retraso mental, me produjo un leve temor, a la vez que cierta curiosidad por la oportunidad que se nos brindaba de ser caritativos con estas personas.

Antes de llegar, en la furgoneta, mi única preocupación era salir de allí cuanto antes, pero nada más llegar y bajarme, pensé: ¿y si hubiese sido uno de mis hermanos al que le hubiese pasado esto? Así que entré con decisión y me dispuse a tratar a estas personas como si fueran muy cercanas a mí. A algunos compañeros, el primer contacto, les supuso incluso más impresión si cabe. He oído que hay quien llega incluso a bloquearse.

Tengo que reconocer, que al principio, las canciones y las actividades, no nos salieron con naturalidad, pero esta gente no deja resquicio a un corazón templado y comprobé que eran muy agradecidos por el más mínimo detalle que les ofreciésemos. Entonces es cuando esa duda inicial se pierde y da paso a un sentimiento de humanidad que te permite vislumbrar lo dura que puede llegar a ser la vida de cada una de estas personas.

Según fue transcurriendo la mañana me sentía más a gusto en aquel lugar, además el rostro de estas personas siempre dibujaba una sonrisa agradecida que nos reconfortaba. Nunca pensé que jugar al dominó, tocar el xilófono y cantar canciones como la de don Pepito fuera tan divertido. Todo tomaba un nuevo sentido, dejé de pensar en las clases que iba a perder, para vivir el momento con ellos.

Entonces, me sentí afortunado, pero sobre todo, lo que más me gustó fue pensar en el bien que había hecho con un simple gesto que por insignificante que fuese me llenaba de alegría y de ganas por ser mejor persona. No me hubiese importado quedarme todo el día con aquellas gentes tan maravillosas y especiales, pero por desgracia después había clase de Lengua y había que regresar…

El día que empezó siendo un viernes cualquiera, acabó como uno de los más especiales de mi vida, un día que nunca olvidaré…

Es increíble como esta experiencia te cambia por dentro y por fuera. Todas esas pequeñeces que tan injustas te parecían, todas tus penas y sufrimientos, por muy gran-
des que sean, se desvanecen al pensar en estas personas, que sufren el triple en su día a día. Ahora mismo, reflexionando sobre esta asombrosa experiencia, me doy cuenta de cómo nos cambian estas personas a las que deberíamos tener como ejemplo.

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